Cosiendo papeles: la encuadernación de los libros inquisitoriales

Archivo de la Inquisición. Libro 40 de penitenciados. Siglo XVII.
ES 35001 AMC/INQ-156.001

A pesar de que en la actualidad la mayor parte de los documentos y procesos que conforman el Archivo de la Inquisición de Canarias se conservan sueltos, de una manera individualizada, lo cierto es que en su origen eran custodiados en la cámara del secreto inquisitorial en forma de libros, volúmenes que en ocasiones llegaban a estar integrados por más de un millar de folios.

La encuadernación de los procesos, las cartas, las testificaciones, las visitas de navíos, y, en general, de la mayoría de los documentos que daban forma a cualquier serie documental generada por el Santo Oficio en el desarrollo de sus funciones, fue el mejor procedimiento que concibieron los responsables de la institución para que todos los papeles se hallaran organizados y, por lo tanto, también controlados. No hay que olvidar que el buen funcionamiento de cualquier organismo depende, en gran medida, de lo organizado y ordenado que se encuentre su archivo. Sobre este particular no tenían duda alguna los inquisidores hispanos. Así, en un depósito en el que se reunían varios miles de documentos –y en una época en la que no se contaba con los sofisticados y rápidos sistemas de búsqueda de que disponemos en la actualidad–, confeccionar libros diferentes para cada una de las series, y dotarlos de su correspondiente índice, suponía la mejor solución para localizar fácilmente cada uno de los documentos.

Pero encuadernar los documentos era también una obligación. De este modo, en las instrucciones dictadas en 1570 por el inquisidor general Diego de Espinosa (1513-1572), referidas de manera específica a la composición del archivo secreto del tribunal, se establecían los diferentes tipos de libros que debían confeccionarse (libros de registro, libros de testificaciones, libros de votos, libros de cartas, libros de procesos, etc.). Además, en la instrucción 17 se hacía responsable al fiscal de “…tener bien puestos, cosidos y encuadernados todos los papeles y libros del secreto…”. Sin embargo, y teniendo en cuenta la estrecha relación que mantenía el secretario del secreto con todos los asuntos relacionados con el archivo, suponemos que también estos ministros  tendrían competencia directa en el cumplimiento de las tareas vinculadas con el mantenimiento de su adecuada organización. No hay que olvidar que, si bien la encuadernación en sí misma era una tarea manual que precisaba, no obstante, una evidente pericia técnica, requería una previa clasificación y ordenación documental, trabajos que serían llevados a cabo por el secretario y sus ayudantes. Por otro lado, teniendo en cuenta que todos los documentos inquisitoriales eran secretos –de ahí la denominación del archivo como “cámara del secreto”– y su contenido no podía ser revelado bajo ningún concepto, la actividad encuadernadora debía ser llevada a cabo por personal de confianza del tribunal y siempre en el interior de la secreta cámara del archivo.

Archivo de la Inquisición. Libros de cartas. Siglo XVIII.
ES 35001 AMC/GCh-1821/1823

Contamos en el archivo de la Inquisición con unidades documentales en forma de libro que han mantenido su estructura original. En algunos casos conservan la encuadernación completa y en otras ocasiones han perdido sus cubiertas aunque manteniendo sus costuras y composición originales. Entre el primer grupo –aquellos ejemplares que han permanecido íntegros– sobresalen dos libros de cartas generados en el siglo XVIII. Las misivas fueron ordenadas cronológicamente, cosiéndose entre sí a continuación. Posteriormente se incorporaban las tapas, que eran unidas al cuerpo del libro mediante cabezadas estructurales. Estas cubiertas eran de pergamino pero consolidadas en su interior con cartón, método habitualmente empleado en esta época para otorgar mayor rigidez al libro resultante.

Entre los tomos que han perdido sus cubiertas –lo que nos permite conocer mejor las técnicas y procedimientos de cosido y encuadernación al quedar visible el lomo del libro– conservamos en la actualidad varios ejemplares resultantes a raíz de la acumulación de causas de fe. Estas unidades documentales procesales eran generadas tomando como punto de referencia la sentencia dictada por los inquisidores. Surgían así los libros de penitenciados, de reconciliados, de relajados o quemados, de absueltos y de suspensos. Uno de los ejemplos más llamativos de este tipo lo constituye el fragmento del libro 40 de penitenciados con el que ilustramos esta entrada  (ES 35001 AMC/INQ-156.001).

Archivo de la Inquisición. Libro 40 de penitenciados. Siglo XVII. Cuadernos cosidos.
ES 35001 AMC/INQ-156.001

Fue generado en el siglo XVII e incluye cuatro procesos conocidos contra otras tantas mujeres acusadas de hechicería. Los 833 folios que lo integran están distribuidos en cuatro cuadernos, correspondiendo éstos a cada uno de los cuatro procesos que lo componen. Estos cuadernos son el resultado de la acumulación de otros pequeños cuadernillos que eran cosidos entre sí, tal como evidencian los hilillos que figuran en el lomo. Posteriormente, estas cuatro piezas fueron unidas unas a otras mediante tres nervios, perceptibles en el lomo, cosidos con costuras de espiga. Con la finalidad de reforzar y conceder mayor estabilidad al cuerpo del libro, fueron incorporadas, además, tiras de cuero planas sin dar forma a nervaciones, cosidas en los extremos del lomo.

Archivo de la Inquisición. Libro 40 de penitenciados. Siglo XVII.
Lomo con nervios y costuras en espiga.
ES 35001 AMC/INQ-156.001

La encuadernación de los documentos siguiendo estas pautas debió de ser una solución adoptada de manera habitual en el contexto inquisitorial. A través de estos libros, que conservamos en El Museo Canario prácticamente como debían de estar en su origen, la documentación generada por el Santo Oficio adquiere un valor añadido, proporcionándonos otro tipo de información a la que estamos acostumbrados. Más allá de la información textual que contiene, el  libro como objeto en sí mismo nos ofrece datos relativos a una manera de organizar físicamente los documentos, revelándose también como una fuente para el mejor conocimiento de unos métodos de trabajo y una profesión –la de encuadernador– que están muy poco estudiados en nuestro archipiélago.


Acerca de Archivo de El Museo Canario

El Museo Canario (Las Palmas de Gran Canaria, Canarias, España) C/ Dr. Verneau, 2 (35001, Las Palmas de Gran Canaria)
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