La Inquisición y los libros prohibidos: de cómo el “Índice expurgatorio” de 1790 llegó desde Extremadura a El Museo Canario

La documentación generada por el distrito canario del Santo Oficio se conserva desde principios del siglo XX en el Archivo de la Sociedad Científica El Museo Canario. A través de los miles de documentos que integran este destacado fondo documental puede ser rastreado el vigilante control ejercido por la institución inquisitorial sobre todos los órdenes de la vida de la población insular. Así, la constante batalla contra la herejía llevada a cabo por los inquisidores quedó reflejada en multitud de expedientes y procesos, convirtiéndose éstos en una fuente de primer orden para el mejor conocimiento del funcionamiento del tribunal insular.

A lo largo de sus más de tres siglos de actuación en el archipiélago, la Inquisición ejerció su vigilancia con rigor. Nada quedaba al margen de su atenta mirada. Ni siquiera los libros. Los impresos, manuscritos, panfletos, etc., fueron objeto de especial atención, ya que entre sus páginas podían contenerse ideas contrarias a la doctrina cristiana. Una de las herramientas más eficaces con que contaron los inquisidores para garantizar el control de la lectura no fue otro que la publicación periódica de edictos mediante los que se vetaban aquellas obras que, por su contenido o en razón de su autoría, eran consideradas perniciosas y contrarias al orden establecido. En el archivo del distrito canario podemos hallar edictos de este tipo, buen número de ellos generados durante el siglo XVIII.

Pero, además de esos edictos, también se editaban extensos catálogos de obras prohibidas –los denominados “Índices expurgatorios”– que vinculaban a toda la jurisdicción inquisitorial hispana. La primera relación de este tipo fue publicada en el siglo XVI, siendo reeditada en numerosas ocasiones durante los siglos XVII y XVIII, incorporándose en cada una de esas versiones las nuevas censuras. Siguiendo las normas establecidas por el Consejo del Santo Oficio, en los archivos de cada uno de los distritos inquisitoriales debía existir un ejemplar actualizado del “Expurgatorio”, puesto que constituía una herramienta fundamental para la actividad desarrollada por los calificadores y censores en el ámbito del control de la lectura. En este sentido, tenemos constancia de cómo en 1747 los inquisidores canarios recibieron la orden de adquirir la nueva edición del “Índice”, así como el mandamiento de comunicar a los libreros locales el carácter obligatorio que tenía mantener un ejemplar en sus establecimientos para que todos los lectores supieran cuáles eran las obras proscritas (ES 35001 AMC/GCh 1819, Libro 7 de cartas al Consejo, 30 de marzo de 1748).

Desafortunadamente no contamos con expurgatorio alguno formando parte del archivo inquisitorial canario, si bien, en su momento, debió conservarse en él al menos un ejemplar de cada edición. Sin embargo, sí contamos en El Museo Canario, formando parte de su Biblioteca general, del publicado en 1790:

Indice ultimo de los libros prohibidos y mandados expurgar para todos los reynos y señorios del católico rey de las Españas el señor don Carlos IV : contiene en resumen todos los libros puestos en el Indice Expurgatorio del año 1747, y en los edictos posteriores, asta [sic] fin de Diciembre de 1789 / formado y arreglado … por mandato del Excmo. Sr. D. Agustin Rubin de Cevallos, Inquisidor General, y señores del Supremo Consejo de la Santa General Inquisicion ; impreso de su orden, con arreglo al exemplar visto y aprobado por dicho Supremo Consejo.- En Madrid : en la Imprenta de Don Antonio de Sancha, 1790
[4], XL, 305 p.; 4º (26 cm)

Ex libris. Luis Bardón.

El libro, cuyo precio ascendió a 300 pesetas a tenor de los datos contables que obran en el Archivo general de El Museo Canario, fue adquirido por la Sociedad Científica en enero de 1965 a Luis Bardón López. Este librero madrileño, cuyo ex libris impreso figura adherido en el verso de la cubierta de la propia obra, era uno de los proveedores habituales de la institución grancanaria, habiéndosele adquirido otros interesantes impresos de fondo antiguo con anterioridad.

Pero no es este el signo de propiedad que más nos interesa en este momento, sino el que figura manuscrito y en latín en la anteportada del libro. Es a partir de la información contenida en este segundo ex libris a través de la que podemos conocer el nombre del que fuera, con toda probabilidad, el primer propietario del ejemplar:

“Ex libris Petri Francisci Domenech et Amaia / Regis familiae cathol. Maiestatis Medici; Socii Re-/ giarum Academiarum Matriti et Barcinnonae Me-/ dicinae Practicae; Comissarii Regalis, et etiam vene-/ randi Tribunalis Sanctae Inquisitionis Oppidi Lle-/ nerensis; atque demum, Medici titularis Castri /Amigdalensis, vulgo del Almendral”

A tenor del texto precedente sabemos que el “Expurgatorio” que hoy conservamos en El Museo Canario fue comprado en Madrid en el siglo XVIII por Pedro Francisco Domènech y Amaya (1758-1838). Este médico extremeño ejerció su profesión, tal como él mismo nos indica, en Almendral (Badajoz, Extremadura) y era miembro de las Reales Academias de Medicina de Madrid y Barcelona. Asimismo, y he aquí su estrecha relación con este libro, fue, siguiendo el texto latino, comisario de la Inquisición de Llerena (Badajoz, Extremadura). En este sentido, hay que recordar, siguiendo a López Gómez en su estudio sobre el galeno, que, además, en 1793 Domènech fue designado “…comisario real para la revisión de papeles, libros y obras impresas francesas…”. Esta circunstancia, sumada a su ya citada filiación inquisitorial, justifican, sin duda, que el médico extremeño contara en su biblioteca con una obra de referencia como la que nos ocupa.

“Índice último de los libros…” (1790), p. 193

El “Índice”, bien conservado y encuadernado en pergamino, consta de 305 páginas en las que, a dos columnas, son descritas las obras censuradas. Entre éstas, además de otras muchas, se cuenta una “Novena a la milagrosa y dovota Imagen de N. Sra. del Pino” escrita por Álvarez de Silva y editada en 1755 en Santa Cruz de Tenerife. De la censura de este texto religioso se ha ocupado José Miguel Alzola González en un artículo publicado en la revista Almogaren (Nº 7, 1991), al que remitimos a todos los interesados en conocer los pormenores de esta prohibición.

A estas trescientas hojas, que dan forma al verdadero cuerpo del libro, hay que sumar otras 40 en las que, a modo de introducción y, en esta ocasión, a línea tirada, son presentadas las reglas, advertencias y mandatos generales que rigen el “Expurgatorio”.

Esta obra, que representa una de las esferas de control ejercido por el santo tribunal, debió de ser muy consultado por su propietario desde finales del siglo XVIII hasta la definitiva abolición de la Inquisición en 1834. Nada hacía pensar que, con el paso del tiempo, más de un siglo después, pasara a formar parte de una colección conservada en Canarias. De Madrid, lugar de la adquisición primera, pasó a Badajoz. Desde allí regresaría a Madrid para, finalmente, terminar en Las Palmas de Gran Canaria. Un ex libris manuscrito, otro impreso y unos datos contables han servido para reconstruir la trayectoria seguida por este ejemplar que, además viene a completar el vacío existente en el archivo inquisitorial canario respecto a este tipo de volúmenes.


Si quieres conocer más datos acerca del primer propietario de este “Índice expurgatorio” y sobre los prohibidos por el Santo Oficio:

López Gómez, José Manuel: “Nuevos datos para la biografía del médico Pedro Francisco Domenech y Amaya (1758- 1838)“. Gimbernat: Revista d´història de la medicina i ciències de la salud, vol. 61 (2014), pp. 85-94

Riera Climent, Cristina y Riera Palmero, Juan: “Los comienzos de la medicina ilustrada en Extremadura: Francisco Sanz de dios y Guadalupe“. Revista de estudios extremeños, vol. LXXIII, nº III (2017), pp. 3119-3152

Selección bibliográfica sobre libros prohibidos por el Santo Oficio (dialnet.unirioja.es)


Acerca de Fernando Betancor Pérez

Archivero (El Museo Canario), Licenciado en Documentación (UC3M), Especialista Universitario en Archivística (UNED), Licenciado en Geografía e Historia (ULL) Publicaciones
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Una respuesta a La Inquisición y los libros prohibidos: de cómo el “Índice expurgatorio” de 1790 llegó desde Extremadura a El Museo Canario

  1. Esteban dijo:

    Es muy de agradecer la divulgación sobre hechos y noticias relaciondas con los fondos históricos que se conservan en El Museo Canario. ¡Enhorabuena por el blog!

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