El libro, cimiento de la civilización

“El libro es el cimiento de la civilización”. Esta contundente afirmación fue formulada en 1893 por Francisco Cabrera Rodríguez, bibliotecario de El Museo Canario. Sí… han leído bien: hace 125 años, aquel maestro de “primeras letras” que era, a su vez, responsable de la biblioteca de la Sociedad Científica, concebía el libro como el motor del progreso, sosteniendo, además, que las bibliotecas podían considerarse “…el más precioso comprobante de la cultura de un pueblo”. Sin duda, estas palabras hoy deberíamos hacerlas nuestras y revitalizarlas, sobre todo si tenemos en cuenta que, según las últimas estadísticas bibliotecarias –correspondientes a 2016–, Canarias se sitúa a la cola del Estado en cuanto al aprovechamiento de estos servicios. Confiamos en que la próxima entrada en vigor de la nueva Ley de Bibliotecas de Canarias contribuya a paliar esta desfavorable situación.

Pero hoy, proponemos celebrar el Día Internacional del Libro bajo el signo del optimismo recordando a uno de los hombres que más contribuyó, en el tránsito del siglo XIX al XX, tanto a la organización y crecimiento de la biblioteca de El Museo Canario, como a la difusión del libro en la capital grancanaria. Porque no hay que olvidar que la biblioteca de El Museo Canario, a pesar de su naturaleza privada, siempre ha tenido una vocación pública. Esta orientación aperturista tuvo en Francisco Cabrera uno de sus máximos defensores. Sólo abriendo las puertas de las bibliotecas podía divulgarse la lectura. Sólo de esta forma todos, sin distinción, podrían tener acceso a la cultura.

Biblioteca de El Museo Canario (ES 35001 AMC-CFH-001074)

El maestro Francisco Cabrera Rodríguez comenzó su relación con El Museo Canario a los pocos meses de su fundación. Así, en 1880 ya figura como socio, llegando a ser considerado, por la temprana fecha de su adhesión, uno de los fundadores de la institución. Siete años después ingresó en la junta directiva, primero como vocal (1887-1892) y, a partir de 1893, ocupando de manera oficial el puesto directivo de bibliotecario, ocupación en la que se mantuvo de manera inamovible hasta el momento de su fallecimiento, acaecido en abril de 1912. Durante los 19 años que permaneció al frente de la biblioteca del museo confeccionó uno de sus primeros inventarios bibliográficos. Éste en 1893 contaba con 2.245 registros, pasando en 1900, bajo su tutela, a alcanzar los 7.000. Pero también fue el responsable de la redacción entre 1901 y 1902 del inventario de la biblioteca de Gregorio Chil y Naranjo, realizado tras el fallecimiento del que fuera fundador y primer director de la Sociedad Científica. En este último repertorio fueron relacionados 7.500 volúmenes, libros que pasaron a engrosar la colección institucional. De este modo, al iniciarse el siglo XX, la biblioteca de El Museo Canario estaba integrada por casi 15.000 ejemplares, obras que quedaron a disposición de toda la población. Porque, como ya hemos señalado, desde su fundación –y hasta el momento presente–, fue ésta una biblioteca abierta a toda la ciudadanía, contribuyendo así el museo a difundir la lectura y la cultura en una época en la que, no hay que olvidarlo, no abundaba este tipo de servicios.

Pero su trabajo al frente de la biblioteca no sólo está relacionado con su crecimiento. La correcta instalación de los libros se convirtió en uno de sus objetivos. A pesar de que no contaba con formación bibliotecaria específica, pronto supo comprender que para tener una verdadera biblioteca no bastaba con reunir, sino que era necesario contar con un local adecuado en el que los libros pudieran ser debidamente organizados y conservados. A esa tarea dedicó parte su tiempo, adecuando el antiguo salón-biblioteca de la antigua vivienda del dr. Chil para su nuevo uso como biblioteca de la Sociedad.

No podemos concluir estas breves pinceladas sobre el trabajo desarrollado por Cabrera Rodríguez –cuyo nombre titula uno de los espacios bibliotecarios de El Museo Canario-, sin transcribir el párrafo final de la memoria que presentó a la junta directiva de el museo en mayo de 1893. En este fragmento se puede apreciar, mejor que a través de cualquier documentada interpretación, su temprana sensibilidad hacia el mundo del libro y las bibliotecas, su deseo de divulgar la cultura y su convencimiento de la necesidad de potenciar la lectura:

“Una buena biblioteca es uno de los principales elementos de la instrucción del pueblo en nuestros días y acaso el que contribuye más eficazmente a la propagación de los conocimientos humanos. Si la Biblioteca es el depósito sagrado de la civilización, como el periódico es el propagador constante de las ideas; si contamos con un crecido número de obras, folletos y escritos debidos a la generosidad e ilustración de verdaderos patricios, hora es que los amigos y amantes del progreso literario comiencen con mayor entusiasmo y perseverancia la gran lucha por la idea. Hora es ya de desplegar la bandera literaria convencidos de que el libro es el cimiento de la civilización, la vida de los pueblos, la mejora de la Sociedad y el porvenir de la patria. Trabajamos porque nuestra clase obrera abra los brazos al libro redentor: trabajamos para que adquieran hábitos de pensar y de leer a fin de que pueda darse cuenta de su destino; porque pretender prodigios de venturas y mágicos frutos de bienestar; pretender perfeccionamiento y riquezas y poderío y grandezas pensando tan solo en el progreso material, olvidando el intelectual y moral y dejándola sumida en la ignorancia para que sea juguete de los más osados, es dejar que se desarrollen las pasiones populares que tarde o temprano no podrán menos de producir espantosas catástrofes. En una palabra, trabajemos para que nadie al visitar nuestra populosa y queridísima ciudad se marche entristecido, exclamando: ¡Aquí no hay Biblioteca!”

Ha transcurrido más de un siglo desde que fue escrito este texto. Hoy, con toda probabilidad Francisco Cabrera nos felicitaría porque, afortunadamente, en Las Palmas de Gran Canaria ¡hay bibliotecas! En efecto, una parte del camino está ya recorrido. Ahora hay que trabajar para que este valioso recurso de sus frutos, y para que aquella negativa estadística con la que iniciábamos este texto sea felizmente transformada y el libro continúe siendo “…el cimiento de la civilización…”, ya sea como sólida base de papel o como intangible código disuelto en el espacio digital.


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Cines de papel en El Museo Canario

El archivo de El Museo Canario se ha visto incrementado con la incorporación de una agrupación de documentos integrada por más de 600 sueltos impresos publicitarios de carácter cinematográfico. Este singular conjunto, donado por Josefina y María de los Ángeles Domínguez Mujica,  constituye una fuente de indiscutible valor para el estudio de la exhibición cinematográfica en Gran Canaria, y de manera especial en el municipio capitalino de la isla.

A través de estos sueltos podemos rememorar una forma de ver cine ya perdida. Hoy, que estamos acostumbrados a las multisalas, los cinematógrafos de pantalla única ya forman parte de un pasado que, aunque cercano, es desconocido por las nuevas generaciones. Al cierre de estos verdaderos “templos oscuros” –tal como los denominó el profesor Álvaro Ruíz–, le sucedió en muchos casos su demolición. Así, cines tan emblemáticos como el Teatro-Circo del Puerto, o los cines Avenida (antiguo Hollywood), Cairasco, Plaza o Royal, entre otos,  han desaparecido de nuestro entorno urbano; mientras que algunos, como el Capitol, Litoral, Los Ángeles o Scala, han permanecido reconvertidos en establecimientos dedicados a otros usos como supermercados, salas de bingo, colegios, viviendas u oficinas. Por esta razón, en la actualidad nuestras ciudades y pueblos se han quedado sin unos espacios para el ocio que durante décadas animaron la vida de los ciudadanos. Caso aparte lo constituyen aquellos que, por fortuna, han sobrevivido transformados en teatros como sucede en Las Palmas de Gran Canaria con los cines Cuyás y Avellaneda, actuales Teatros Cuyás y Guiniguada; o en Santa Brígida y Sardina de Sur, entre otros, con sus antiguos cines hoy transformados en espacios culturales para el disfrute de todos.

Pero volvamos al pasado. Entre las décadas de 1940 y 1970, etapa de verdadero esplendor de los cines de pantalla única, el estreno o restreno de alguna película, venía acompañado –tal como sigue sucediendo en la actualidad–, de una serie de elementos que servían como medio de propaganda y difusión de las proyecciones. Hoy estamos acostumbrados a grandes troquelados que a modo de photocall están instalados en los pasillos y vestíbulos de los multicines; o a anuncios de gran formato que ocupan vitrinas en marquesinas de paradas de guaguas. Pero en aquellas décadas doradas del séptimo arte, eran las fachadas de los cines las que se ornaban con grandes murales alusivos a las películas, convirtiéndose las ciudades en verdaderos escenarios fílmicos. Asimismo, también eran distribuidos unos sueltos  de pequeño tamaño que, en ocasiones, adquirían formatos caprichosos con los que se pretendía atraer la atención de los aficionados a las taquillas de los cines. Esos sueltos presentaban impresos en una cara la imagen alusiva a la película anunciada y el dorso quedaba habitualmente en blanco para que fueran los empresarios de los cines receptores los encargados de personalizarlos, añadiendo sus logotipos, nombres de los locales de exhibición e incluso dibujos de sus fachadas.

En este último sentido, es muy interesante cómo esas trazas de los paramentos se convierten en una fuente de gran valor para reconstruir la historia y el aspecto que tenían en su origen los ahora derruidos inmuebles. Es el caso del Cine Cairasco, cuya fachada -ya inexistente- ha quedado para la historia impresa en el dorso de uno de estos sueltos.

En definitiva, estos impresos publicitarios ahora recibidos en El Museo Canario –que se complementan con los que integran otra de las colecciones preexistente en nuestro archivo– se convierten en una fuente de gran interés tanto para la historia del cine como para restaurar la memoria de la arquitectura del espectáculo.


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Documento del mes de febrero: carta de dote (Siglo XVII)

Inscrita en el programa La Pieza del Mes correspondiente al año 2018, presentamos este mes de febrero una carta de dote que conservamos en el archivo de El Museo Canario otorgada en el siglo XVII ante el escribano José García.

A través de este documento podemos acercarnos al papel que la mujer desempeñó durante la Edad Moderna. En un contexto de prevalencia masculina, la mujer tenía un rol marcado por la sumisión, el sometimiento, la obediencia y la subordinación al hombre, categorías que tienen su expresión más evidente en la limitada capacidad de obrar y la obligatoriedad de la licencia marital para la mujer casada, o en la nula participación de la joven soltera en un acto tan relevante para ella como su propio matrimonio.


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100 años de la Escuela Luján Pérez (I): primer libro de contabilidad

La Escuela Luján Pérez fue inaugurada en Las Palmas de Gran Canaria el 7 de enero de 1918. Por lo tanto, hace pocos días que se ha cumplido el primer centenario de su puesta en marcha. Con este motivo desde El Museo Canario, y con el apoyo que supone conservar documentos relacionados con dicho centro artístico en nuestro archivo, rendiremos homenaje a esta interesante institución fundada por Domingo Doreste ”Fray Lesco” (1868-1940) y que ha enriquecido el panorama artístico insular a lo largo del último siglo.

Primer libro de contabilidad

Comenzaremos este centenario recorrido documental a través del primer libro de contabilidad con que contó la Escuela. Se trata de un documento poco conocido que ha llegado a El Museo Canario formando parte del archivo personal de “Fray Lesco”, agrupación documental legada por su nieto Manuel Doreste Suárez a la Sociedad Científica grancanaria.

El volumen manuscrito, libro diario que abarca el espacio temporal comprendido entre enero de 1918 y marzo de 1923, está integrado por 100 páginas numeradas, de las que fueron utilizadas tan solo 73, quedando el resto en blanco. Da comienzo con el traslado de las cuentas previas a la instalación (p. 1-6), y continúa con las cuentas del centro artístico a partir de enero de 1918, asentándose los gastos y los ingresos ordinarios en orden cronológico y dispuestos en dos columnas.

Cuenta de la instalación (Libro diario, p. 1) (Archivo Domingo Doreste. El Museo Canario)

Cuenta de la Escuela (Libro diario, p. 7) (Archivo Domingo Doreste, El Museo Canario)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El interés que presenta esta relación contable estriba en que, a través de cada uno de los apuntes incluidos, puede rastrearse una parte de la historia de la propia Escuela. Así, un recorrido a través de las anotaciones que contiene nos permite conocer mejor desde los aspectos más relevantes –profesorado, instituciones protectoras, materiales empleados en las obras artísticas, etc.– hasta los más anecdóticos –limpieza, cobradores, alquileres de casas, etc.

Sociedades, empresas y corporaciones protectoras de la Escuela Luján Pérez (Libro diario, p. 7) (Archivo Domingo Doreste, El Museo Canario)

En este sentido, es por todos conocido que fueron numerosas las instituciones públicas y privadas que apoyaron económicamente a la escuela en el momento de su puesta en marcha. Prueba de ello es que en la columna de “ingresos” figuren  consignadas las cantidades entregadas por El Gabinete Literario, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, el Club Náutico, la Casa Woermann o por todos aquellos que participaban en la suscripción popular abierta para obtener fondos. Todo ello demuestra el elevado nivel de implicación de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria en estos años iniciales de la andadura de la Luján Pérez.

Por otro lado, también está de sobra acreditado que Enrique García Cañas, Nicolás Massieu y, sobre todo, Juan Carló fueron los primeros profesores de la Escuela, por lo tanto no es extraño que sus nombres aparezcan en el volumen contable. A través de él podemos conocer ahora cuál era su sueldo mensual (150 pesetas), y también otros detalles, como lo habitual que era que Carló solicitara anticipos de sus retribuciones.

Apuntes contables de los honorarios recibidos por Enrique García Cañas y Juan Carló (Libro diario, p. 7) (Archivo Domingo Doreste, El Museo Canario)

Finalmente, no podemos pasar por alto la inclusión de numerosos apuntes relacionados con el ámbito puramente artístico. Así, está recogido entre los gastos lo abonado por la compra de yeso, escayola, papel para dibujo o barro para modelar, así como lo pagado a los modelos que posaban para los alumnos.

Anotaciones sobre material artístico adquirido (Libro diario, p. 8) (Archivo Domingo Doreste, El Museo Canario)

En definitiva, las obras de arte salidas de la inspiración de los alumnos miembros de la Escuela Luján Pérez son fundamentales para conocer la evolución y trayectoria de esta institución. Sin embargo, no podemos olvidar que la historia artística también está en los documentos. Así, la información contenida en este libro de contabilidad contribuye a conocer mejor la dinámica y organización de este centro de arte durante los primeros años de su andadura.


 

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El archivo personal de Wölfel en El Museo Canario

Acto-ArchivoWolfeEl año 2018 ha dado comienzo en El Museo Canario con una buena noticia archivística: la recepción oficial del denominado Archivum Canarium, conjunto de documentación personal reunida por Dominik Josef Wölfel (1888-1963), investigador austriaco que tuvo en la historia, geografía, antropología, etnografía y lingüística canarias su objeto de estudio preferente. Por lo tanto, a través de esta agrupación de documentos puede ser rastreada la actividad desarrollada por el erudito vienés a lo largo de su trayectoria profesional, recorrido en el que se cuentan dos viajes a Canarias realizados con la mediación de la Sociedad Científica El Museo Canario. Así, el primero tuvo lugar en 1932, mientras que la segunda visita se desarrolló en 1953. En ambos casos el profesor Wölfel se interesó por los archivos canarios, recopilando copias de buen número de documentos conservados en las Islas, pero también dictó conferencias y recibió encargos diversos, como el de realizar un inventario de la colección cerámica conservada en El Museo Canario, tarea ésta que quedaría inconclusa pero de la que se conservan, formando parte de su archivo, medio centenar de dibujos.

Dibujos de recipientes cerámicos conservados en El Museo Canario (Archivo D. Wölfel)

En un primer momento este archivo permaneció bajo la custodia directa de su titular, para pasar a finales de la década de 1930 a ser conservado en el Kaiser Wilhelm Institut de Berlín, y posteriormente en la Universidad de Kiel (Schleswig-Holstein, Alemania). Con el paso del tiempo, y tras la fundación en 1969 del Institutum Canarium de Viena, el archivo regresaría a Austria, país centroeuropeo desde el que llega ahora a Gran Canaria para pasar a formar parte de la sección de Fondos y colecciones privados de nuestra institución.

De una manera general, el archivo al que dio forma Wölfel está integrado tanto por los documentos recopilados por él mismo para realizar sus trabajos, como por los artículos y libros resultantes de estas investigaciones. Si atendemos a la naturaleza de la documentación conservada, ésta puede ser dividida en dos grandes agrupaciones o secciones:

I – Documentación gráfica: es esta sección la más significativa, tanto cualitativa como cuantitativamente. De una manera general, pueden ser establecidas cuatro subsecciones

  • Reproducciones de documentos históricos: está integrada esta sección por reproducciones fotográficas de documentos relacionados con Canarias cuyos originales se hallan conservados en diferentes archivos y bibliotecas hispanas y lusas. Este material presenta dos soportes básicos. Así, por un lado encontramos gran cantidad de material positivado sobre papel (manuscritos de las crónicas de Gómez Escudero, Sedeño, Marín de Cubas, etc.). Por otra parte, se localizan películas fotográficas y de microfilm, entre las que sobresale el manuscrito de la Descripción de las Islas Canarias, de Leonardo Torriani, cuyo original se custodia en la Biblioteca de la Universidad de Coimbra (Portugal).

    Copia fotográfica de la “Descripción histórica y geográfica de las Islas Canarias”, de Pedro Agustín del Castillo (Archivo D. Wölfel).  Original conservado en la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife.

  • Álbumes fotográficos y fotografías: el reportaje fotográfico realizado por Teodoro Maisch en la década de 1930 con motivo de la reapertura de El Museo Canario, y una recopilación de fotos fruto de los numerosos viajes realizados por el investigador, integran los dos álbumes conservados entre los papeles del estudioso vienés.

    Cerámica de Gran Canaria conservada en El Museo Canario (Teodoro Maisch, c. 1930) (Archivo D. Wölfel)

    Asimismo, la colección fotográfica es completada con más de 2500 copias sobre papel, preferentemente de temática geográfica y etnográfica, así como por negativos de imágenes de viajes de vacaciones realizados por Dominik Wölfel en la década de 1930.

  • Colección de postales: conformada por más de 250 unidades que reproducen diferentes espacios de Canarias y el norte de África (Túnez, Argelia, Marruecos, etc.), ámbitos de especialización del investigador creador del archivo.
  • Dibujos: reducida subsección conformada por dibujos arqueológicos de material conservado en El Museo Canario (cerámica, pintaderas, etc.)

II – Documentación textual: documentos mecanografiados y manuscritos, así como separatas de artículos y libros publicados por Wölfel.

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El Museo Canario en sus documentos (IV): la correspondencia

Carta remitida por Diego Ripoche a Víctor Grau, primer conservador de El Museo Canario (1879)

La correspondencia recibida por El Museo Canario es objeto de nuestra atención en la cuarta entrega de esta serie a través de la que nos aproximamos a la documentación que forma parte del archivo general institucional.

Esta serie documental presenta un gran volumen de unidades, conservándose el registro completo desde la fundación de la Sociedad Científica hasta la actualidad, resultando su ordenación determinada por la fecha de redacción de cada una de las misivas. No obstante, a nadie se le escapa que en las últimas décadas, a raíz de la generalización del empleo del correo electrónico, el formato de este tipo de documentos ha variado, siendo más habituales las comunicaciones digitales frente a las que presentan el soporte de papel, base material que servía de sustento a estas cartas tradicionales de las que nos ocupamos.

La importancia que presenta esta tipología documental viene dada por la rica información que encierra, convirtiéndose en un apoyo de incalculable valor para completar las referencias contenidas en otros escritos conservados en este mismo fondo documental. Además, el valor informativo de estas epístolas se acrecienta si tenemos en cuenta que muchas de ellas –especialmente las recibidas hasta mediados del siglo XX– nunca fueron incorporadas al expediente en el que debían estar incluidas en razón del procedimiento o actividad a la que se referían. Así, esta práctica de mantenerlas aisladas e individualizadas formando una serie continua –además de ser ilustrativa de sistemas de gestión documental pretéritos en los que se otorgaba todo el protagonismo a los documentos simples frente a los compuestos–, obliga a que no baste sólo con acceder al expediente en sí mismo cuando éste existe, sino que se hace precisa la consulta de las cartas correspondientes al año o años en que fue generado aquél para obtener una visión general y más completa del tema objeto de nuestro estudio o atención.

La información ofrecida por estas cartas es de muy diversa índole:

Solicitud del salón de actos para la exposición del grupo LADAC (1949)

 

  • Cartas relacionadas con la celebración de actos (solicitudes para organización de exposiciones temporales, dictado de conferencias, organización de ciclos y recitales poéticos, celebración de conciertos, presentación de publicaciones, etc.).

 

 

  • Cartas relativas a la adquisición de material. Especialmente abundantes son las alusivas a la compra de material bibliográfico y cartográfico (ofertas, solicitudes, relaciones de precios, respuestas, etc.), así como las cartas comerciales a través de las que se ofertaba material museístico y bibliotecario (vitrinas, archivadores, armarios, etc.),  o se daban a conocer otros servicios propios de museos y centros de documentación (fumigación, etc.).

Sebastián de la Nuez promueve la adquisición de su libro “La zarza ardiendo” (1949).

Salvat editores ofrece el tomo V de la Historia del Arte Hispánico (1949).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ramón F. Castañeyra se interesa por el origen de la población de las Islas (1880).

 

  • Correspondencia relacionada con aspectos científicos, especialmente vinculada con los ámbitos arqueológico y documental (intercambio de reflexiones e investigaciones, solicitudes de estancias y visitas científicas, solicitudes de reproducción de documentos y de imágenes de material arqueológico, intercambio de material, etc.)

 

Depósito de material arqueológico en El Museo Canario (Ministerio de Educación Nacional, 1964)

 

 

 

 

  • Cartas remitidas por otras instituciones y organismos tanto locales como nacionales e internacionales (ayuntamientos, cabildos, ministerios, instituciones culturales y científicas, museos, etc.).

 

 

 

 

De este modo, las cartas representan de manera fidedigna la vida cotidiana del museo, conteniendo no sólo numerosos datos, sino sobre los más variados temas. Teniendo en cuenta que son abundantes las noticias que únicamente figuran registrados en este tipo de documentos, su cotejo y lectura constituye un ejercicio a través del que se contribuye a completar la trayectoria descrita por la institución que los ha generado, pero –debido al papel central que desempeña El Museo Canario en el contexto insular– también favorece el mejor conocimiento del devenir histórico de la cultura en la isla de Gran Canaria.

Carta relativa a la adquisición de libros (1957)

Cirilo Suárez solicita el salón de actos para una exposición (1948)


 

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El Museo Canario en sus documentos (III): los inventarios

Nuestro recorrido archivístico en torno a la documentación generada por El Museo Canario a lo largo de su historia nos lleva al tratamiento de una serie documental de gran importancia para cualquier institución museística: los inventarios de material. En esta ocasión, a modo de ejemplo y, ante todo, por la importancia que presentan en el sistema de documentación general de El Museo Canario, nos detendremos en los inventarios que fueron redactados a lo largo de la segunda mitad de la década de 1930.

Pero… ¿Qué es un inventario?

Un inventario es un instrumento de descripción y control que surge como resultado de los trabajos de documentación desarrollados en cualquier museo. Como herramienta descriptiva ofrece información ordenada y sistematizada sobre las características y naturaleza de cada uno de los objetos que forman parte de una colección determinada o del fondo completo de una institución. Datos como los números de registro e inventario, el tipo de objeto, la procedencia, las dimensiones, el peso, el estado de conservación, la fecha de ingreso,  la técnica o la descripción formal, entre otros pormenores, han de figurar, por tanto, en cualquier inventario. Por otro lado, como instrumento de control, estos documentos se revelan como un utensilio de primer orden para el adecuado examen, vigilancia y trazabilidad de cada una de las piezas, tanto mientras éstas permanecen en el depósito o en la exposición permanente, como cuando se mueven de manera externa al ser solicitadas en préstamo.

Asimismo, tal como hemos señalado con anterioridad, los inventarios -al igual que los libros de registro y los catálogos-, adquieren todo su sentido como eslabón fundamental en la actividad de documentación desarrollada en cualquier museo. Ofrecen una información tan completa e irremplazable sobre el origen, historia y trayectoria de los objetos que podemos afirmar que constituyen herramientas básicas para el mejor conocimiento de la propia institución. Por lo tanto es una tarea imprescindible no sólo confeccionarlos, sino también acumularlos y conservarlos en los archivos de los museos para facilitar así la reconstrucción de la historia de las colecciones.

Los inventarios de El Museo Canario (1937)

A pesar de que las relaciones de piezas existían ya en El Museo Canario desde las primeras décadas de su andadura, a nadie se le escapa que aquéllos eran instrumentos de descripción de carácter parcial -como el redactado en 1881 (ES 35001 AMC/AMC 1211) o los elaborados en 1887 (ES 35001 AMC/AMC 1209) y 1892-, que hacían referencia de una manera especial a los materiales cerámico y bibliográfico respectivamente. Algunos años más tarde, en 1898, el conservador Francisco Cabrera Rodríguez presentó el inventario-catálogo de la sección antropológica. A pesar de que, como el mismo autor afirmaba, el documento “…carecía del sabor científico indispensable en esa clase de trabajos…” (Junta directiva, 22 de noviembre de 1898), lo cierto es que cumplió su función y sirvió, entre otras cosas, para evidenciar la ausencia de 17 cráneos de la colección que habían sido prestados algunos años antes y no habían sido devueltos. Se manifiesta así el poder del inventario como un instrumento muy útil a través del que controlar la integridad de los fondos de un museo.

Sin embargo, como hemos señalado, estos primeros documentos descriptivos no eran completos, reconociendo en 1908 los directivos de la sociedad científica grancanaria la inexistencia de un inventario completo, entre otras cosas por la “..falta de clasificación de algunos objetos…” (Junta directiva, 13 de enero 1908). El reconocimiento de esa carencia hizo reaccionar a los miembros del museo, encargando pocos meses más tarde a Manuel Naranjo Sánchez, preparador de El Museo Canario, la formación del inventario general, tanto de los objetos museísticos como de los documentales.

Manuel Naranjo Sanchez Firma

Manuel Naranjo Sánchez comenzó a trabajar en El Museo Canario en enero de 1900, tras ser aceptado su ingreso como oficial preparador por la junta directiva en sesión celebrada el 20 de diciembre de 1899. Durante los 40 años en que desarrolló su actividad laboral en la institución museística, su actividad fue diversa, colaborando allí donde era necesario, ya fuera, entre otras cosas, distribuyendo la colección de reproducciones artísticas (1908), o encuadernando la colección de periódicos (1909). No obstante, su actividad más relevante no fue otra que la elaboración de inventarios.

AMC 1220 Antropologia

Sección de antropología (1909) [ES 35001 AMC/AMC 1220]

Desde una temprana fecha, en 1902, había participado en la confección del catálogo-inventario de la biblioteca institucional. Sin embargo, fue a partir de 1909 cuando la confección de inventarios constituyó su tarea fundamental.

Así, en 1910 presentó los referidos al mobiliario y libros existentes en el laboratorio del museo, así como los inventarios de las secciones de antropología, zoología y paleontología. Estas relaciones de material, además de recoger los números de registro de las piezas existentes, también ofrecen una imagen de cómo estaba dispuesto el museo en su antiguo emplazamiento municipal al tomar como referencia los estantes y vitrinas en que se disponían las piezas.

Veintisiete años más tarde, en enero de 1937 y siguiendo las directrices del reglamento aprobado por la junta directiva el 12 de agosto de 1930, el mismo preparador, Manuel Naranjo Sánchez, entregó un nuevo  “…inventario detallado de los objetos expuestos en la sección de antropología y otro de los objetos expuestos en la sección de geografía física…”.  A los pocos meses, en abril del mismo año,  el citado oficial preparador procedió a depositar en la secretaría del centro un documento en el que se relacionaban las piezas correspondientes a las secciones de prehistoria y cerámica extranjeras, reseñando diversos datos de cada objeto entre los que se contaban la procedencia, el donador o el estante en que se hallaban.

Cerámica extranjera (1937)
[ES 35001 AMC/AMC 1230]

Antropología (1937)
[Es 35001 AMC/AMC 1237]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por otro lado, entre diciembre de 1937 y enero de 1938 fue remitido un nuevo inventario referido a la sección de mineralogía y petrografía. En esta ocasión no sólo fueron incorporados los minerales y las rocas que daban forma a la colección, sino también un breve comentario sobre los investigadores que habían contribuido a su clasificación científica (Lucas Fernández Navarro, dr. Boucart y Simón Benítez Padilla).

Finalmente, al finalizar el año 1938, dos años antes de su fallecimiento, Manuel Naranjo hizo entrega del catálogo-inventario del material malacológico.

Cada uno de estos inventarios, así como los confeccionados con posterioridad, pueden ser considerados documentos básicos para la historia de las colecciones custodiadas en El Museo Canario. A través de ellos puede ser rastreada la historia de cada objeto y, al mismo tiempo, al custodiarse relaciones realizadas en diferentes fechas, puede ser descubierta la evolución y crecimiento de cada una de las secciones. En definitiva, estos instrumentos descriptivos y de control constituyen una de las herramientas de trabajo habitual para los conservadores y técnicos, tanto en la época de su redacción como en la actualidad. De hecho, los inventarios mencionados aquí, y otros confeccionados en décadas posteriores, se han  convertido en fuentes ineludibles para estudios e investigaciones, entre los que destacamos el Catálogo de pintaderas publicado por El Museo Canario en 2013.


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