SALA 2 – LIBROS EXPURGADOS

Expurgar no era otra cosa que suprimir en los libros todo aquello –capítulos, párrafos, líneas o palabras– que se considerara erróneo. Así, los censores y calificadores tenían como cometido localizar las proposiciones erróneas o las sentencias contrarias a las sagradas escrituras, así como cualquier aspecto que atentara contra el orden establecido.

En la práctica, el expurgo quedaba patente a través de tachones, efectuados con tinta o con papel adherido sobre la página del libro, o bien por medio de mutilaciones, arrancándose las páginas que contuvieran textos reprobados.


Expurgo de la obra De constantia, escrita por Justus Lipsius. El ejemplar conservado en El Museo Canario, publicado en 1615, presenta páginas tachadas.

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La obra titulada Historia de Carlos XII, rey de Suecia, escrita por Voltaire, presenta una mutilación que afecta a las páginas 141 y 142.

Asimismo, también fue objeto de expurgo aplicando tinta sobre los textos que se consideraban proscritos.

La edición conservada en El Museo Canario data de 1771.

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