Ingreso de nuevos documentos sobre el músico Cristóbal del Rosario

Cristobal del Rosario AMC

Cristóbal del Rosario González (1899-1946)

Los fondos y colecciones musicales de El Museo Canario han sido enriquecidos este mes de julio con la donación realizada por doña María del Pino del Rosario del Rosario. La generosa donante, nieta del músico Cristóbal del Rosario González (Las Palmas de Gran Canaria, 1899-1946), además de ceder un volumen impreso fechado en 1895 y una fotografía (copia sobre papel) que inmortaliza a los miembros de una banda de música, ha hecho entrega de un cuaderno que, bajo el título de «Historial», recoge un buen número de recortes de prensa, sueltos impresos y anuncios de espectáculos y actuaciones protagonizados por el maestro Del Rosario, además de cartas y documentación vinculada con la propiedad intelectual de las obras escritas por el compositor.

Este «Historial» constituye, sin duda, un volumen de gran valor documental. A través de los diferentes testimonios que lo integran podemos conocer mejor la trayectoria descrita por el músico grancanario entre las décadas de 1930 y 1940, período de gran actividad de nuestro protagonista y durante el cual fue generada la mayor parte de los documentos que dan forma a esta interesante unidad documental.

Título: Historial: dosier relacionado con la actividad artística y musical desarrollada por Cristóbal del Rosario.

Volumen y soporte: 40 h. : papel

Fechas: 1925-1945 (preferentemente 1930-1945)

Productor: Rosario, Cristóbal del(acumulador)

Alcance y contenido: dosier relacionado con la actividad artística y musical desarrollada por Cristóbal del Rosario, músico grancanario, instrumentista, fundador y director de diversas formaciones musicales, miembro y subdirector de la Banda Municipal de Las Palmas de Gran Canaria. Contiene recortes de artículos de prensa, programas de mano de conciertos, anuncios de prensa, sueltos impresos publicitarios, cartas y carteles.

Características físicas: el dossier se encuentra encuadernado, habiéndose empleado las cubiertas de cartón como elemento sustentante de los documentos. Los recortes de prensa y el resto de los documentos acumulados están adheridos sobre cada una de las páginas de un álbum. De las 40 hojas que lo conforman, 16 se conservan sueltas, por haberse añadido al conjunto después de haber sido este encuadernado.

Estado de conservación: la unidad presenta deterioro causado especialmente por efectos de la humedad. Además, las hojas que dan forma al volumen se hallan sueltas en algunos casos, presentando una gran parte de la documentación dobleces, roturas y arrugas.

Veamos algunos de los documentos que forman parte de este original y relevante «Historial»:

Cine Colon 1936 AMC

Suelto impreso. Anuncio de función benéfica celebrada el 19 de febrero 1936 a cargo de la agrupación Espectáculo Rivary, fundada y dirigida por Cristóbal del Rosario, y con la participación de la orquesta de 10 profesores por él dirigida.

La relación del compositor con el Cine Colón (Las Palmas de Gran Canaria) fue muy intensa. Tal como nos informa Pedro Bolaños García en su obra Cristóbal del Rosario (1899-1946): del olvido a la memoria  (Las Palmas de Gran Canaria: Rals, 2010, p. 38), durante la década de 1920 acompañaba al piano las películas mudas proyectadas en este local cinematográfico.


TC Arucas fray Mocho 1938 AMC

Suelto impreso. Anuncio de la función de variedades celebrada en el Teatro Circo de Arucas (Gran Canaria).

El orfeón “Fray Mocho” —denominación tomada de una revista publicada en Argentina— fue fundado por Cristóbal del Rosario con el fin de amenizar las fiestas de carnaval. En sus funciones esta agrupación vocal e instrumental interpretaba obras del propio Del Rosario. A lo largo de su vida Del Rosario fundó diversas agrupaciones musicales (orquestinas, orfeones, etc.) mediante las que animó la vida social y cultural del momento.


Carta banda municipal AMC 1931b

Carta (1931). Nombramiento de Cristóbal del Rosario González como profesor de la banda de música municipal.

El reconocido y célebre compositor también formó parte de la Orquesta Filarmónica de Las Palmas, además de impartir clases a alumnos de música.


Cine Galdós 1936 AMC b

Cartel anunciador de los bailes populares de Carnaval organizados por Cristóbal del Rosario en 1936.

El compositor fue un gran animador de la vida social y cultural en la isla de Gran Canaria durante las décadas de 1930 y 1940. En esta ocasión lo encontramos presentando su espectáculo en el Teatro Cine Galdós (Tamaraceite, Las Palmas de Gran Canaria).


A partir de ahora, este interesante dosier, así como el resto de los documentos donados, se sumará a la escasa documentación que del compositor se custodia en El Museo Canario, creciendo así el valor del Archivo de Música y Compositores Canarios (AMC/MCC) conservado en nuestra institución. Agradecemos a doña María del Pino del Rosario del Rosario su generosa y desprendida donación.

Historial baja AMC

“Historial” conteniendo documentos relacionados con el compositor Cristóbal del Rosario González.


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#EmpoderarLosArchivos el Día Internacional de los Archivos

Hoy, 9 de junio, celebramos el Día Internacional de los Archivos. Hace catorce años el Consejo Internacional de Archivos acordó que todos los 9 de junio, en recuerdo de la fecha de la fundación de esta institución archivística (9 de junio de 1948), se celebraría un día especial con el fin de reivindicar el papel de los archivos, no solo visibilizando los procesos técnicos y las actividades que los archiveros llevan a cabo en el desarrollo de su trabajo, sino subrayando el importante papel que desempeñan estas unidades de información en la sociedad (depositarias de los derechos de los ciudadanos, aliadas imprescindibles en la aplicación de las políticas de transparencia, apoyo informativo en investigaciones y en otros múltiples aspectos, etc.). En la edición correspondiente a 2021 esta fecha es celebrada bajo el lema #EmpoderarLosArchivos.

Al margen de que sea un término que esté más o menos de moda o que pueda ser causa de enfrentamiento entre los defensores o detractores de su uso, “empoderar” es un verbo que, tras un período en que desapareció de nuestro diccionario, fue añadido en el de la Real Academia Española en el año 2014. No obstante, con anterioridad ya había figurado en el repertorio lingüístico hispano como sinónimo de “apoderar”. En 2014 fue incorporado al vocabulario estableciéndose dos acepciones:

Esta concepción de empoderamiento —especialmente en su primer significado y a raíz de haber surgido como traducción del verbo inglés to empower— es una acción que, sin duda, podemos aplicar al ámbito de los archivos. Por un lado, es efectivamente necesario emprender el camino hacia el fortalecimiento de la profesión, y, del mismo modo, es indudable que no formamos parte de un grupo social, pero sí de una comunidad profesional desfavorecida. No es momento para lamentaciones, pero hay que recordar que, por regla general, el trabajo archivístico es poco conocido y, por tanto, escasamente  valorado por la sociedad en la que se inserta y a la que, paradójicamente, sirve. Tanto es así que esta profesión de archivero —archi…¿qué?, suelen preguntar con asombro cuando dices a lo que te dedicas— todavía sigue resultando una gran incógnita para muchos. Se continúa identificando a los archiveros con esos eruditos que viven entre papeles viejos, cuando en la actualidad no tenemos por qué ser eruditos, solo profesionales de la información y la documentación, y tampoco tenemos por qué trabajar entre papeles viejos. Tanto es así que incluso muchos ya no trabajan, ni tan siquiera, con papeles en el sentido estricto,  sino con documentos electrónicos y mapas de bits.

El camino hacia el empoderamiento discurre de manera paralela al del trabajo y al de la mejora continua, pero también es una vía que no puede ser recorrida con éxito sin la difusión, sin darnos a conocer, sin hacer comprender que el archivo —los archivos— es imprescindible. Desde el archivo de oficina hasta el histórico; desde el de una pequeña institución o empresa hasta el generado y custodiado por una multinacional o institución gubernamental; desde el de un colegio hasta el de cualquier centro universitario; desde el producido por el más grande y rico de los museos hasta el acumulado por esos numerosos, y no menos valiosos, pequeños museos. Todos los archivos son imprescindibles. No únicamente porque en ellos residan la memoria y la historia. sino ante todo, porque entre los documentos que los integran se hallan recogidos los acuerdos, los convenios, los compromisos, las decisiones que hacen de cada institución, de cada órgano, de cada administración, lo que son, lo que han sido y lo que serán.

Pero no debemos olvidar que el empoderamiento no es, como han recordado muchos estudiosos del tema, una meta que podamos alcanzar de manera unilateral a través solo de nuestro trabajo. Nos empoderamos, sí, pero, sobre todo, nos hacen poderosos los demás. De ahí que no sea baladí insistir en la difusión del trabajo archivístico. Los procesos técnicos archivísticos son unos grandes desconocidos para la mayoría de la población, incluso para muchos usuarios de los archivos. Solo dándolos a conocer, convirtiendo a los archivos y a la archivística en temas recurrentes, estando presentes en los foros profesionales y también, ¿por qué no?, en los medios de comunicación, podremos contribuir un poco más a que esa fortaleza sea una realidad.

Como señalamos con anterioridad, un día como hoy no es momento para lamentaciones ni victimismos. Hay que continuar trabajando y mejorando. Hay que hacer comprender que, incluso cuando la palabra aún no existía, los archivos ya nacieron empoderados, fuertes y necesarios, porque en ellos se encierra toda nuestra vida. Eso sí, una vida, una cultura, una existencia, unos derechos, una historia, siempre clasificados, ordenados, descritos y digitalizados… que por algo somos archiveros.

¡Feliz Día Internacional de los Archivos!

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El #DíaMundialdelLibro entre libros prohibidos

Celebrar el #DíaMundialdelLibro –conmemoración surgida, entre otras cosas, con el objetivo de fomentar la lectura– y poner el foco de atención sobre la censura,  puede parecer una paradoja. Sin embargo, no debemos perder de vista que, aunque nosotros nos encontremos en un entorno en el que podemos –y debemos– festejar la libertad para leer, todavía en la actualidad hay países en los que las censuras civil y moral son ejercidas de una manera institucionalizada. Porque… ¿quién podría pensar que la saga Harry Potter o que el primer número de ¿Dónde está Wally? estuvieron vetados en algunos estados americanos? ¿Quién imagina que La colmena o La regenta pudieron estar condenados en nuestro país por el régimen franquista? Sin duda, la censura es todavía hoy una realidad, si bien, fue en el pasado histórico, especialmente durante la Edad Moderna, cuando alcanzó un enorme auge.

Anoche, con motivo del Día del Libro, les propusimos hacer un viaje virtual a ese pasado tomando como punto de referencia algunos de los libros prohibidos que forman parte del fondo antiguo de la biblioteca de El Museo Canario, selección bibliográfica que en la actualidad está en proceso de estudio. Si quieres conocer un breve resumen del contenido de esta visita, puedes acceder a estas tres salas. Podrás conocer mejor nuestro patrimonio documental y, al mismo tiempo, descubrirás uno de los episodios más relevantes de la historia de la intolerancia. ¡Comencemos nuestro recorrido!

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Expediente sobre la expurgación y censura de la Novena a San Miguel (Inquisición de Canarias, ES 35001 AMC/INQ CLIX-17, 1781)

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La correspondencia: fuente para la historia

Borrador de la carta remitida por Juan Ismael a José Julio Rodríguez
(ES 35001 AMC/JI-276)

Si afirmamos que la carta -y la correspondencia en general- constituye, en la mayoría de los archivos personales, una de las tipologías documentales más abundantes, no estaremos descubriendo nada nuevo. En efecto, en la mayoría de los fondos y colecciones privado-personales las cartas suelen adquirir un gran protagonismo, eclipsando, en algunas ocasiones, a otras series documentales. Porque si hay una tipología documental que esté presente en la mayor parte de los archivos personales –si no en todos-, esa es la carta. Así, a pesar de que cada archivo o colección personal contiene tipos documentales muy heterogéneos, lo más habitual es que todos presenten en su cuadro de clasificación la “Correspondencia” como una sección o como una serie, pero siempre desempeñando un papel central en el contexto archivístico en que se inserta.

Es esta una tendencia que podemos corroborar en varias agrupaciones documentales que conservamos en el archivo de El Museo Canario:

FONDO / COLECCIÓN Nº DE CARTAS VOL. TOTAL % CARTAS
Juan Ismael     400    708 56,5 %
Gregorio Chil y Naranjo     1110  2472 45 %
Fernando de León y Castillo    1000  1344 74,5 %
Benito Pérez Galdós      283    304 96,1 %
Antonino Pestana Rodríguez       891  5544 16 %
Galería Wiot         69     331 20,9 %

Con estos datos, el mejor conocimiento de la actividad artística protagonizada por Juan Ismael, así como el ambiente en el que se desenvolvió y desarrolló su obra el pintor surrealista; la relevante labor de Gregorio Chil y Naranjo como antropólogo e historiador, así como los contactos que mantuvo con insignes investigadores de su tiempo; la brillante trayectoria política descrita por Fernando León y Castillo; el no menos deslumbrante quehacer literario de Benito Pérez Galdós; la vida de Antonino Pestana, así como la de otras muchas personalidades palmeras de las que conservó un gran volumen documental entre sus papeles personales; y el devenir de la primera galería de arte instalada en Las Palmas de Gran Canaria, tienen en la relación epistolar sostenida por sus protagonistas una fuente de información de primer orden.

Carta remitida por Benito Pérez Galdós (ES 35001 AMC/BPG-039)

Pero, sin lugar a dudas, si a la importancia de las cartas como portadoras de información nos estamos refiriendo, tenemos que poner en un lugar de privilegio el interesante archivo personal reunido y generado por Antonio López Botas (1818-1888). Esta agrupación documental ingresó vía donación en El Museo Canario el 29 de diciembre de 2020, gracias a la generosidad manifestada por la familia Cambreleng Roca, heredera y última poseedora de los papeles del que fuera, además de diputado y senador, alcalde de Las Palmas de Gran Canaria entre 1861 y 1868.

En este conjunto de documentos presenta una gran riqueza la sección Correspondencia. Integrada por las misivas que recibió Antonio López Botas a lo largo de su vida, su cronología abarca el espacio temporal comprendido entre 1850 y 1887. Estas casi cuatro décadas coinciden con el período de plena actividad de López Botas, hecho que convierte a las cartas que recibió en una fuente de gran valor para la reconstrucción de su trayectoria. Por tanto, estas epístolas constituyen un reflejo de su carrera política y de sus logros profesionales y personales. Además, en ellas están contenidos los hitos que jalonan el devenir de una época. Así, entre sus líneas podemos descubrir huellas de las luchas y los enfrentamientos políticos de la época; podemos hallar rastros de la actividad electoral; pueden ser estudiados aspectos relacionados con el desarrollo de las infraestructuras -especialmente en lo referente al avance de las obras en los puertos y carreteras de Gran Canaria-; y, entre otros aspectos, pueden ser analizados asuntos tan relevantes en la historia del archipiélago como el pleito insular y la división provincial. De este modo, a través de las cartas enviadas por remitentes tales como Domingo José Navarro, Felipe Massieu y Falcón, Ventura Ramírez de la Vega, Luis Navarro Pérez o Juan y Fernando León y Castillo, podemos contextualizar un poco mejor la situación política imperante entre 1850 y 1880 en Gran Canaria.

Cartas remitidas a Antonio López Botas
(El Museo Canario)

Pero no solo resultan interesantes sus contenidos. Por el contrario, impresiona el enorme volumen que presenta. Se estima -ya que todavía se halla en proceso de organización y descripción- que figuran  algo más de 20 000 cartas, constituyendo, con diferencia, el archivo personal con mayor número de documentos de este tipo que conservamos en nuestra institución. Sin lugar a dudas, además de la información que presentan, la conservación de tal número de cartas no viene sino a confirmar el uso constante y habitual que de la correspondencia se hizo en la segunda mitad del siglo XIX, etapa en la que la epístola se convirtió en el instrumento comunicativo por excelencia.

En definitiva, hoy que tan poco acostumbrados estamos a escribir cartas -o las escribimos, en el mejor de los casos, en un soporte digital-, las que integran estos archivos privado-personales contienen, en la mayor parte de las ocasiones, información de primer orden para reconstruir el pasado de una institución, de una empresa o de una persona. Ahí reside su gran valor y su necesidad de conservación y difusión, respetando siempre, en este último aspecto, las restricciones que, en materia de reserva y protección de datos personales, están recogidas en las disposiciones legales vigentes.

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Documentos musicales: El Museo Canario y la Sociedad Filarmónica de Las Palmas de Gran Canaria

Reglamento de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas de Gran Canaria (1855).
Archivo de Agustín Millares Torres (El Museo Canario).

Los interesantes documentos de carácter musical (partituras, programas, sueltos impresos, reglamentos, etc.) que integran los fondos y colecciones conservados en El Museo Canario convierten a su Centro de documentación en uno de los depósitos musicales de referencia en nuestro archipiélago. Así, no debe resultar extraño, que los estudios musicológicos y aquellos que tienen como objeto central la historia de la música insular tengan en nuestra institución una fuente de información ineludible. Asimismo, los comisarios de exposiciones en las que la música supone el motivo central, encuentran entre los papeles custodiados en la Sociedad Científica curiosos y sugerentes evidencias documentales a través de las que ilustrar el discurso expositivo propuesto.

La conmemoración del 175 aniversario de la fundación de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas de Gran Canaria ha sido la excusa perfecta para poner en marcha una de esas muestras a las que aludimos. La exposición, organizada por la propia Sociedad Filarmónica, supone una oportunidad para dar a conocer la trayectoria histórica descrita por una de las instituciones culturales más antiguas de Canarias y, al mismo tiempo, constituye una oportunidad para reflexionar y reconocer el papel de primer orden que ha desempeñado en el contexto cultural de la capital grancanaria durante los últimos 175 años.

Vista general de la exposición “175 aniversario de la Sociedad Filarmínica de Las Palmas de Gran Canaria”

EXPOSICIÓN: 175 aniversario de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas de Gran Canaria
SEDE:
CICCA (Centro de iniciativas de la Caja de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria)
FECHAS:
24 de septiembre – 06 de noviembre de 2020
COMISARIO:
Pedro Schlueter Caballero

Programa (6 de noviembre de 1869). Archivo Agustín MIllares Torres (El Museo Canario)

En la citada muestra, además de contar con documentos procedentes del propio archivo de la Sociedad Filarmónica y de otras colecciones particulares, se han incluido 31 unidades documentales que conservamos en nuestro archivo. Entre estos, podemos destacar el reglamento manuscrito de la sociedad redactado en 1855 que forma parte del archivo personal de Agustín Millares Torres, uno de los fundadores de la institución musical y cofundador, además, de El Museo Canario; catorce sueltos impresos, a modo de pequeños carteles, en los que se recogen los programas de otros tantos conciertos celebrados entre 1869 y 1935; tres pequeños programas de mano datados entre 1910 y 1915 en los que se reproducen grabadas en medio relieve las efigies de Beethoven, Lizt y Schubert; o un ejemplar de la edición de un cuarteto escrito por Camille Saint-Saëns que cuenta con una dedicatoria autógrafa del músico francés dirigida al maestro Bernardino Valle Chinestra, compositor y director de la orquesta de la Sociedad Filarmónica durante 30 años (1878-1920), y cuyo archivo personal integrado por la práctica totalidad de su obra se halla en El Museo Canario.

Programa (1915).
Archivo de música
(El Museo Canario)

Programa (1910).
Archivo Bernardino Valle (El Museo Canario)

Programa (1910).
Archivo Bernardino Valle
(El Museo Canario).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con el préstamo de esta treintena de documentos, El Museo Canario no solo continúa profundizando en su objetivo de difundir sus contenidos archivísticos, sino que  consolida su política de colaboración con otras instituciones cediendo de temporalmente interesantes documentos que completan las propuestas expositivas celebradas tanto en nuestro archipiélago como fuera de él.

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Conservando el Archivo de El Museo Canario: estrategias de conservación preventiva

La organización (clasificación-ordenación), la descripción y la difusión, así como la conversión digital, son los procesos técnicos que han adquirido un mayor desarrollo en los últimos tiempos en el ámbito archivístico. La necesidad de controlar y hacer accesibles los fondos a través de la confección de instrumentos descriptivos (catálogos, inventarios, etc.) y la puesta en marcha de actividades mediante las que dar a conocer los documentos,  han restado protagonismo a otros procedimientos. Es cierto que un archivo sin organizar y describir, en la práctica, no es un verdadero archivo sino un montón de papeles. Del mismo modo, divulgar esos fondos documentales a través de exposiciones y visitas, sitios web, catálogos en línea, redes sociales, blogs o utilizando cualquier otra herramienta de difusión, es una tarea absolutamente necesaria si lo que queremos es contar con un archivo vivo y, sobre todo, útil. Desde El Museo Canario impulsamos este concepto de archivo activo al servicio del público. En este sentido, no podemos olvidar que la transformación digital constituye un pilar fundamental si nuestro objetivo es acercar nuestros contenidos a los usuarios. En este sentido, no nos referimos solo a la digitalización de documentos para posibilitar su consulta remota, sino también a impulsar la transferencia de conocmiento empleando los medios que nos proporcionan las teconologías de la información y comunicación.

“Entre brujas y papeles” (Junio de 2020). Difusión del archivo de la Inquisición de Canarias.

Esta concepción de los archivos justifica que la organización, descripción y difusión ocupe, como señalábamos al principio, la mayor parte del tiempo del trabajo de los archiveros. Pero, no basta solo con describir, divulgar y digitalizar. También es necesario poner en marcha estrategias dirigidas a alcanzar una adecuada conservación de los documentos con el objetivo evitar su deterioro. Aunque no es nuestro tema central hoy, no podemos dejar de subrayar que, en este aspecto, la digitalización es un aliado de excepción ya que la consulta de objetos digitales permite reducir al mínimo la manipulación de los originales, reduciéndose así las posiblidades de alteración de los mismos.

Ahora bien, si a las prácticas de preservación nos referimos, mantener en los depósitos unas condiciones ambientales de humedad y temperatura adecuadas y adaptadas a cada tipo de material (papel, soportes ópticos, fotografías sobre papel, negativos de cristal o acetato, etc.), así como evitar, en la medida de lo posible, los cambios bruscos de los valores establecidos, pueden ser considerados aspectos que hay que tener siempre muy presentes en el diseño de un plan de conservación preventiva.

En el ámbito de la conservación preventiva no podemos olvidar que los contenedores en los que se alojan los documentos desempeñan un papel de primer orden. En este sentido, en El Museo Canario nos hemos propuesto dotar a los documentos históricos del mejor espacio preservativo posible. Con tal fin, en el presente ejercicio anual ha sido adquirido un importante volumen de material -cajas, camisas y fundas especiales para alojar material fotográfico- que nos permitirá mejorar las condiciones de conservación de nuestros fondos y colecciones documentales.

Cajas de conservación exentas de lignina.

Aunque hasta el momento en nuestro archivo ha sido empleado como contenedor básico la caja de archivo convencional de uso cotidiano, a partir de ahora los documentos históricos y aquellos papeles administrativos que se consideren de conservación permanente, serán instalados en cajas que, no solo los protegerán de la luz y del polvo, sino que los aislarán de la humedad. Además, al estar exentas de lignina, poseen una barrera defensiva que impide el envejecimiento de los soportes y los resguardan ante posibles daños causados por migraciones externas. Por otro lado, las cajas presentan un sola pieza, lo que facilita su montaje, y carecen de herrajes metálicos. Además poseen una apertura superior, lo que permite el almacenamiento horizontal, hecho que redunda en una mejor conservación de la documentación alojada en su interior.

Camisas libres de ácidos y lignina.

Por otro lado, las camisas de papel constituyen un elemento fundamental para la adecuada preservación de las unidades puesto que, a modo de carpetilla, permiten aislar el documento manteniéndolo libre de cualquier agresión externa (polvo, luz, reacciones químicas nocivas, acción de otros documentos, etc.). Están confeccionadas con material libre de ácidos y lignina y carecen de blanqueantes añadidos e impurezas metálicas en su composición. Todo ello contribuye a configurar un entorno seguro. Las camisas de conservación, con un gramaje similar al que presenta el papel folio usado de manera habitual (80-90gr.), pueden ser combinadas con carpetas de oficina, más económicas, para que el documento alcance una mayor rigidez en su unidad de instalación y sea  manipulada con mayor seguridad, evitándose dobleces y arrugas indeseados. Aunque la carpeta no sea de conservación, la específica composición de las camisas, permite bloquear la transferencia de agentes nocivos desde la aquella hacia el documento. Las camisas adquiridas servirán preferentemente para dar forma a un entorno más seguro a los documentos generados por Tribunal de la Inquisición, uno de los fondos documentales históricos más relevantes, en razón de su antigüedad y contenido, entre los conservados en nuestra institución.

Fundas de poliéster para material fotográfico positivo. El mylar D es transparente, pero mantenemos la lámina de papel superficial para proteger la sensible imagen de los efectos nocivos de la luz.

Finalmente, no podemos olvidar que entre los fondos y colecciones privados que integran el Archivo de El Museo Canario se encuentra un gran volumen de positivos fotográficos sobre papel. Es este un tipo de material especialmente sensible que precisa un espacio preservativo muy específico. Con el fin de mejorar las condiciones de conservación de estas fotografías -especialmente de los miles de ejemplares que integran el Archivo personal de Sebastián Jiménez Sánchez- han sido adquiridas fundas de poliéster de conservación que, al ser químicamente inerte (poliéster tipo Mylar D certificado por el Photografic Activity Test), protege los soportes de la acción de elementos nocivos, especialmente de los gases. Por otro lado, al tratarse de un material transparente y rígido, permite que las imágenes puedan ser visualizadas sin necesidad de que sean manipuladas, hecho que, sin duda, redundará en su apropiada conservación.

En definitiva, en El Museo Canario estamos de enhorabuena. La adquisición de este material permitirá minimizar el deterioro de un material muy relevante en los ámbitos archivístico e histórico canarios.


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Archivando documentos literarios: nuevos ingresos en El Museo Canario

El poemario “En la isla de luz” (1928) y la novela “Volcanes” (1962), obras de Vicente Jiménez Hernández, constituyen el material bibliográfico donado por Juan Jesús Jiménez Perdomo.

El archivo de El Museo Canario continúa creciendo. El mes de julio dio comienzo con la recepción en nuestra institución de siete documentos literarios. Este nuevo ingreso se produjo gracias a la aportación de don Juan Jesús Jiménez Perdomo. El generoso donante entregó a la Sociedad Científica siete piezas documentales generadas por  Vicente Jiménez Hernández. Este poeta, narrador y dramaturgo, nacido en Teror (Gran Canaria) en 1892, publicó sus primeras obras en la década de 1920. Es precisamente en 1928 cuando vio la luz su poemario “En la isla de luz” (Las Palmas de Gran Canaria, 1928), uno de cuyos ejemplares forma parte del lote documental cedido por el sr. Jiménez Perdomo.

Con posterioridad, en torno a los años 40 del siglo XX, el escritor se adhirió a la agrupación de poetas grancanarios, publicando en esa misma década varios poemas en la revista Mensaje (Tenerife, 1945-1946): Romance de la isla sedienta, inserto en el número 11 editado en febrero de 1945; Los rateros de los muelles, publicado en junio del mismo año; y, Plenilunio, soneto incluido en la revista impresa en noviembre de 1946.

Entre las obras inéditas donadas por Juan Jesús Jiménez Perdomo se encuentran un poemario y cuatro textos dramáticos escitros por Vicente Jiménez Hernández.

No obstante, gran parte de su obra narrativa y teatral se conserva inédita. Así, las cuatro piezas dramáticas donadas –Paréntesis, El hombre vuelve a Dios, Sombras de egoísmo y El hijo soñado-, de las que conservamos los textos mecanografiados con interesantes correcciones a lápiz realizadas por el propio autor, nunca llegaron a la imprenta, hecho con confiere un valor añadido al corpus documental que ha ingresado en nuestra institución.

En algunas de la obras donadas -como en el drama en tres actos “El hombre vuelve a Dios”- encontramos correcciones del texto original realizadas a lápiz por el propio autor.

 

Documento donados.
Aproximación descriptiva

Área de identificación
Código de referencia: ES 35001 AMC/VJP
Título: colección documental Vicente Jiménez Hernández (“Vicente Jiménez Hernán”)
Fechas: siglo XX
Nivel de descripción: colección documental
Volumen y soporte: 7 unidades documentales: papel

Área de contexto
Nombre del productor/acumulador: Jiménez Hernández, Vicente (1892-1973)
Forma de ingreso: donación efectuada por Juan Jesús Jiménez Perdomo el 1 de julio de 2020.

Área de contenido y estructura
Alcance y contenido: la colección documental está integrada por siete documentos generados por Vicente Jiménez Hernández (“Vicente JIménez Hernán”), constituyendo cada una de estas piezas una expresión de su actividad como escrtior:

En la isla de luz / Vicente Jiménez- Las Palmas de Gran Canaria: Tip. Del Diario, 1928
Volcanes / Vicente Jiménez.- Barcelona: Ediciones Cedro, 1962
Danza de la luz. Poemario. Texto mecanografiado. Incluye los poemas titulados: Danza de luz, Amanecer, Volcanes, Pinos, Atardecer, La casa, Amor, Día de marzo, Tierra, fuego y agua, Fiesta, Aquelarre y Mano viva.
Sombras de egoísmo: drama en tres actos en prosa. Acto I (cuart. 1-39); acto II (cuart. 40-76); y acto III (cuart. 77-109). Texto mecanografiado con correcciones manuscritas.
El hombre vuelve a Dios: drama en tres actos en prosa, el segundo dividido en dos cuadros. Acto I (cuart. 3-41); acto II (cuart. 42-78); y acto III (cuart. 79-117). Texto mecanografiado con numerosas corecciones manuscritas.
Paréntesis: comedia en tres actos en prosa, el segundo dividido en dos cuadros. Acto I (cuart. 1-45); acto II (cuart. 46-95); y acto III (cuart. 93-146).Texto mecanografiado con numerosas corecciones manuscritas.
El hijo soñado: comedia en dos actos en prosa, el segundo dividido en cuatro cuadros. Acto I (cuart. 1-43); y acto II (cuart. 44-134)

Valoración, selección y eliminación: conservación permanente.
Nuevos ingresos: se esperan nuevos ingresos.
Organización: una primera aproximación organizativa provisional llevaría a clasificar los documentos, en tres secciones atendiendo al género o subgénero literario al que pertenece cada una de las obras conservadas: obra narrativa, obra lírica y obra dramática. Así, la producción literaria sería, por el momento y hasta que se produzca el posible ingreso de nuevas unidades en el futuro, la única sección que integra el cuadro de clasificación, siendo la poesía, narrativa y teatro las tres subsecciones más relevantes:

01. Producción literaria
01.01 Narrativa
01.02 Poesía
01.03 Teatro

Área de condiciones de acceso y utilización
Condiciones de acceso: acceso libre.
Condiciones de reproducción: la reproducción de los documentos podrá hacerse efectiva siguiendo las normas establecidas en la institución que custodia los documentos.
Lengua y escritura de los documentos: spa.

Área de control de la descripción
Nota del archivero: descripción realizada por Fernando Betancor Pérez.
Reglas o normas: ISAD(G) [International Standard Archival Desciption (General)]
Fecha de descripción: 2020

Don Juan Jesús Jiménez Perdomo en el instante de la firma del acta de donación.

Agradecemos al sr. Jiménez Perdomo la confianza depositada en El Museo Canario para custodiar esta interesante documentación literaria.


 

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Entre brujas y papeles: magia, hechizos y conjuros en el Archivo de la Inquisición de Canarias

La copia manuscrita de la “Clavicula salomonis”, requisada por el tribunal en 1527, es la única muestra de magia culta que se conserva en el archivo inquisitorial canario.

El martes, 23 de junio, El Museo Canario se sumó a la celebración de la festividad de San Juan con la organización de un recorrido documental. La visita, con el título “Entre brujas y papeles: ritos, conjuros y hechizos en el archivo de la Inquisición de Canarias”, quedó enmarcada en el programa “Una Noche en el Museo”. El archivero de El Museo Canario mostró a los visitantes una selección de documentos procedentes del Archivo del Santo Oficio canario, datados entre los siglos XVI y XVIII, a través de los que puede documentarse no solo el carácter histórico que presenta la conmemoración del día de San Juan, sino la relación que esta efeméride tiene con la actividad desarrollada por las hechiceras y brujas en Canarias a lo largo de la Edad Moderna.

La propuesta perseguía tres objetivos principales: dar a conocer el carácter histórico que tiene la celebración del día de San Juan en nuestro archipiélago, subrayar el papel que la hechicería y la brujería tuvieron en la configuración de la cultura popular canaria, y divulgar la documentación que integra el Archivo de la Inquisición de Canarias, uno de los más completos y mejor conservados de los generados por los distritos inquisitoriales hispanos.

Documentos sobre brujería en Canarias (siglo XVI)

La historia de la brujería y, especialmente de la abundante hechicería -tal como nos revela el profesor Francisco Fajardo Spínola en sus múltiples publicaciones sobre el tema- tiene en el archivo de la Inquisición de Canarias una fuente de información ineludible. No podemos olvidar que fue el Santo Oficio una de las instituciones que lucharon  contra cualquier comportamiento supersticioso que fuera sospechoso de enmascarar actividades heréticas. Edictos, denuncias, testificaciones, acusaciones, moniciones y sentencias constituye un único y rico corpus documental a través del que puede ser analizado un interesante proceso histórico que tiene como telón de fondo los hechizos y los conjuros. Pero bajo esos encantamientos y sortilegios se esconde toda una realidad sustentada en un complejo conjunto de relaciones sociales y económicas. La lectura detenida de los documentos generados por el Santo Oficio canario nos lleva a abandonar la idea de que la brujería y la hechicería fueron actividades excepcionales, permitiéndonos considerar estas prácticas mágicas componentes básicos de la cultura popular de nuestras islas.

MAGIA EN LA NOCHE DE SAN JUAN

La noche de San Juan ha estado siempre vinculada a mágicos rituales a través de los que conseguir la fortuna, la salud y el amor. Saltar sobre el fuego de la hoguera, darse un baño nocturno, encender dos velas rojas, etc., son algunas de esas prácticas consideradas prodigiosas que todavía en la actualidad continúan ejecutándose durante esa noche que es, además, una de las más cortas del año. Esa concepción mágica del día de San Juan es ancestral, entrecruzándose en ella los ritos paganos  celebrados con motivo del solsticio de verano con la tradición cristiana.

Históricamente, y de manera específica a lo largo de la Edad Moderna, Canarias no quedó al margen de la celebración de estas actividades la madrugada del 24 de junio. Algunos de los primeros testimonios escritos relativos a estos ritos sanjuaneros podemos localizarlos entre los documentos generados por la Inquisición. De este modo, pasar a los niños por el mimbre para sanarlos, adivinar a través de la clara de huevo y las alcachofas o recoger granos de helecho son algunas de las prácticas documentadas entre los papeles inquisitoriales.

 

La memoria de la magia practicada la noche de San Juan ha quedado escrita en los documentos inquisitoriales. En El Museo Canario se conserva el archivo de la Inquisición de Canarias, uno de los más completos y mejor conservados de los generados por los distritos hispanos.

Por lo tanto, la historia de la brujería y, especialmente, la de la abundante hechicería, tiene en el Archivo de la Inquisición de Canarias una fuente de información ineludible. Edictos, denuncias, testificaciones, acusaciones y sentencias constituyen un único y rico corpus documental a través del que puede ser analizado este interesante proceso histórico que cuenta con los hechizos, los conjuros y los maleficios como telón de fondo. La lectura detenida de los documentos generados por el Santo Oficio canario nos llevará a abandonar la idea de que la brujería y la hechicería fueron actividades excepcionales, llevándonos a considerarlas componentes básicos de la cultura popular de nuestras islas.

Brujería y hechicería en el archivo de la Inquisición

La actividad mágica no se circunscribió en Canarias a los ritos organizados la noche de San Juan. Muy al contrario, la hechicería, y en menor medida la brujería, formaron parte de la cultura popular desde fechas muy tempranas. Buen testimonio de ello son las más de 400 causas conocidas por los inquisidores que tuvieron en este tipo de delitos su punto de partida.

Tomando como referencia estos documentos, es cierto que, por regla general, no asistiremos en Canarias a grandes aquelarres ni tampoco abundarán los malignos pactos diabólicos. Si bien en los manuscritos se hallan referencias a brujas “chupadoras” de niños y a adoradores del demonio, no podemos perder de vista que en Canarias la actividad mágica fue siempre de carácter popular. Sanar, amarrar, enamorar, adivinar, echar suertes, liberar el mal de ojo o el maleficio, salir airoso de juicios, someter la voluntad: he aquí los requerimientos más habituales a los que tenían que hacer frente las hechiceras.

Y nos referimos a las hechiceras, en femenino, porque las actividades mágicas estuvieron siempre vinculadas de manera estrecha con las mujeres. De hecho, tal como ha señalado Francisco Fajardo, historiador de la Inquisición y autor de un estudio de obligada consulta sobre brujería en Canarias, casi el 90 % de los acusados por este tipo de delitos eran mujeres, de mediana edad, iletradas y de baja condición social y económica. La mujer era la depositaria del saber mágico.

Sentencia dictada contra María Felipa de la Cruz (siglo XVIII). Portar coroza, soga al cuello, vela penitencial, destierro, salir a la vergüenza pública y sufrir 200 azotes eran los castigos más habituales a que eran sometidas las hechiceras.

La persecución de las brujas y hechiceras fue constante. El acoso a las hacedoras de magia en Canarias no perseguía otro objetivo que reducir la superstición entre la población, ya que la hechicería fue considerada siempre un delito menor por parte de los inquisidores insulares. Frente a lo que sí sucedió en otros distritos inquisitoriales, en el archipiélago el tormento fue aplicado en escasas ocasiones sobre estas mujeres, nunca fue relajada o quemada una bruja y su participación en los grandes autos de fe públicos fue muy marginal.

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#UnArchivoEs: Día Internacional de los Archivos 2020

El 9 de junio los archivos y los archiveros de todo el mundo estamos de celebración. Fue precisamente un 9 de junio, pero de 1948, cuando se llevó a cabo la fundación del Consejo Internacional de Archivos (ICA, International Council Archives), institución no gubernamental creada bajo los auspicios de la UNESCO con la finalidad de difundir, conservar, poner en valor y velar por la integridad de la documentación archivística. Por lo tanto, no es extraño que fuera el 9 de junio el día elegido por el ICA para festejar su día: el Día Internacional de los Archivos. Es esta una fecha que, como hemos hecho en los últimos años desde el archivo de El Museo Canario, es utilizada como pretexto para dar a conocer el significado de los archivos, el trabajo que se realiza en ellos y la importancia que presentan en la actualidad no solo en los ámbitos cultural e histórico, sino también en el contexto de la gestión en las instituciones y administraciones.

Por lo tanto, desde hace 12 años los archivos se convierten todos los 9 de junio en los protagonistas absolutos del contexto documental, mostrando una robusta identidad en las redes sociales, medio a través del que, como sucede en otro orden de cosas, ha adquirido mayor difusión esta conmemoración, ideándose año tras año etiquetas a partir de las que amplificar en Twitter y Facebook la sonoridad archivística. Este año no podía ser menos, eligiéndose a nivel internacional el hastag #UnArchivoEs para visibilizar los archivos.

Pero, sin duda alguna, no podemos pasar por alto que este año la celebración archivística cuenta con un telón de fondo dramático. El 2020 pasará a la historia por los daños causados por la COVID-19 (Corona virus disease-19), enfermedad que, convertida en pandemia, ha hecho estragos -y sigue causando devastadoras consecuencias- entre la población de nuestro planeta, revelándose la pérdida de miles de vidas y la extrema vulnerabilidad del ser humano como las consecuencias más importantes y preocupantes. No podemos olvidar que han sido muchos para los que este ha sido el virus más triste: el de la muerte y la soledad.

Pero, además, esta enfermedad ha tenido repercusiones secundarias en todos los ámbitos. Al margen de los efectos económicos por todos conocidos, en el terreno laboral y en la esfera de las administraciones públicas este coronavirus ha puesto de manifiesto que la digitalización y el teletrabajo no son el futuro, sino el presente. Los archivos, bibliotecas y museos se vieron afectados casi desde el primer momento, cerrando sus puertas al inicio del confinamiento. La consulta presencial habitual dio paso al acceso remoto a catálogos y repositorios, además de ponerse a la orden del día los ya, por otro lado muy habituales, servicios de información y consulta telemáticas. Pero la gran sorpresa para todos se produjo con el inicio de la desescalada: los archivos podían abrir sus puertas en la fase 0, mientras permanecían cerradas las bibliotecas y otros centros de documentación. En un entorno de desgracia, los archivos adquirían todo el protagonismo y probablemente muchos ciudadanos que nunca habían reparado en la entidad que tenían los archivos abrieron sus ojos y descubrieron que existían. ¿Por qué los archivos debían entrar en la nueva normalidad tan rápido? Muy posiblemente la repuesta reside en la propia naturaleza del archivo, es decir, en lo que #UnArchivoEs

#UnArchivoEs una unidad de información, un centro de gestión documental a cuyo frente se encuentra un profesional, el archivero. Éste ordena, clasifica, describe, difunde, hace accesible… en definitiva, gestiona la documentación sea cual sea su origen, edad, naturaleza o soporte.

#UnArchivoEs conservación, difusión y puesta en valor del patrimonio documental.

Subrayamos el hecho de que consideremos el archivo como una unidad de información que está al servicio de los ciudadanos en la que, además, se conservan, en la mayor parte de los casos, documentos únicos. Precisamente que sea depositario y custodio de información es lo que la convierte en una unidad esencial en las organizaciones y administraciones, haciéndose necesaria una visita al archivo en la tramitación de expedientes, para la expedición de copias certificadas o, entre otras cosas, para la recuperación de documentos necesarios en la gestión de proyectos abiertos, sin olvidar el importante papel que desempeñan en la reconstrucción de la historia al ser depositarios de la memoria. #UnArchivoEs la combinación de servicio e información. El servicio será más sólido y consistente cuanto mayor sea el control que se tenga sobre la documentación custodiada, puesto que será ese control –que tiene su reflejo en cuadros de clasificación y catálogos– lo que permitirá, no sólo una mejor conservación, sino  recuperar y acceder con mayor rapidez, agilidad y garantías los documentos, redundando todo ello en la calidad.

#UnArchivoEs gestión de la memoria

#UnArchivoEs información, servicio y gestión, pero también es un espacio: ese lugar donde se gestiona la memoria para hacerla accesible a todos los ciudadanos. No pierdas la oportunidad y conoce los archivos. Disfruta de la memoria compartida.

¡Feliz Día Internacional de los archivos!

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Memoria de otras epidemias en Canarias

Luis Regueira Benítez, bibliotecario de El Museo Canario
Artículo publicado en el periódico Canarias 7 el 11 de mayo de 2020

A lo largo de la historia han sido muchas las situaciones en las que la población se ha visto afectada por emergencias sanitarias. Algunas enfermedades a las que hoy restamos importancia, como es el caso de la gripe común, y otras que en la actualidad están prácticamente erradicadas, como el sarampión, provocaron en otros tiempos epidemias terriblemente mortíferas. El estudio de estas emergencias desde los puntos de vista histórico, médico y sociológico puede servirnos para afrontar de la mejor manera la nueva realidad provocada por la COVID-19 y para prevenir epidemias futuras, y para ello es fundamental que la documentación histórica permanezca convenientemente conservada en archivos y bibliotecas y que se encuentre a disposición de los investigadores de todas las ramas.

El Museo Canario es un ejemplo de ello. A través de sus colecciones documentales es posible repasar la historia de las epidemias que asolaron el archipiélago canario desde el momento en que sus naturales entraron en contacto con los primeros contingentes de población europea, lo que supuso la exposición a enfermedades para las que no tenían defensas. En los siglos siguientes, las deficientes condiciones higiénicas en todas las capas de la sociedad, la miseria de las clases más desfavorecidas y la malnutrición fueron causas que propiciaron la propagación de sucesivas enfermedades infecciosas en ciudades de todo el mundo, pero fue el incremento incesante del tráfico marítimo el responsable de que estas epidemias comenzaran a saltar los muros de las ciudades y se extendieran por poblaciones portuarias muy alejadas entre sí. La situación geográfica de las islas Canarias, convertidas en nudo de comunicación intercontinental, fue clave para que muchas de estas enfermedades se cebaran sobre la población insular.

Las huellas de las epidemias del pasado han quedado marcadas en cada una de las grandes secciones del Centro de Documentación de El Museo Canario. Las más antiguas quedaron registradas en los textos de los primeros cronistas e historiadores y en documentos civiles y eclesiásticos que se conservan en el archivo de esta institución o en colecciones documentales de otras entidades. Las más modernas, que abarcan hasta bien entrado el siglo XX, pueden rastrearse en los periódicos de la hemeroteca, donde los historiadores del futuro podrán repasar también la prensa editada durante la actual pandemia. Y todas ellas, antiguas y modernas, están registradas en los libros de la biblioteca, no solo en los editados en los siglos anteriores sino también, y sobre todo, en los escritos por historiadores que se han ocupado de la historia de la medicina: Gregorio Chil, Juan Bosch Millares, María José Betancor o Conrado Rodríguez Maffiotte son buenos ejemplos de ello.

“Estado que se levanta para tener una noticia de la invacion del Colera-morbo en los Pueblos de Gran Canª en el año 1851., demostrando el numero de victimas, con nota de la Poblacion de la Ysla”.
Archivo de El Museo Canario (ES 35001 AMC/GCh-1552)

Siguiendo todas estas fuentes podemos hacer un rápido repaso de las enfermedades infecciosas y los episodios epidémicos más significativos que han sufrido las islas. Este repaso ha de comenzar en una fecha indeterminada del siglo XIV, cuando se registró una epidemia que afectó a los aborígenes de Gran Canaria al entrar en contacto con los primeros monjes mallorquines. Los pocos datos históricos que existen sobre este episodio nos impiden determinar si fue una epidemia de peste o de gripe ni tampoco el alcance de su morbilidad.

Nuestra primera epidemia bien documentada, conocida como “modorra” o “moquillo”, fue una gripe que se produjo en Tenerife entre 1494 y 1495, responsable directa de la muerte de unos 4000 guanches de Tegueste, Tacoronte y Taoro. Esta gran mortandad supuso un importante giro en el proceso de conquista de la isla, puesto que cambió las tornas en favor de los conquistadores, a quienes la enfermedad no afectó. Poco antes los aborígenes habían logrado una victoria sobre los castellanos en la primera de las batallas de Acentejo, pero después, en plena epidemia, con los guanches mermados y enfermos, los bandos volvieron a enfrentarse y en esta ocasión fueron los soldados de Castilla los que vencieron.

Del origen y milagros de la Santa Imagen de Nuestra Señora de Candelaria…, por Alonso de Espinosa (1593).
Biblioteca de El Museo Canario

Alonso de Espinosa, apenas unas décadas después, apuntó a la descomposición de los cadáveres de la primera batalla como la causa de la infección, una apreciación que, aunque errónea, revela cierta conciencia sanitaria en unos tiempos en los que las enfermedades contagiosas eran una amenaza permanente.

El siglo siguiente estuvo marcado también por la incidencia de las enfermedades infecciosas. Juan Bosch resalta que las primeras enfermedades de este tipo, que se extendieron inmediatamente después de la conquista de las islas, fueron la peste, la lepra y la sífilis, tres enfermedades que no se encuentran en los restos óseos de los antiguos canarios, como pudo comprobar este especialista en las colecciones de El Museo Canario, pero que, de manera endémica o epidémica, se asentaron en Canarias con la llegada de los primeros navíos oceánicos desde Europa o desde América. En 1506, por ejemplo, la peste se instaló en las islas Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria. Como era habitual en estos casos, se restringió el tráfico marítimo para evitar la expansión, lo que no impidió que surgiera un brote también en Tenerife, circunscrito a los montes de Anaga.

De hecho, las epidemias de peste bubónica y neumónica fueron tan constantes en las islas en el primer tercio del siglo XVI que puede resultar difícil identificar cuándo terminaba una y comenzaba la siguiente. Entre 1512 y 1513 se extendió por el archipiélago la llamada “peste de Levante”, que venía asolando la península ibérica; a finales de la misma década volvió la enfermedad y se instaló en las islas hasta finales de la siguiente; en 1523 se achacaba a Londres el origen de esta modorra, y la mortalidad era tan alarmante en Las Palmas que las autoridades pusieron un plazo de un mes para quienes quisieran salir de la ciudad, autorizando cualquier desplazamiento tanto hacia otras poblaciones de Gran Canaria como hacia otras islas del obispado, es decir, del archipiélago, una medida que, lejos de contener la incidencia en la ciudad, contribuyó a la expansión; en 1524 las fuerzas militares de las islas estaban tan mermadas por la epidemia que no pudieron asistir a la defensa de Santa Cruz de Mar Pequeña, en las costas africanas, durante el asedio del cherif de Fez; en 1526, 1528 y 1529 la enfermedad repuntó en Gran Canaria, hasta el punto de provocar el traslado de la Audiencia a La Laguna.

La peste, modorra, muerte negra, o comoquiera que sucesivamente se titulara esta enfermedad, provocó dantescas escenas, con enfermos desatendidos, cadáveres abandonados, cementerios colapsados, miseria, carestía, emigración, fundamentalismo y otros efectos sociales, demográficos e ideológicos. También influyó en el desarrollo de las ciudades, y en Las Palmas de Gran Canaria, por ceñirnos a un ejemplo significativo, se crearon instalaciones como el hospital de San Lázaro, en los arenales de Santa Catalina, y la ermita de San Marcos (hoy de Los Reyes), donde la población pedía al santo titular su intercesión contra la peste. En el barrio de Vegueta, además, se suprimió el céntrico burdel municipal, considerado un foco de propagación de enfermedades a pesar de los obligatorios controles, para convertirlo en la ermita de la Vera Cruz.

Pasadas las primeras tres décadas del siglo, la peste disminuyó su incidencia en las islas, aunque nunca dejó de hacer sus periódicas apariciones. Sirva como ejemplo la mortífera epidemia de 1582, que causó la muerte de entre 5000 y 7000 personas en Tenerife, sobre todo en La Laguna y en Santa Cruz, y cuyo origen se identificó en unos tapices orientales llegados desde Flandes.

En cuanto a las medidas que tomaban las autoridades para contener estas epidemias, lo habitual era que se decretara la expulsión de las personas que vivían en la miseria, que debían abandonar sus ciudades sin que se les permitiera la entrada en otras poblaciones hasta que cumplieran una cuarentena de aislamiento, lo que propiciaba la instalación de campamentos extramuros en condiciones vitales e higiénicas incluso peores que las que ya padecían en sus vidas cotidianas. Las personas pudientes y privilegiadas también solían salir de las ciudades para instalarse en casas y haciendas rurales, lo que no impedía que llevaran consigo la enfermedad y que tuvieran que padecer sus síntomas y sus consecuencias, a menudo fatales, en sus lugares de retiro. Y en cuanto al comercio, la entrada y salida de personas y mercaderías era supervisada en los accesos a las poblaciones tanto por tierra como por mar. De hecho, el control de los puertos era fundamental, no tanto para acotar la expansión de una epidemia local como para evitar la llegada de afecciones externas, de manera que las noticias sobre la existencia de contagios en cualquier lugar del mundo suponían el veto a la llegada de cualquier navío que procediese de ese lugar.

Una violación de este veto fue, precisamente, la causa de que el siglo XVII se inaugurara en Canarias con una nueva epidemia. En 1601, dos barcos procedentes de Cádiz entraron en Tenerife por el puerto de Garachico e introdujeron la bacteria de la peste, que enseguida se extendió a Los Realejos, a Santa Cruz de Tenerife, y de ahí a Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote, en un proceso contagioso que permaneció activo hasta 1606. Sin embargo, a pesar de estos inicios, el nuevo siglo no resultó tan negro como el anterior en lo que se refiere a las enfermedades contagiosas, y habría que esperar hasta 1677 para que la peste volviera con fuerza a las islas. Es cierto que, entretanto, la población tuvo que lidiar con otras inclemencias de la historia, como la piratería, las plagas de langosta (con sus correspondientes hambrunas, como la de 1660-1662) o las sequías, pero las preocupaciones sanitarias tuvieron más que ver con enfermedades endémicas (lepra, sífilis…) y con la miseria y la falta de higiene, que con procesos epidémicos.

El siglo XVIII también se inauguró en las islas con una nueva epidemia, en este caso de fiebre amarilla importada desde La Habana. El virus, que provocaba el llamado “vómito negro”, se extendió por todo el archipiélago. Fue la misma enfermedad que, también desde las Antillas, habría de volver setenta años más tarde, en 1771, pero en esta ocasión la epidemia se agravaría a causa de la llegada de un regimiento militar desde las posesiones españolas de América.

No fue la fiebre amarilla la única epidemia padecida en las islas a lo largo del siglo. En 1721 consta un brote de alguna otra enfermedad contagiosa en la ciudad de Las Palmas, donde se organizaron rogativas en la catedral, y en 1741 se repitió un episodio similar en la misma población. En abril de 1789 hubo muchos casos de fiebres catarrales, y al año siguiente se sucedieron varias enfermedades epidémicas, como el pitiflor (que afectaba a los niños), calenturas pútridas, tabardillos, anginas, garrotejos y otras enfermedades, que en conjunto causaron una mortandad significativa. Estas enfermedades se extendieron en 1791, año particularmente frío, por todas las poblaciones del sector nororiental de Gran Canaria, tomando como centro la capital y llegando hasta Agüimes por la costa este, hasta Gáldar por la costa norte, y hasta Tejeda y Tirajana por el interior insular.

La peste, por su parte, había vuelto también en 1769, favorecida por la malnutrición y el hacinamiento de los sectores más desgraciados de la sociedad; y el mismo caldo de cultivo propició en 1781 la propagación de la malaria, llamada también “fiebres tercianas”, enfermedad que hizo su aparición en el otoño y que tendría una especial incidencia en las medianías de Gran Canaria a causa de las condiciones meteorológicas, que hicieron coincidir las lluvias con un persistente viento seco del este.

Diario cronológico-histórico, por Isidoro Romero Ceballos (siglo XVIII)
Archivo de El Museo Canario
(ES 35001 AMC/GCh-1594)

Sin embargo, la enfermedad más significativa del siglo XVIII no fue otra que la viruela, que en Canarias recaló en varias ocasiones a lo largo del siglo, como en 1759, en 1780 o en 1787. De todas estas incidencias, la más conocida es la segunda, de la que podemos leer muchos detalles en los diarios de Isidoro Romero y Ceballos que guarda el archivo de El Museo Canario. Así, sabemos que produjo una gran mortandad en Tenerife, desde donde dos infectados la llevaron involuntariamente a Gran Canaria en el mes de agosto.  En esta isla se asentó durante los tres meses siguientes, y fue una ocasión para experimentar la vacunación por medio de la inoculación de pus de afectados en pacientes sanos, una práctica que tuvo un éxito indiscutible a pesar de las reticencias religiosas de un significativo sector de la sociedad. En 1787, cuando volvió a aparecer la viruela en la capital insular, volvió a utilizarse el mismo tratamiento preventivo, aunque la enfermedad ya había matado a 118 personas antes de que la práctica comenzara a surtir efecto.

La lucha contra la viruela mediante vacuna llevada a cabo por España a partir de 1803 fue un referente mundial y aún hoy sigue siendo un ejemplo de la importancia de la vacunación masiva para acabar con las enfermedades infecciosas. La Expedición Filantrópica de la Vacuna de Francisco Javier Balmis hizo su primera parada, de hecho, en las islas Canarias, pues recaló en Tenerife el 10 de diciembre de aquel año. Esta vez contó con el apoyo del obispo Manuel Verdugo, lo que apaciguó las voces contrarias en el seno del catolicismo, de manera que el equipo de la expedición pudo estar un mes vacunando no solo a los habitantes de Tenerife, sino también a algunos niños de otras islas que servirían para salvaguardar la inmunidad y extenderla a todo el archipiélago. De esta forma se fue creando una inmunidad colectiva que, replicada en otros territorios de la corona a lo largo de todo el mundo, puso las bases para la erradicación total de la enfermedad, declarada oficialmente por la OMS el 8 de mayo de 1980.

Plegaria de Juan E. Doreste.
Archivo de El Museo Canario.

Para llegar a este momento histórico, las islas habrían de pasar aún por numerosas epidemias. El siglo XIX registra algunos episodios especialmente mortíferos, entre los que destacan la fiebre amarilla padecida en Tenerife en 1810-1811, que mató al 20 % de la población insular, y el cólera morbo que asoló Gran Canaria en 1851, sobre el que El Museo Canario conserva numerosos impresos estampados por Mariano Collina, el único impresor que trabajaba en Las Palmas en ese año. Se trata de episodios epidémicos muy estudiados por los historiadores y que sirven como ejemplos (no siempre positivos) de la reacción de las autoridades para controlar los movimientos sociales que pudieran contribuir a propagar las enfermedades. Conocidos son también algunos de los efectos que tuvieron en las islas los brotes epidémicos detectados en otros lugares del mundo, y en este sentido es un buen ejemplo la identificación del cólera en Londres a finales de 1841, que provocó, como efecto colateral, que no se permitiera el desembarco de los viajeros del Beagle cuando llegaron a Santa Cruz de Tenerife el 6 de enero de 1842. De esta manera, el naturalista Charles Darwin tuvo que renunciar a deseo declarado de hacer algunas exploraciones científicas en las islas.

Finalmente, el siglo XX pasó por las islas Canarias sin demasiadas complicaciones epidémicas. De hecho, la mal llamada gripe española, que asoló el mundo entre 1918 y 1919 coincidiendo con el final de la Primera Guerra Mundial, no es recordada en las islas como un episodio sanitario especialmente grave, puesto que el aislamiento geográfico contribuyó a que surtieran efecto las medidas de restricción del tráfico marítimo y la cuarentena impuesta a todo tipo de mercancías. Ninguna de las dos oleadas de esta mortífera pandemia de gripe, que segaron la vida de cien millones de personas según algunos cálculos, afectó gravemente a las islas. Sin embargo, su expansión por el mundo sí puede ser seguida por la prensa insular que se conserva en la hemeroteca de El Museo Canario, descrita con el recelo de su amenaza pero sin la desesperación con la que quedó plasmado, por poner un ejemplo extremadamente trágico, el cólera de 1851.

A la memoria de las epidemias que han visitado las islas Canarias desde que se tienen registros escritos se suma ahora la COVID-19, provocada por un coronavirus especialmente contagioso pero que, por suerte, llega en un tiempo en el que la ciencia eclipsa a todo tipo de supersticiones y fundamentalismos. Gracias al conocimiento de las enfermedades pasadas tenemos una base sólida sobre la que planificar el aislamiento y la cuarentena, sabemos la importancia de la profilaxis y entendemos el papel de la responsabilidad de cada persona como miembro de la sociedad. Y gracias a esta nueva pandemia afianzamos también, por si quedaba alguna duda, nuestra convicción sobre el carácter primordial de la investigación científica y la necesidad de generalizar el uso de vacunas destinadas a erradicar, de una vez por todas, todas esas enfermedades mortíferas que no han de segar en el futuro ni una sola vida más.


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