Los traductores-intérpretes inquisitoriales a debate: nuevas publicaciones sobre la Inquisición de Canarias

El Santo Oficio de la Inquisición es una institución que ha generado a lo largo del tiempo una gran cantidad de literatura, no sólo producida desde la óptica de las ciencias históricas sino también recreada a través de la imaginación de los autores de ficción. De este modo, los procesos y los procesados, las actuaciones judiciales o la represión y el control que ejerció durante sus casi tres siglos de existencia el Consejo inquisitorial ha llenado las páginas de numerosas obras, proporcionando una gran cantidad de datos e información que contribuyen al mejor conocimiento de un interesante  segmento de nuestra historia.

Las fuentes primarias de las que se han servido los historiadores para realizar estos estudios no son otras que los documentos generados por la propia institución, que son accesibles en la actualidad al estar conservados en diferentes archivos. Entre éstos depósitos documentales destacamos hoy el de El Museo Canario porque los expedientes producidos por el distrito inquisitorial de Canarias, que integran el Fondo Inquisición de Canarias conservado en el archivo de la citada institución museística, han sido el origen  de recientes publicaciones a través de las que se nos informa sobre el papel que los traductores e intérpretes desempeñaron en pro del buen funcionamiento de la justicia del Santo Oficio, ofreciendo una valiosa información sobre un aspecto muy poco estudiado en relación con el contexto inquisitorial.

ES 35001 AMC/INQ 004.001 f. 2r

Fragmento de la reducción de Guillermo Diego (1732). Joan Campo Blanco, irlandés, de 23 años, es nombrado intérprete por “…no hablar [Guillermo Diego] claramente la lengua castellana…” (ES35001 AMC/INQ 004.001, f.2r)

En este sentido, el investigador y profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Marcos Sarmiento Pérez, es el autor de tres interesantes artículos en los que se aborda  el estudio de la actividad ejercida por los traductores o “lenguas” en el transcurso de los diferentes procedimientos iniciados por el Tribunal del Santo Oficio (procesos, visitas de navíos, testificaciones, reducciones, etc.). Pero al mismo tiempo,  se profundiza a través de la actividad de los intérpretes en el funcionamiento de la Inquisición, revelándose la traducción y la interpretación como una faceta destacada y necesaria en el acto de comunicación en un espacio que, como el insular canario, por su estratégica ubicación, se encuentra a caballo entre Europa, América y África y, por lo tanto, era visitado por población foránea -y hablante de diversos idiomas- de manera habitual.

Compartimos estos tres artículos no solo con el objetivo de dar a conocer nuevos trabajos de nuestros invetigadores, sino porque a través de estos textos se ofrece una nueva posibilidad de estudio sobre los documentos generados por la Inquisición, demostrándose una vez más el gran valor que presenta esta documentación para el mejor conocimiento de la realidad histórica en que fueron generados.

Sarmiento Pérez, Marcos (2015): “Traducir y calificar para la Inquisición”. En Marcelo Wirnitzer, Gisela (Coord.): Traducir la Historia desde diferentes Prismas. Las Palmas de Gran Canaria: Servicio de Publicaciones y Difusión Científica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, pp. 37-97. ISBN: 978-84-9042-190-1.

Sarmiento Pérez, Marcos (2016). “Lorenzo Guesquier: un intérprete singular en los procesos inquisitoriales”. Anuario de Estudios Atlánticos, 62, pp. 1-26.

Sarmiento Pérez, Marcos (2016). “Interpreting for the Inquisition”. In K. Takeda & J. Baigorri-Jalón (eds), New Insights in the History of Interpreting. Amsterdam: John Benjamins, pp. 47-73.


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Nuestros investigadores: Mari Carmen Naranjo Santana

Hoy, 8 de marzo, coincidiendo con la celebración del “Día Internacional de la Mujer”, damos comienzo a esta sección de “Documentos Canarios” conociendo un poco mejor a Mari Carmen Naranjo Santana (Gran Canaria, 1977) Doctora por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (UPO) en el programa Gestión del Patrimonio Histórico, socia de El Museo Canario y usuaria habitual de nuestro archivo y centro de documentación.

Mari Carmen Naranjo Santana

Mari Carmen Naranjo Santana en la sala de investigadores de El Museo Canario

Tras unos años en que centró sus pesquisas en el estudio de los espacios rurales -agricultura, ganadería, comercio, arquitectura, etc.-, utilizando como campo de acción las medianías de Gran Canaria, en los últimos tiempos se ha enfrentado a una interesante investigación que tiene la ciudad como centro de atención. Así, Las Palmas de Gran Canaria y dos de sus espacios de sociabilidad más señeros –El Museo Canario y el Gabinete Literario- se erigen en los protagonistas de su último estudio histórico que, en forma de Tesis Doctoral y bajo el título Sociedades culturales y científicas del siglo XIX en Canarias. El Gabinete Literario y el Museo Canario, fue defendida en la Universidad anteriormente reseñada en julio de 2014, obteniendo la máxima calificación y distinguiéndola con el Premio Extraordinario de Doctorado de la UPO.
Sin embargo, ya sea analizando o gestionando el ámbito rural –ya que también ha sido Concejal de Cultura y Patrimonio de la Vega de San Mateo (2003-2007)– o aproximándose al mundo urbano, el interés por la gestión del Patrimonio Cultural y por la Historia Social Contemporánea en el ámbito Español e Iberoamericano -en este sentido posee varios trabajos sobre las relaciones Canarias-América-, son los elementos sustentantes que conceden unidad y coherencia a su trayectoria investigadora.
A la espera de la pronta publicación del interesante trabajo de investigación al que hemos aludido -que sin duda contribuirá desde el pasado a comprender mejor nuestra realidad actual-, contamos con su presencia en nuestra revista digital para ofrecernos un anticipo de lo que contendrá esa próxima monografía, edición de la que daremos en su momento puntual noticia.

Comenzamos…

¿Qué lleva a una profesional del siglo XXI a estudiar las asociaciones culturales y científicas del siglo XIX?

Motivos fundamentalmente de tipo teórico y práctico.

De tipo teórico, porque tomando como eje de estudio la gestión del patrimonio histórico en general y el caso canario en particular, pude detectar una escasez de investigaciones sobre la historia de las instituciones canarias que promovieron o gestionaron parte del legado cultural que ha llegado a nuestros días. Una escasez de estudios que se acrecentaba aún más al poner el foco de atención en los colectivos que habían sido promovidos desde el ámbito civil y que, sin embargo, habían jugado un papel de primer orden en el desarrollo de las islas (especialmente en sus ciudades) y en la construcción del ideario patrimonial, cultural y científico.

En el orden práctico y de forma concreta, el hecho de que yo resida en Gran Canaria y que en Las Mari Carmen Naranjo cita 03Palmas de Gran Canaria se encuentren El Gabinete Literario y El Museo Canario, fueron dos condiciones de peso para decantarme por esta temática de investigación. A lo que se sumó el hecho de que seguir la línea temporal de la actividad de ambos colectivos era factible, porque Gabinete y Museo son dos de los centros culturales y científicos más antiguos del Archipiélago que se han mantenido en activo hasta nuestros días, conservando sus actas de sesiones desde que nacieron hasta la actualidad, así como otra documentación que nos habla de su pasado y del de otras instituciones de la época (caso de El Liceo y El Ateneo, también tratadas en la pesquisa).

En la génesis y desarrollo de estas asociaciones –perceptible con nitidez en el caso de El Museo Canario– la influencia foránea –especialmente europea– desempeñó un papel de primer orden. ¿Puede hablarse de la existencia de un cierto concepto de europeísmo en el siglo XIX en Canarias al menos por parte de un sector de la población? En cualquier caso, ¿por qué estaba Gran Canaria tan cerca de Europa en la segunda mitad del ochocientos? ¿Este tipo de relaciones internacionales era habitual en esta época en el resto de España?

Dado lo complejo del término “europeísmo” y los diferentes modelos de organización que lo identifican (federalismo, confederalismo, unitarismo,…) sería conveniente disponer de un estudio específico, en términos político-social-jurisdiccional que nos permitiera confirmar o no la existencia de un concepto europeísta en Canarias en el siglo XIX, tal y como lo entendemos en la actualidad; pero lo que sí es evidente es que en ese periodo Europa miraba a Canarias y las islas miraban a Europa.

En España, las fuertes resistencias y pervivencias del peso de la tradición, especialmente eclesiástica, hicieron que los cambios que vivieron otros países europeos a finales del XVIII y comienzos del XIX llegaran con cierto retraso al país pero fueron precisamente los contactos y las noticias venidas de Europa, especialmente con el espíritu de la Revolución Francesa, las que funcionaron como motor de cambio. En Canarias, aunque desde mucho tiempo atrás se habían producido contactos con el viejo continente, fue en el siglo XIX cuando las islas se convirtieron por sí mismas en un destino científico, despertando el interés de Europa y desarrollando estudios específicos en torno a ellas (caso de las exploraciones en las Cañadas del Teide en Tenerife, en la Caldera de Tirajana en Gran Canaria y en la Caldera de Taburiente en La Palma; las indagaciones de naturalistas como Phillip Barker-Webb y Sabin Berthelot; o los trabajos de antropología física de René Verneau; entre otros). A ello se sumó el interés económico-comercial del Archipiélago, dada su posición en el Atlántico en una zona de gran interés para las rutas entre Europa, las colonias del centro y sur de América, y del África Occidental; lo que ocasionó que fueran usadas algunas veces como estación de servicios y abastecimiento de barcos, provocando que las inversiones extranjeras (Francia, Bélgica, Gran Bretaña,…) se incrementaran en el Archipiélago con el consecuente beneficio a la comercialización de productos alimentarios, a la infraestructura portuaria, al turismo, etc.

Sabino Berthelot

Sabino Berthelot

De esta forma, a Canarias no solo llegaba el capital extranjero sino que con él también venían las nuevas corrientes europeas de pensamiento (krausismo, positivismo, darwinismo,…) y un nuevo gusto cultural que fue calando en las islas.

Los colectivos objeto de nuestro estudio son un fiel ejemplo de la impronta europea en Canarias como espacios formales de sociabilidad burguesa que emulaban a otros centros europeos como los ateneos; la presencia extranjera de sus socios o los contactos con el exterior (caso del Gabinete Literario, en el que su primer Presidente fue el comerciante inglés Robert Houghton; o los permanentes contactos de El Museo Canario con el exterior a través de la figura de los socios corresponsales o de las relaciones de sus miembros con centros e investigadores europeos, caso del Dr. Gregorio Chil y Naranjo y sus contactos con Francia); o la nueva estética que a través de ellos se implantaba (construcción de los primeros teatros y museos de la isla acorde con las líneas europeas, tal y como fue el caso del frustrado teatro de El Liceo; mejora de espacios públicos y en especial de plazas, parques y alamedas como el entorno de la plaza Cairasco, punto de encuentro y de recreación burgués; decoración interior y exterior de los centros de reunión acorde al gusto europeo y español, como los salones de la Sociedad Literaria donde se llegó a importar mobiliario y elementos decorativos como lámparas de París, etc.).

Plantea la fundación del Gabinete Literario y El Museo Canario “…como propuestas independientes pero con una visión de proyecto conjunto burgués..”. Del mismo modo, incide en el importante papel que desempeñó el Gabinete Literario en la fundación de El Museo Canario, pero a pesar de esa cercanía… ¿Cuáles son las diferencias existentes entre ambas asociaciones? ¿Pueden ser considerados centros asociativos complementarios?
Gabinete literario

Gabinete Literario (ca. 1985-1901) Es 35001 AMC-FFLO-000084

Una de las grandes novedades de este estudio radica, precisamente, en que es la primera investigación exhaustiva sobre la trayectoria de El Gabinete Literario y El Museo Canario (existen otros estudios sobre temáticas específicas) durante el siglo XIX, desde su nacimiento hasta los primeros años del XX, como centros generadores, propietarios y gestores de un patrimonio histórico-cultural; pero que, como trincheras de conocimiento y aunque funcionaban de forma independiente, respondían a un mismo proyecto liderado por la burguesía que pretendía consolidar su presencia en las islas y proyectar a éstas hacia el exterior, utilizando al ocio, a la cultura y a la ciencia como medio para ello. Un escaparate desde el que dejarse ver y ser visto.

Esa es la gran similitud entre ambas Sociedades, su función de herramientas de la clase burguesa; pero fueron precisamente sus grandes diferencias las que permitieron que su radio de acción fuera más amplio, variado y complementario. Y es por ello que, en esta investigación, ambos colectivos han sMari Carmen Naranjo cita 02jpgido estudiados de forma independientemente pero indicando permanentemente sus puntos de conexión. De los contrastes existente entre uno y otro Centro el más sobresaliente se encuentra en su objeto, porque si bien El Gabinete Literario tenía una función fundamentalmente recreativa y cultural, hasta el punto de llegar a conocerle comúnmente como “el Casino” (especialmente en los años finales del XIX), El Museo Canario sostenía en la cultura y en la ciencia su razón de ser.

Revista El Museo Canario

Revista El Museo Canario (1880)

La lectura inicial de las actas de Juntas Generales y Directivas de estos Centros nos permite identificar las diferencias. El Gabinete se marcó como objeto fundacional el fomento de la lectura a través de la adquisición de periódicos, revistas, obras escogidas con las que se iría formando una biblioteca, conciertos, bailes y los juegos permitidos (actividades que se ampliarían posteriormente a otras temáticas de índole más cultural -como las exposiciones-, las obras civiles y las acciones de beneficencia, entre otras). Mientras que El Museo se propuso como meta, desde su nacimiento, la constitución de un museo y biblioteca en la ciudad; la formación de un gabinete de lectura para la instrucción y recreo de los socios (que incluiría revistas científicas y literarias, nacionales y extranjeras); una publicación periódica que reflejase la cultura intelectual del Archipiélago; sesiones científico-literarias donde tuvieran lugar discursos, certámenes, lecturas, actos conmemorativos y conferencias, públicas o privadas, para la difusión de las ciencias, las letras y las artes; excursiones científicas en Gran Canaria y en el resto del Archipiélago; una correspondencia activa con otras Sociedades afines; y la publicación de obras inéditas canarias y la traducción e impresión de aquellas que fueran de interés científico o histórico para Canarias.

Unos principios fundacionales que marcaron toda la fisonomía y trayectoria de estas Sociedades en cuestiones como por ejemplo su plan de actuación. Frente a la visión más local-nacional de El Gabinete (aunque también hemos podido detectar a través de ella algunos casos de contacto con Europa y América), se posicionaba la mirada hacia el exterior de El Museo que, aunque también actuaba de forma insular, se marcó la internacionalización como un objetivo y como una vía de posicionamiento del Archipiélago en el mundo. O también en lo relativo a los socios, donde frente a la variedad profesional, intelectual y aficiones de los miembros de El Gabinete, los continuos intentos de El Museo por seleccionar a sus asociados hasta el punto de solicitarles que se interesaran de forma manifiesta por las ciencias, las letras y las artes o los intentos frustrados de delimitar el número de componentes que debía contener el colectivo.

¿Qué papel desempeñó El Museo Canario como espacio de sociabilidad –tal como usted los denomina– en el último cuarto del siglo XIX en Las Palmas de Gran Canaria?

Sin lugar a dudas la gran aportación de la Sociedad El Museo Canario para la ciudad radicó en dos campos. En primer lugar, el incremento que supuso su nacimiento en el número de espacios culturales de la urbe en los que reunirse de forma permanente (distinguiéndose de otras formas de sociabilidad informal como las tertulias o los cafés) para discutir sobre ciencia, literatura y arte, como una expresión más de los nuevos tiempos que acontecían y que se diferenciaban de los encuentros propios de la Edad Moderna, más esporádicos e informales. Y en segundo lugar, la otra gran aportación fue dotar a la ciudad de un centro museístico y de una biblioteca en sintonía con lo que acontecía en otras ciudades españolas o europeas.

Además de estas dos grandes aportaciones, podemos identificar numerosas contribuciones de El Museo Canario para la evolución de Las Palmas de Gran Canaria, que sería arduo citar en esta entrevista pero de las que pueden servir como muestra: la colaboración con otros centros locales como la Sociedad Económica de Amigos del País o El Ateneo para llevar a cabo en la ciudad proyectos e iniciativas que otorgaran una imagen urbana más moderna y que la hicieran partícipe de los grandes eventos que tenían lugar en la Península o en el mundo (caso de la propuesta de construcción de un acuario; de la participación de El Museo en el desarrollo de Exposiciones Provinciales o Insulares que tuvieron lugar en Las Palmas de Gran Canaria; o en actos de alto contenido político nacional e internacional como la conmemoración del II Centenario de la muerte de Calderón de la Barca o del IV Centenario del descubrimiento de América). Así como sus Mari Carmen Naranjo cita 01permanentes contactos y colaboraciones con centros de similar índole, en el plano nacional e internacional (Francia, Italia, Argentina, Cuba), posicionando a Las Palmas de Gran Canaria en el mapa científico y cultural y llevando su nombre más allá de las aguas insulares.

En definitiva, estudiar la historia de Sociedades como El Museo Canario, El Gabinete Literario, El Ateneo o El Liceo es conocer la historia de la ciudad porque estos colectivos nacieron al calor del interés por transformar la realidad y caminar hacia el progreso, y el plano urbano fue el escenario perfecto para acometer ese cambio.

Incorpora en su trabajo aspectos hasta ahora escasamente tratados en los estudios realizados sobre estas dos Sociedades: su vertiente como gestoras del patrimonio y su interés por la transferencia social del conocimiento ¿Qué puede decirnos en relación a estos dos aspectos? ¿Eran estas Sociedades algo más que meros lugares de reunión de la burguesía?

Aunque la gestión del patrimonio y el propio término “patrimonio” es un concepto nuevo, su construcción no es un invento del siglo XXI y la gestión patrimonial ha ido variando con el tiempo. En el caso de las Sociedades objeto de nuestro estudio, en la medida en la que entre sus objetivos se marcaron contenidos recreativos, culturales y científicos desarrollaron acciones en este sentido que, en la mayor parte de las ocasiones, tenían la finalidad de construir una cultura propia que sirviera de referente y que bebiera de las fuentes del pasado.

Ejemplos de ello encontramos en El Gabinete Literario y su interés porque la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria contara con un centro educativo como el Colegio de San Agustín; la creación de una galería de retratos en los salones de la Sociedad que nos habla de la construcción de una línea historicista y de una imagen propia de la burguesía en identificación con personajes del mundo de la cultura (Benito Pérez Galdós, Viera y Clavijo,…); la edificación, reforma y desarrollo de centros, espacios y proyectos en el ámbito público como las Casas Consistoriales, la Alameda o las primeras proyecciones de cine; o la creación de sus primeros inventarios de bienes documentales o mobiliario; entre otros.

El Museo Canario 1879

Primer reglamento de El Museo Canario (1879)

En el caso de El Museo Canario se da una situación similar, pero al tratarse de un centro fundamentalmente científico y cultural es más fácil detectar iniciativas en línea directa con  lo que hoy podríamos entender como gestión patrimonial. De esta forma, la constitución del museo y la biblioteca son dos ejemplos claros del trabajo desarrollado en lo relativo al pasado, así como la ampliación de sus salas y el progresivo incremento de sus fondos; una acción que se complementó con otras tareas por parte de El Museo como el desarrollo de exploraciones y rebuscas y la elaboración de un reglamento propio que definía el modo en que debían llevarse a cabo; la aplicación de la fotografía como método histórico; los intercambios de material arqueológico y de historia natural con diferentes centros; la edición de una revista propia de divulgación científica; etc.

Una variedad de acciones que, tanto en el caso de El Gabinete como en El Museo, tuvieron una proyección social que trascendió al entorno de sus correspondientes sedes y a las reuniones que en ellas tenían lugar, pero sin perder la perspectiva de una burguesía que quería identificarse como clase y cuyo objeto era, a través de ambos colectivos, construir una nueva mirada de sí misma y de la isla y posicionarla en el panorama nacional e internacional.

Por otro lado, presenta un gran interés su aproximación al papel desempeñado por la mujer en estas iniciativas asociativas ¿Estuvo realmente la mujer en el siglo XIX vinculada a este tipo de actividades?
Gabinete literario 1844

Primer reglamento del Gabinete Literario (1844)

Una de las cuestiones que me sorprendió sobremanera a lo largo de la investigación fue precisamente este tema. Efectivamente, y al contrario de lo que podríamos pensar, la mujer de las clases sociales medio-altas estuvo presente en la actividad de ambos colectivos aunque, de manera más contundente, activa y de forma temprana en El Gabinete Literario, en un contexto en el que otros centros de similar índole, tanto del ámbito regional como nacional, no permitieron su acceso hasta bien avanzada la centuria o a comienzos de la siguiente. No obstante, y a pesar de esta afirmación, no podemos dejar de reseñar que tanto El Gabinete como El Museo eran centros eminentemente masculinos.

En el caso de El Gabinete, las mujeres próximas al entorno de sus socios no solo participaban de sus fiestas y bailes de entrada pública, sino que también son de destacar las acciones del colectivo literario en pro de la integración de la mujer en el ámbito cultural, educativo y social del momento. Sirvan por caso, entre otros, los desvelos por abrir nuevos centros de enseñanza y ampliar la posibilidad de formar a las mujeres de las elites sociales; o el hecho de que desde 1848 El Gabinete reconociera entre sus socios de mérito a María del Pilar de Lugo y Eduardo (incluyéndola en la sección de Ciencias, Literatura y Bellas Artes) y que, en 1850, dejara constancia escrita en su reglamento de que las mujeres podían ser socias de mérito o colaboradoras de la Sociedad; así como la participación de la mujer en las exposiciones impulsadas por el Centro, no como meras espectadoras sino también como expositoras.

Socios 1850

Presencia de la mujer en el Reglamento del Gabinete Literario (1850)

En el caso de El Museo la presencia de la mujer en el colectivo no solo fue menor sino también muy selectiva, hasta el punto de nombrar como socia honoraria a la esposa del Dr. Verneau, Justina Rondot de Verneau; o siendo de resaltar la escasa participación de la mujer en los primeros años de la revista de la Sociedad, ciñéndose a la inclusión de algunas poesías de autoría femenina.

Uno de los aspectos que destaca en este trabajo de investigación es el enorme volumen de documentación consultada. En este sentido, ha visitado diferentes archivos y centros de documentación pero, ¿está bien representado el siglo XIX en los archivos canarios? ¿Son los archivos de Gran Canaria accesibles para los investigadores?

A mi juicio, los archivos canarios poseen fondos suficientes para ampliar y desarrollar numerosas y variadas líneas de investigación que tomen como marco temporal el siglo XIX; amén de la factible accesibilidad a los archivos públicos. Situación aparte es el caso de los archivos privados, cuyo acceso depende de las condiciones establecidas por el propietario/a.

Desde mi experiencia y en el caso de los centros y fuentes consultadas para la elaboración de esta tesis no he encontrado inconveniente alguno para acceder a la información sino que, por el contrario, tanto El Gabinete como El Museo, así como otros archivos consultados como el Histórico de la Diócesis de Canarias, han puesto a mi total disposición la consulta de la documentación; facilitándome con creces, tanto sus Directivas como el personal que en ellos trabaja, la labor investigadora e incluso aportando en ocasiones sus conocimientos sobre la materia.

Entre la documentación con la que ha trabajado sobresalen dos tipologías documentales, la carta y las actas de las juntas de las Sociedades estudiadas, pero, ¿qué ha tenido más peso en su investigación la información contenida en documentos privados o la de carácter institucional y/o publico? En este sentido ¿considera importante la preservación y difusión de los archivos personales y privados como medio a partir del que reconstruir la historia?
Actas Museo Canario

Libro de actas. Junta directiva de El Museo Canario  (1879-1893)

La ruta de trabajo ha estado marcada, y por lo tanto es la que mayor peso ha tenido, por las actas de las juntas de las Sociedades porque, a través de ellas, pude obtener una visión general de la trayectoria de estos colectivos e identificar aquellos temas sobre los que posteriormente ahondé. Pero no cabe duda que la consulta de otra documentación específica como las cartas, informes, reglamentos, proyectos, planos, y las fuentes hemerográficas, entre otros, fueron fundamentales para ampliar y contrastar temáticas concretas, de tal forma que esta completó y complementó la información contenida en las actas.

En este sentido, la consulta de los archivos personales y privados fue una fuente de primera mano para la ampliación de la información, no solo por tratarse de una documentación en gran medida inédita sino también porque a través de ellos es posible percibir los intereses y la cara más humana de quien los formó.

Para finalizar, a partir de su experiencia ¿cuál es su percepción sobre el estado de conservación del patrimonio documental canario?

Si nos ajustamos al tema de la conservación, distinguiendo entre archivos públicos y privados, y teniendo en cuenta que mi campo de estudio se ciñe a la Etapa Contemporánea y que no he trabajado periodos anteriores, me atrevo a afirmar que la conservación del patrimonio documental canario en los archivos públicos ha mejorado considerablemente en las últimas décadas, aunque el periodo de crisis de estos últimos años ha sido y es un gran enemigo al que hacer frente.

En términos de conservación y mantenimiento de fondos se ha desarrollado una importante tarea, en especial en los archivos históricos provinciales (microfilmación de fondos, convenios con otros centros, reproducción de documentos, mejoras en los laboratorios de restauración y en las consultas en sala y por correo, etc.); pero es de resaltar también que aún queda mucho trabajo por hacer y algunos de los retos a acometer son hacer una mayor inversión en conservación-restauración y sensibilización, no solo de los fondos de los archivos provinciales sino también de otras instituciones públicas como los Ayuntamientos; así como incrementar la digitalización de fondos a través de convenios interinstitucionales y ponerlos en uso vía on-line.

Mención aparte merecen los archivos privados, una pieza fundamental de la historia de las islas pero probablemente la gran desconocida, cuya consulta está supeditada a la voluntad y circunstancias de quien la custodia y cuyo estado de conservación se expone a condiciones negativas, como no existir un inventario o localizarse en condiciones de aclimatación que ponen en peligro su futuro. En este sentido, la realización de compilaciones de los fondos documentales privados, los convenios de depósito y la búsqueda de recursos o acuerdos público-privados para su mantenimiento y mejora podrían ser algunas de las medidas a acometer en la tarea de preservación de este patrimonio tan sensible como desconocido.

Muchas gracias por su participación en esta sección.

Muchas gracias a El Museo Canario por haberme hecho partícipe de esta iniciativa.


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La Gomera en el siglo XVIII a través de un manuscrito conservado en El Museo Canario

Los estudios históricos relacionados con la isla de La Gomera se han visto recientemente enriquecidos a través de la edición de un manuscrito en el que se describe cuál era la situación de la isla colombina en el siglo XVIII. A través del estudio de este texto, coeditado por Gloria y Victoria Díaz Padilla y publicado por el Cabildo de La Gomera, se dan a conocer aspectos relacionados con la historia insular del Setecientos, lo que supone una enorme aportación para el mejor conocimiento del pasado de la isla.

La Gomera en el siglo XVIII

Primer folio del documento “Descripción de la isla de la Gomera, manuscrito del siglo 18” (Colección documental Agustín Millares Torres, El Museo Canario)

Traemos a colación esta nueva publicación, no sólo por el valor que en sí misma presenta en el contexto de la historiografía canaria, sino porque el manuscrito editado es uno de los documentos canarios conservado en el archivo histórico de nuestra institución. Así, ocupando un lugar destacado en el contexto de la Colección documental Agustín Millares Torres se encuentra la subsección denominada Colección de documentos para la historia de Canarias, integrada por 21 volúmenes encuadernados. DSCN8914Cada uno de estos tomos está constituido por un número variable de copias manuscritas y documentos originales –en algunos casos impresos-, reunidos por el historiador Agustín Millares Torres en el siglo XIX y cuyo índice fue publicado en 1977 por Manuel Hernández Suárez, instrumento que ha facilitado desde entonces la consulta y localización de cada uno de los documentos.

Pues bien, integrando el volumen 5 de esta citada Colección hallamos el texto titulado “Descripción de la Isla de la Gomera, manuscrito del siglo 18”. A lo largo de los 36 folios de que consta el documento se nos presenta una descripción de diferentes “lugares” –tal como son denominados en el manuscrito- gomeros. Así, San Sebastián, Alajeró, Chipude, Hermigua, Agulo y Vallehermoso se convierten en los verdaderos protagonistas de un manuscrito que ahora ha visto la luz como publicación, edición que ha venido a llenar un vacío no sólo en la historia de La Gomera, sino, por extensión, también en la del archipiélago canario.


Si quieres saber más sobre la nueva publicación…
El libro ‘Descripción de la Isla de La Gomera, manuscrito del siglo XVIII’ (Gomeranoticias.com, 25 de enero de 2016)
El Cabildo presenta un libro fundamental para comprender la historia de La Gomera (Gomeraverde.com, 30 de enero de 2016)
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El arte en el archivo: manuscritos, artistas y letras capitulares

AMC Prebendados f 1r

Catálogo de prebendados (f. 1r, copia)
Archivo de El Museo Canario
© El Museo Canario

A lo largo de la historia los artistas han participado en la confección y acabado de los códices, manuscritos e impresos, constituyendo su aportación una oportunidad para enriquecer los textos con ilustraciones, ya sea pintando o dibujando escenas descriptivas relacionadas con lo contenido en la narración, o ya sea a través de las ricas y ornamentales letras capitulares. Será precisamente a estas últimas a las que dedicaremos las siguientes líneas, poniendo en relación a un artista grancanario –Rafael Monzón Grau-Bassas, Felo Monzón- con un manuscrito singular conservado en el archivo de El Museo Canario: la copia del Catálogo de prebendados de la Catedral de Canarias.

El manuscrito: el Libro de prebendados
Tal como nos informan Millares Carlo y Hernández Suárez en su Biobibliografía de escritores canarios (tomo III, pp. 43-45), el Catálogo de prebedados de la Santa Iglesia Catedral de Canarias fue redactado por Santiago Francisco Eduardo y Roo y Villarreal (1731-1808), racionero y contador mayor de dicha Catedral, y hermano del también racionero, Diego Nicolás Eduardo. El manuscrito original está fechado en 1797 y se conserva en el archivo catedralicio, contándose, además, en el mismo depósito documental, con una copia histórica generada en la misma época que el texto primigenio.

El origen del volumen quedó expresado por el propio autor al inicio del manuscrito. Así, los ratos de ocio que le proporcionaba su ocupación, sumado al mal estado de conservación en que se encontraban los libros que contenían la información sobre los prebendados, animaron al contador a dar forma a un catálogo en el que se recogieran los datos de cada una de las dignidades, canónigos y racioneros de la Diócesis Canariense desde el siglo XVI hasta finales del XVIII.

AMC Prebendados f 2r

Catálogo de prebendados (f. 2r, copia)
Archivo de El Museo Canario
© El Museo Canario

La copia conservada en El Museo Canario
La iniciativa para la realización de la copia partió de Simón Benítez Padilla a principios de la década de 1930. De este modo, el 3 febrero de 1933 Benítez Padilla, por aquel entonces bibliotecario de El Museo Canario, presentó ante la Junta Directiva de la institución el nuevo e interesante documento (Libro 5 de actas de la Junta Directiva, f. 10). La copia había sido encargada a Néstor Álamo, oficial primero de la biblioteca del Museo, quien recibió 250 pesetas a la finalización del trabajo, tal como queda reflejado en uno de los libramientos que obran en el Archivo general de la institución museística (Libramiento nº 26, año 1933).

La copia resultante que hoy conservamos está integrada por 120 folios, intercalándose buen número de hojas “bis”, agregadas ante la necesidad de añadir dignidades posteriores a las contenidas en el libro original. De hecho, el manuscrito de Álamo parece haber crecido a medida que ha ido pasando el tiempo, contándose con asientos que corresponden a la década de 1950, muy posteriores a la elaboración de la copia propiamente dicha y, asimismo, mucho más distantes en el tiempo con respecto al texto original. La existencia de diferentes grafías, así como las huellas de diversos instrumentos para escribir (pluma, bolígrafo, lápiz), ponen de manifiesto que el tomo con el que hoy contamos en El Museo Canario es el resultado de la colaboración de diferentes amanuenses que se han encargado de “actualizar” aquella primera copia a través del tiempo.

AMC Prebendados S Felo Monzón

“S” capitular
Rafael Monzón Grau-Bassas
© El Museo Canario

Las letras capitulares: los alfabetos de Felo Monzón
Pero, además del valor que por sí misma ofrece la copia presentada en 1933, el manuscrito tiene el valor añadido de contar con dos letras capitulares trazadas por Rafael Monzón Grau-Bassas, Felo Monzón (1910-1989), pintor grancanario muy vinculado a El Museo Canario, en cuya sala de exposiciones temporales daría a conocer buena parte de su interesante y vanguardista obra pictórica en las décadas de 1940 y 1950.

Las letras capitulares -cuya denominación proviene etimológicamente del término latino caput/capitis (cabeza, comienzo o capítulo)-, son aquellas que, presentando unas dimensiones superiores a las del resto de los signos y caracteres que las acompañan, figuran al principio de un texto, párrafo o capítulo. De este modo, esas letras de mayor tamaño que las restantes, y a menudo ornamentadas con figuraciones narrativas, llamaban la atención del lector, sirviendo de reclamo para que éste reconociera con rapidez donde se encontraba el principio de cada capítulo.

AMC Prebendados C Felo Monzón

“C” capitular
Rafael Monzón Grau-Bassas
© El Museo Canario

Pues bien, Felo Monzón –autor de alfabetos completos como el publicado en el catálogo de la exposición retrospectiva celebrada en el CAAM en 1999– trazó dos letras capitulares específicamente pensadas para la copia realizada en 1933 del Catálogo de prebendados: la “S” de “Señor” (f. 1) con que da comienzo el texto en alusión al Obispo de la Diócesis, y la “C” de “Catálogo” (f. 2), vocablo representativo de la relación ordenada de dignidades eclesiásticas que contiene. Se trata, como puede apreciarse por las ilustraciones adjuntas, de dos letras en las que sobresale el carácter figurado de los elementos que las acompañan. Así, las palmeras, piteras y viviendas de arquitectura tradicional canaria que ilustran la “S”, dan paso a un paisaje montañoso animado por las hojas en forma de roseta de un aeonium, endemismo vegetal insular. No resulta extraño el empleo de este repertorio formal, puesto que no hay que olvidar que Felo Monzón se había formado en la Escuela Luján Pérez, fundada en 1918 por Domingo Doreste “Fray Lesco”, proyectándose los ideales propios de este centro docente-artístico no sólo en sus obras de caballete sino también en cualquier tipo de representación pictórica. De este modo, en el interior de un manuscrito, el artista hace un guiño a la esencia de la Luján Pérez: la fusión de los elementos estéticos propios de la vanguardia –colores planos, formas esquemáticas, desestructuración del espacio-, con unos temas, paisajes, vegetación y elementos decorativos proporcionados por el entorno canario inmediato.

En definitiva, un manuscrito –el Catálogo de prebendados-, un copista –Néstor Álamo-, una institución –El Museo Canario- y un artista –Felo Monzón: he aquí las cuatro claves para entender el origen de un documento ilustrado singular que ha servido como fuente para los investigadores que, desde 1933, buscan información en el Centro de documentación de El Museo Canario.


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Conservando nuestras fotografías: a propósito del taller Introducción a la conservación de fotografías II

Recientemente, entre los días 19 al 23 de octubre y bajo la organización de ladíptico Fundación Mapfre Guanarteme, ha tenido lugar un taller dedicado a la conservación del patrimonio fotográfico con el título de Introducción a la conservación de fotografías II. Fue impartido por Pau Maynés, conservador de bienes culturales especializado en conservación y restauración de fotografías, y celebrado en el Edificio Cultural Ponce de León, una de las sedes que la citada institución organizadora posee en el barrio de Vegueta (Las Palmas de Gran Canaria).

El taller estuvo dirigido a “…técnicos de museos, conservadores, archiveros, bibliotecarios, fotógrafos o personas que custodian archivos familiares…”, y tenía como objetivo principal “…conocer las principales técnicas y materiales para conservar y restaurar la fotografía analógica…”.

Hasta aquí los datos formales. Porque… pocas veces, la finalización de un curso ha dejado tantas ganas de más y tantas ganas de compartir con los demás. La clave, sin duda, se halla en los organizadores y en el profesor. O lo que es lo mismo, en la trayectoria en actividades formativas de los primeros, y en la generosidad del segundo.

Enmarcando una fotografía

Enmarcando una fotografía

Respecto a los primeros, la Fundación Mapfre Guanarteme, podemos destacar, al margen de la feliz idea de dedicar un curso a este tema, los medios facilitados al profesor; así como el disponer de las instalaciones apropiadas para el fin del taller: un aula, amplia y luminosa, equipada con un mobiliario adecuado para los trabajos prácticos que debían realizar los asistentes.

Y como no podía ser menos, también fueron de agradecer los complementos “vitamínicos” del agua, café y té… que mucho ayudan cuando un curso se empata con la jornada laboral, o cuando la persona que lo imparte debe dirigirse a sus asistentes durante cuatro horas seguidas. Además, y no menos relevante, este momento de café resulta un magnífico recurso para el fomento del diálogo entre los asistentes.

Por otro lado, y en relación con el segundo agente citado, el profesor Pau Maynés, mucho habría que contar, si bien, por no extendernos demasiado, trataremos de resumir aquí su importante aportación.

Taller Pau Maynés 2

Reglas, cúteres, lijas, lápices, gomas, brochas, peras de goma, guantes… material disponible en el taller

Hay que subrayar cómo organizó y estructuró el taller. Las sesiones diarias fueron distribuidas en una primera parte teórica y en una segunda práctica. La teoría –que incluyó, entre otras cosas, desde taxonomía iconográfica, hasta historia de los procesos fotográficos pasando por el tratamiento de aspectos relacionados con la conservación preventiva y montaje de fotografías–, fue impartida sirviéndose de una presentación, cuyo contenido fue entregado a los alumnos junto con abundante material de apoyo (relaciones bibliográficas, datos técnicos sobre la esperanza de vida de las fotografías, información de distribuidores de materiales de conservación, formulario tipo para el registro de información para fotografías).

El apartado práctico se centró en conocer las herramientas de trabajo, materiales de conservación, métodos de limpieza y de preservación de negativos y positivos, tipos de montaje y sistema de enmacardo. Así, se realizaron diversos trabajos –para lo que el profesor trasladó en dos maletas de viaje todo el material necesario– que consistieron en la limpieza de placas de vidrio, elaboración de un muestrario de esquineras, cianotipos, confección de sobres para negativos y placas de vidrio, montajes para positivos con soportes rígidos, montajes con paspartú y enmarcados de conservación.

Si una cualidad caracterizó al profesor de este taller fue la generosidad. La generosidad en el conocimiento y en la comunicación. La generosidad en enseñar, proporcionando, entre otras cosas, todo el tiempo extra que fue necesario para la realización de las tareas.

Y finalmente, esta reseña no podría concluir sin hacer mención a una tercera clave del éxito de este taller: sus 12 alumnos, quienes hacen despertar una sonrisa al recordar los afectos surgidos tras una convivencia diaria, como mínimo, de cuatro horas. 12 alumnos diferentes, pero todos con un mismo deseo: el de aprender y conocer mejor las técnicas de conservación de un material documental que, como el fotográfico, ocupa un lugar destacado en los depósitos de gran parte de los archivos insulares, como sucede en El Museo Canario donde se conserva una interesante colección de fotografía histórica y contemporánea a la que puedes acceder desde aquí.

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Documento del mes: comedias archivadas

Los contenidos archivístico-literarios que están presentes en nuestro archivo histórico están representados este mes de octubre por el teatro.

Suelto anunciador de la novena representación de

Suelto anunciador de “Ve acá, vino tintillo”, de Víctor Doreste Grande
(ES 35001 AMC/VD-117)
© El Museo Canario

Si bien contamos con manuscritos dramáticos en diversas colecciones y fondos documentales, no es menos cierto que entre éstos sobresale la Colección documental Víctor Doreste Grande, depositada en el año 2000 por don Manuel Doreste Suárez. En ella se aglutina la documentación generada y reunida a lo largo de su vida (1902-1966) por este músico, dibujante, pintor y escritor grancanario.

Los documentos que dan forma a este archivo personal pueden ser considerados una de las fuentes de información más preciadas para los investigadores que tratan de conocer mejor la faceta literaria y escénica desarrollada por Doreste. Así, la lectura de los manuscritos de novelas, obras dramáticas y poemas que en ella se conservan, así como la consulta de otros documentos que, aunque no alcanzan la categoría de literarios, están ligados al quehacer del escritor, nos ayudan a seguir el rastro de cada uno de los textos.

Nos detendremos hoy en uno de esos documentos que podríamos calificar como extra literarios: un suelto impreso que, a modo de cartel, sirvió de soporte al anuncio de la representación teatral del sainete “Ven acá, vino tintillo”, cuyo manuscrito también se conserva en la misma colección documental junto a otros papeles -especialmente dosieres de prensa-, relacionados con los montajes que de dicha obra se han realizado desde 1941 hasta la década de 1980.

Ven acá, vino tintilloPuedes conocer más datos sobre el documento del mes de octubre a través de estos enlaces:

Un archivo literario: comedias archivadas
(descargar en pdf)

Ven acá, vino tintillo


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Documento del mes: novelas archivadas

Siguiendo el recorrido literario-archivístico que estamos realizando a lo largo del año 2015 presentamos este mes de agosto el borrador de Las campanas son de bronce…, novela escrita en 1965 por Pablo Artiles Rodríguez, profesor, sacerdote y escritor nacido en Guía de Gran Canaria en 1906 y fallecido en Las Palmas de Gran Canaria en 1983.

“Las campanas son de bronce…” (Borrador A, f.1)
Original con correcciones manuscritas
Col. documental Pablo Artiles
© El Museo Canario

Tras la muerte del escritor, Florencio Rodríguez Artiles donó a El Museo Canario el archivo personal de su tío, integrado tanto por documentación privada como por la práctica totalidad de los manuscritos, notas y borradores mecanografiados correspondientes a cada una de sus obras literarias.

Es uno de esos borradores -el texto previo de Las campanas son de bronce…, novela editada en 1967-, el que se convierte en protagonista en el mes de agosto. El ejemplar mecanografiado –uno de los cuatro ante-textos completos que se conservan de la obra en la misma colección documental– está integrado por 358 folios y presenta abundantes correcciones manuscritas. Es precisamente en esas rectificaciones donde radica el interés del documento, puesto que a través de su análisis puede ser rastreado el proceso de depuración formal y estilística llevada a cabo por Pablo Artiles durante el proceso de creación de la obra.

pablo artiles f 1Puedes conocer más datos sobre el documento del mes de agosto a través de este enlace:

Un archivo literario: novelas archivadas

“Las campanas son de bronce…”:
una novela en el archivo personal de Pablo Artiles


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