El álbum fotográfico “La Mascota” accesible en la web de El Museo Canario

Apoyada por la política de libre difusión de sus fondos, ofrecemos a partir de hoy una nueva ampliación del contenido descriptivo consultable en el apartado de Fondos y colecciones fotográficas de nuestra web. En esta ocasión se trata de un conjunto de 346 fotografías alojadas en un álbum cuyo origen, proveniente de un coleccionista anónimo, nos muestra varias características que son comunes en este tipo de agrupaciones y que incluye la reutilización del material contenedor (las nuevas imágenes abarcan las identificadas desde la AMC-CFH-001719 hasta la AMC-CFH-002065).

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Playa de las Canteras (Las Palmas de Gran Canaria, 1926)
ES 35001 AMC-CFH-001824

Así, nos encontramos con que estas fotografías son hospedadas en un álbum con cubierta de cartón oscuro imitando piel de cocodrilo y cuyas proporciones son de 225 x 290 mm. Su cubierta frontal posee varias inscripciones grabadas: en el borde superior se puede leer “La Mascota”, en el centro “Diego Moreno Miranda / Sta. Cruz de Tenerife” y en la esquina inferior derecha “Album”. En su lomo aparece la inscripción “LA MASCOTA”. Posee 46 hojas de cartón color marrón oscuro (reforzadas con estrechas tiras de cartón grueso que sirven como soporte y agarre del cordel que mantiene la encuadernación) y en cada una de ellas hay ocho fotografías pegadas por las esquinas del reverso de su borde superior y totalizando cuatro imágenes por cada cara de la hoja. El anverso de la cubierta y la contracubierta también han sido utilizados para adherir fotografías.

Pero las fotografías que componen el álbum descrito no guardan relación con la información de la cubierta: “La Mascota” fue una fábrica de tabacos instalada en Santa Cruz de Tenerife cuyo propietario era Diego Moreno Miranda, y dicha fábrica editó diferentes colecciones de fotografías con contenido muy diverso durante los años veinte y treinta del pasado siglo. En un momento determinado alguien decidió reutilizar este álbum, sustituyendo las imágenes originales por el conjunto que ha llegado a nuestros días, una práctica bastante común en la época.

La temática contenida en esta agrupación es variada: se puede distinguir desde un seguimiento visual de un grupo de personas que recorren términos del interior de Gran Canaria hasta una serie dedicada a revelarnos paisajes generales de la isla. También destaca una muestra de grandes embarcaciones, civiles y militares, que visitaron el puerto de La Luz y de Las Palmas y distintas vistas del entorno de Ciudad Jardín o Las Canteras.

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Ciudad Jardín (Las Palmas de Gran Canaria, 1925-1930)
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Para finalizar, a nivel de conservación, el álbum presenta debilidad estructural y son visibles numerosos deterioros como acentuadas roturas y desgastes en su cubierta. Además, el cartón que soporta las imágenes se encuentra ligeramente ondulado y exhibe cierta fragilidad y acidez en su superficie. Mientras, las fotografías en sí (todas copias positivas en blanco y negro en papel de gelatina con revelado químico y de calidad común), poseen los deterioros habituales en este tipo de objeto: pérdida de densidad con desvanecimiento y amarillamiento general en las zonas más claras de la imagen y con el soporte cubierto por numerosas manchas de foxing, así como fuertemente afectado cerca de su borde superior por el pegamento usado para fijarlo al cartón (cuya reacción química a lo largo de los años ha traspasado el objeto y es visible a través de la imagen frontal en forma de dos manchas amarillas intensas).


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El Museo Canario en sus documentos (I): las actas de la Junta Directiva

El archivo general o central de cualquier institución está integrado por todos los documentos que van siendo generados en el desarrollo de sus funciones a lo largo del tiempo. De este modo, a medida que transcurren los años, aquellos papeles se van convirtiendo en verdaderos depositarios de la historia institucional, adquiriendo un gran valor para la reconstrucción de la trayectoria descrita por cada órgano productor.

Comenzamos hoy un recorrido a través de las series documentales que se encuentran en nuestro archivo general, con el objetivo de mostrar parte del volumen de documentos producidos en un museo y sus características tipológicas, mostrando asimismo las posibilidades que presentan cada uno de ellos para los investigadores.

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Libros de actas de la junta directiva de El Museo Canario.

Actas de la Junta Directiva
Que nuestro recorrido a través de la documentación generada por El Museo Canario comience por los libros de actas de la junta directiva no es un hecho casual. Por el contrario, desde el primer momento debemos señalar y reconocer que nos hallamos ante una de las series documentales de mayor interés e importancia de entre todas las que forman parte del cuadro de clasificación del archivo general de la institución (ES 35001 AMC/AMC).

En estos libros se recogen las actas o el testimonio escrito de las sesiones celebradas desde el 2 de septiembre de 1879 hasta la actualidad por la junta directiva –o junta de gobierno a partir del 15 de enero de 1974– de la entidad museística. Por lo tanto, este tipo de documentos reúne los datos fundamentales sobre la fundación, trayectoria y desarrollo de la institución, lo que los inscribe en la órbita de los denominados “documentos vitales” de cualquier asociación o empresa, puesto que en ellos se encuentra recogida la memoria de la entidad, desde su origen y constitución hasta su realidad actual. Del mismo modo, el hecho de que en el caso de El Museo Canario estos libros conserven el registro completo de la serie –comprendiendo hasta el momento 137 años de historia–, le confiere, además, un valor añadido a estos volúmenes que, por su naturaleza y contenido, constituyen una de las fuentes de obligada consulta para todos los interesados en la historia interna de El Museo Canario, pero también para todos aquellos que indaguen acerca de los museos, la museología y la museografía en las Islas Canarias.

En El Museo Canario, las actas de las sesiones celebradas por este órgano directivo se encuentran organizadas en 31 libros debidamente foliados o paginados, según los casos. De ellos, los 13 primeros recogen los acuerdos de forma manuscrita, mientras que, desde el año 1996 figuran transcritos de manera mecánica. Cada uno de estos tomos no presenta una casuística idéntica en cuanto a su apertura. De hecho, los cuatro primeros volúmenes dan comienzo sin protocolo legal alguno. Así, no será hasta 1932 cuando se halle al iniciar cada libro una habilitación legal para su uso, realizada, en este caso, por la Administración de Rentas Públicas de la Provincia.  A partir de entonces ese trámite oficial será habitual. No obstante, hay que señalar que fue sólo mientras mantuvo su vigencia la Ley de Asociaciones de 1964 cuando se obligó a visar este tipo de cuadernos. De este modo, en el  Decreto 1440, de 20 de mayo de 1965, en el que se desarrollan algunos aspectos de aquella ley, quedaba establecida la obligatoriedad de la habilitación de este tipo de documentos (art. 11). El texto legal aludido fue derogado por la Ley 1/2002, de 22 de mayo. A partir de la publicación de esta última norma, el libro de actas de la junta directiva continuó contándose entre las obligaciones documentales de las asociaciones, pero, sin embargo, nada se indica sobre la necesidad de legalizar cada uno de los volúmenes.

Las características diplomáticas que presentan estas actas son muy claras, pudiéndose asegurar que reiteran el modelo formal generado de manera generalizada para este tipo de documental por cualquier entidad. Así, cada acta podemos dividirla en tres secciones textuales. La primera está ocupada por la fecha y, en muchas ocasiones la hora de celebración de la sesión, representándose tanto la data crónica como la tópica, sirviendo este dato como apertura del acta. A continuación –bien en el cuerpo del texto o en una anotación marginal, pero siempre integrando la primera parte del documento– debe figurar el nombre de todos los asistentes.

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Fragmento inical del acta de la sesión inaugural de El Museo Canario.

El segundo apartado del acta se introduce sin solución de continuidad con respecto al anterior, constando el desarrollo de los puntos del orden del día, comenzando siempre por la lectura y aprobación del acta de la sesión precedente. En el caso de las actas de El Museo Canario, la comunicación a los miembros del órgano directivo de las cartas, escritos y solicitudes relevantes recibidas, así como la notificación de los ingresos de material documental y arqueológico suelen ocupar un lugar de privilegio, convirtiéndose por tanto la información emanada de estas disertaciones en clave para el estudio de las colecciones y fondos conservados en la entidad. El resto de acuerdos, debates y deliberaciones son consignados de manera ordenada, incluyéndose, en todos los casos, las opiniones particulares de los miembros de la junta cuando éstas se producen. La organización de actividades y exposiciones, el desarrollo de investigaciones, la visita de científicos, el préstamo de material, la discusión de reglamentos internos, etc. tienen cabida entre las líneas que dan forma a esta interesante sección del acta.

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Firmas del presidente y el secretario de El Museo Canario en 1880.

Con la firma del secretario y el visto bueno del presidente alcanzamos la tercera y última parte de las actas, constituyendo estas dos rúbricas los signos de validación que, de manera obligatoria, han de figurar en cualquier documento de este tipo.

Teniendo en cuenta la importancia que la información contenida en estas actas presenta para el mejor conocimiento de la historia de la institución no debe extrañar que éstas hayan sido conservadas con celo a lo largo del tiempo. En la actualidad se ha llevado a cabo al diseño de un proyecto a través del que contribuir a su mejor conservación y aprovechamiento y, del mismo modo, a su adecuada difusión. De esta manera, a la digitalización de las actas manuscritas se suma su transcripción. Este procedimiento no ha sido asumido por la simple aplicación de medios tecnológicos, sino que el objetivo de la conversión digital no es otro que obtener una copia de conservación, a partir de la que obtener copias de difusión, y disminuir la consulta del material original sobre papel. La transcripción apoya este mismo concepto y, además, mejora las posibilidades de búsquedas temáticas a través del texto. Finalmente, no podemos concluir este breve texto sobre las actas de la junta directiva sin hacer referencia a la difusión que de los documentos más actuales de esta serie documental se ha empezado a efectuar a través de nuestra página web con la finalidad de apoyar las políticas de transparencia vigentes en nuestra institución.


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Nueva incorporación al catálogo de fondos y colecciones privados

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Documentos correspondientes a la Colección documental Antonino Pestana.

El archivo de El Museo Canario puede ser considerado uno de los depósitos de colecciones documentales de carácter personal más destacados del archipiélago canario, conservándose mas de treinta agrupaciones de este interesante y, a la vez complejo, tipo de archivos. Interesante porque a través de los documentos que conforman cada colección podemos descubrir la vida y actividades desarrolladas por los titulares de cada una de ellas, así como la proyección que éstas han tenido en la historia. Por otro lado, la complejidad reside en la heterogeneidad de tipos documentales y productores que están en el origen de cada uno de los papeles que lo integran. Así, en este tipo de colecciones podemos encontrar, entre otros, desde cartas, expedientes de diverso origen, documentos personales y copias de documentos históricos hasta fotografías, grabados  e impresos de todo tipo.

El trabajo archivístico desarrollado en nuestra institución tiene como objetivo final alcanzar la organización, descripción y digitalización de este amplio segmento del archivo con la finalidad de hacerlo accesible, tanto de manera presencial como en línea, de tal manera que los registros descriptivos, y en algunos casos también los objetos digitales asociados a los mismos, pueda ser consultable los 365 días del año las 24 horas del día. Persiguiendo este fin, desde el año 2010 fue incorporado en nuestra página web el catálogo de fondos y colecciones privados, repertorio que va creciendo de manera paulatina a medida que son organizadas y descritas cada una de las colecciones. Hasta el momento forman parte de este buscador 15 agrupaciones documentales y más de 10.000 registros, siendo la última en sumarse la correspondiente a Antonino Pestana Rodríguez, cuyos 5.544 registros descriptivos ya se han comenzado a añadir, figurando disponibles de manera progresiva a los largo de los próximos meses.

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“Loa y representación para el carro de la noche antes que baje Nuestra Señora de las Nieves”, 1790 (ES 35001 AMC/AP 03558)

La Colección documental Antonino Pestana Rodríguez se encuentra conservada en El Museo Canario desde 1941, año en que Domingo Pestana Lorenzo, hijo del titular de la colección, procedió a la entrega de la documentación a la citada Sociedad Científica. Antonino Pestana Rodríguez (La Palma, 1859-las Palmas de Gran Canaria, 1938) fue un figura de gran trascendencia para la cultura palmera. Así, participó en la fundación de la sociedad La Cosmológica y en la de la Biblioteca Cervantes, siendo el primer conservador del Museo de Historia Natural y Etnográfico de la capital palmera.  Asimismo, dirigió la imprenta de El Time.  Su pasión por la historia le inclinó a dar forma –a partir de un paciente proceso de recopilación de crónicas, noticias, documentos singulares tanto manuscritos como impresos, entre otros tipos documentales referentes a La Palma–, a la colección que hoy presentamos.

Este conjunto de documentos, cuya cronología abarca desde el siglo XVI al XX,  constituye un pilar fundamental para el mejor conocimiento de la historia de la isla de La Palma. El origen palmero de Antonino Pestana Rodríguez es la razón por la que la documentación que la integra –que ha sido organizada, descrita y sometida a un proceso de conversión digital a raíz de un covenio firmado con el Cabildo Insular de La Palma, insitución que cuenta con una copia digital de la colección completa–,  esté referida de manera preferente a su isla natal, siendo tanto instituciones insulares de diversa índole (judiciales, notariales, asociaciones, corporaciones, órganos e instituciones eclesiásticas, etc.) como particulares, las generadoras de la mayor parte del material documental que la conforma.

Si quieres conocer mejor esta colección puedes acceder a su descripción completa–incluyendo su cuadro de clasificación– y también consultar los registros que irán siendo añadidos en el catálogo de fondos y colecciones privados de nuestra entidad.


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Los traductores-intérpretes inquisitoriales a debate: nuevas publicaciones sobre la Inquisición de Canarias

El Santo Oficio de la Inquisición es una institución que ha generado a lo largo del tiempo una gran cantidad de literatura, no sólo producida desde la óptica de las ciencias históricas sino también recreada a través de la imaginación de los autores de ficción. De este modo, los procesos y los procesados, las actuaciones judiciales o la represión y el control que ejerció durante sus casi tres siglos de existencia el Consejo inquisitorial ha llenado las páginas de numerosas obras, proporcionando una gran cantidad de datos e información que contribuyen al mejor conocimiento de un interesante  segmento de nuestra historia.

Las fuentes primarias de las que se han servido los historiadores para realizar estos estudios no son otras que los documentos generados por la propia institución, que son accesibles en la actualidad al estar conservados en diferentes archivos. Entre éstos depósitos documentales destacamos hoy el de El Museo Canario porque los expedientes producidos por el distrito inquisitorial de Canarias, que integran el Fondo Inquisición de Canarias conservado en el archivo de la citada institución museística, han sido el origen  de recientes publicaciones a través de las que se nos informa sobre el papel que los traductores e intérpretes desempeñaron en pro del buen funcionamiento de la justicia del Santo Oficio, ofreciendo una valiosa información sobre un aspecto muy poco estudiado en relación con el contexto inquisitorial.

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Fragmento de la reducción de Guillermo Diego (1732). Joan Campo Blanco, irlandés, de 23 años, es nombrado intérprete por “…no hablar [Guillermo Diego] claramente la lengua castellana…” (ES35001 AMC/INQ 004.001, f.2r)

En este sentido, el investigador y profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Marcos Sarmiento Pérez, es el autor de tres interesantes artículos en los que se aborda  el estudio de la actividad ejercida por los traductores o “lenguas” en el transcurso de los diferentes procedimientos iniciados por el Tribunal del Santo Oficio (procesos, visitas de navíos, testificaciones, reducciones, etc.). Pero al mismo tiempo,  se profundiza a través de la actividad de los intérpretes en el funcionamiento de la Inquisición, revelándose la traducción y la interpretación como una faceta destacada y necesaria en el acto de comunicación en un espacio que, como el insular canario, por su estratégica ubicación, se encuentra a caballo entre Europa, América y África y, por lo tanto, era visitado por población foránea -y hablante de diversos idiomas- de manera habitual.

Compartimos estos tres artículos no solo con el objetivo de dar a conocer nuevos trabajos de nuestros invetigadores, sino porque a través de estos textos se ofrece una nueva posibilidad de estudio sobre los documentos generados por la Inquisición, demostrándose una vez más el gran valor que presenta esta documentación para el mejor conocimiento de la realidad histórica en que fueron generados.

Sarmiento Pérez, Marcos (2015): “Traducir y calificar para la Inquisición”. En Marcelo Wirnitzer, Gisela (Coord.): Traducir la Historia desde diferentes Prismas. Las Palmas de Gran Canaria: Servicio de Publicaciones y Difusión Científica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, pp. 37-97. ISBN: 978-84-9042-190-1.

Sarmiento Pérez, Marcos (2016). “Lorenzo Guesquier: un intérprete singular en los procesos inquisitoriales”. Anuario de Estudios Atlánticos, 62, pp. 1-26.

Sarmiento Pérez, Marcos (2016). “Interpreting for the Inquisition”. In K. Takeda & J. Baigorri-Jalón (eds), New Insights in the History of Interpreting. Amsterdam: John Benjamins, pp. 47-73.


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Nuestros investigadores: Mari Carmen Naranjo Santana

Hoy, 8 de marzo, coincidiendo con la celebración del “Día Internacional de la Mujer”, damos comienzo a esta sección de “Documentos Canarios” conociendo un poco mejor a Mari Carmen Naranjo Santana (Gran Canaria, 1977) Doctora por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (UPO) en el programa Gestión del Patrimonio Histórico, socia de El Museo Canario y usuaria habitual de nuestro archivo y centro de documentación.

Mari Carmen Naranjo Santana

Mari Carmen Naranjo Santana en la sala de investigadores de El Museo Canario

Tras unos años en que centró sus pesquisas en el estudio de los espacios rurales -agricultura, ganadería, comercio, arquitectura, etc.-, utilizando como campo de acción las medianías de Gran Canaria, en los últimos tiempos se ha enfrentado a una interesante investigación que tiene la ciudad como centro de atención. Así, Las Palmas de Gran Canaria y dos de sus espacios de sociabilidad más señeros –El Museo Canario y el Gabinete Literario- se erigen en los protagonistas de su último estudio histórico que, en forma de Tesis Doctoral y bajo el título Sociedades culturales y científicas del siglo XIX en Canarias. El Gabinete Literario y el Museo Canario, fue defendida en la Universidad anteriormente reseñada en julio de 2014, obteniendo la máxima calificación y distinguiéndola con el Premio Extraordinario de Doctorado de la UPO.
Sin embargo, ya sea analizando o gestionando el ámbito rural –ya que también ha sido Concejal de Cultura y Patrimonio de la Vega de San Mateo (2003-2007)– o aproximándose al mundo urbano, el interés por la gestión del Patrimonio Cultural y por la Historia Social Contemporánea en el ámbito Español e Iberoamericano -en este sentido posee varios trabajos sobre las relaciones Canarias-América-, son los elementos sustentantes que conceden unidad y coherencia a su trayectoria investigadora.
A la espera de la pronta publicación del interesante trabajo de investigación al que hemos aludido -que sin duda contribuirá desde el pasado a comprender mejor nuestra realidad actual-, contamos con su presencia en nuestra revista digital para ofrecernos un anticipo de lo que contendrá esa próxima monografía, edición de la que daremos en su momento puntual noticia.

Comenzamos…

¿Qué lleva a una profesional del siglo XXI a estudiar las asociaciones culturales y científicas del siglo XIX?

Motivos fundamentalmente de tipo teórico y práctico.

De tipo teórico, porque tomando como eje de estudio la gestión del patrimonio histórico en general y el caso canario en particular, pude detectar una escasez de investigaciones sobre la historia de las instituciones canarias que promovieron o gestionaron parte del legado cultural que ha llegado a nuestros días. Una escasez de estudios que se acrecentaba aún más al poner el foco de atención en los colectivos que habían sido promovidos desde el ámbito civil y que, sin embargo, habían jugado un papel de primer orden en el desarrollo de las islas (especialmente en sus ciudades) y en la construcción del ideario patrimonial, cultural y científico.

En el orden práctico y de forma concreta, el hecho de que yo resida en Gran Canaria y que en Las Mari Carmen Naranjo cita 03Palmas de Gran Canaria se encuentren El Gabinete Literario y El Museo Canario, fueron dos condiciones de peso para decantarme por esta temática de investigación. A lo que se sumó el hecho de que seguir la línea temporal de la actividad de ambos colectivos era factible, porque Gabinete y Museo son dos de los centros culturales y científicos más antiguos del Archipiélago que se han mantenido en activo hasta nuestros días, conservando sus actas de sesiones desde que nacieron hasta la actualidad, así como otra documentación que nos habla de su pasado y del de otras instituciones de la época (caso de El Liceo y El Ateneo, también tratadas en la pesquisa).

En la génesis y desarrollo de estas asociaciones –perceptible con nitidez en el caso de El Museo Canario– la influencia foránea –especialmente europea– desempeñó un papel de primer orden. ¿Puede hablarse de la existencia de un cierto concepto de europeísmo en el siglo XIX en Canarias al menos por parte de un sector de la población? En cualquier caso, ¿por qué estaba Gran Canaria tan cerca de Europa en la segunda mitad del ochocientos? ¿Este tipo de relaciones internacionales era habitual en esta época en el resto de España?

Dado lo complejo del término “europeísmo” y los diferentes modelos de organización que lo identifican (federalismo, confederalismo, unitarismo,…) sería conveniente disponer de un estudio específico, en términos político-social-jurisdiccional que nos permitiera confirmar o no la existencia de un concepto europeísta en Canarias en el siglo XIX, tal y como lo entendemos en la actualidad; pero lo que sí es evidente es que en ese periodo Europa miraba a Canarias y las islas miraban a Europa.

En España, las fuertes resistencias y pervivencias del peso de la tradición, especialmente eclesiástica, hicieron que los cambios que vivieron otros países europeos a finales del XVIII y comienzos del XIX llegaran con cierto retraso al país pero fueron precisamente los contactos y las noticias venidas de Europa, especialmente con el espíritu de la Revolución Francesa, las que funcionaron como motor de cambio. En Canarias, aunque desde mucho tiempo atrás se habían producido contactos con el viejo continente, fue en el siglo XIX cuando las islas se convirtieron por sí mismas en un destino científico, despertando el interés de Europa y desarrollando estudios específicos en torno a ellas (caso de las exploraciones en las Cañadas del Teide en Tenerife, en la Caldera de Tirajana en Gran Canaria y en la Caldera de Taburiente en La Palma; las indagaciones de naturalistas como Phillip Barker-Webb y Sabin Berthelot; o los trabajos de antropología física de René Verneau; entre otros). A ello se sumó el interés económico-comercial del Archipiélago, dada su posición en el Atlántico en una zona de gran interés para las rutas entre Europa, las colonias del centro y sur de América, y del África Occidental; lo que ocasionó que fueran usadas algunas veces como estación de servicios y abastecimiento de barcos, provocando que las inversiones extranjeras (Francia, Bélgica, Gran Bretaña,…) se incrementaran en el Archipiélago con el consecuente beneficio a la comercialización de productos alimentarios, a la infraestructura portuaria, al turismo, etc.

Sabino Berthelot

Sabino Berthelot

De esta forma, a Canarias no solo llegaba el capital extranjero sino que con él también venían las nuevas corrientes europeas de pensamiento (krausismo, positivismo, darwinismo,…) y un nuevo gusto cultural que fue calando en las islas.

Los colectivos objeto de nuestro estudio son un fiel ejemplo de la impronta europea en Canarias como espacios formales de sociabilidad burguesa que emulaban a otros centros europeos como los ateneos; la presencia extranjera de sus socios o los contactos con el exterior (caso del Gabinete Literario, en el que su primer Presidente fue el comerciante inglés Robert Houghton; o los permanentes contactos de El Museo Canario con el exterior a través de la figura de los socios corresponsales o de las relaciones de sus miembros con centros e investigadores europeos, caso del Dr. Gregorio Chil y Naranjo y sus contactos con Francia); o la nueva estética que a través de ellos se implantaba (construcción de los primeros teatros y museos de la isla acorde con las líneas europeas, tal y como fue el caso del frustrado teatro de El Liceo; mejora de espacios públicos y en especial de plazas, parques y alamedas como el entorno de la plaza Cairasco, punto de encuentro y de recreación burgués; decoración interior y exterior de los centros de reunión acorde al gusto europeo y español, como los salones de la Sociedad Literaria donde se llegó a importar mobiliario y elementos decorativos como lámparas de París, etc.).

Plantea la fundación del Gabinete Literario y El Museo Canario “…como propuestas independientes pero con una visión de proyecto conjunto burgués..”. Del mismo modo, incide en el importante papel que desempeñó el Gabinete Literario en la fundación de El Museo Canario, pero a pesar de esa cercanía… ¿Cuáles son las diferencias existentes entre ambas asociaciones? ¿Pueden ser considerados centros asociativos complementarios?
Gabinete literario

Gabinete Literario (ca. 1985-1901) Es 35001 AMC-FFLO-000084

Una de las grandes novedades de este estudio radica, precisamente, en que es la primera investigación exhaustiva sobre la trayectoria de El Gabinete Literario y El Museo Canario (existen otros estudios sobre temáticas específicas) durante el siglo XIX, desde su nacimiento hasta los primeros años del XX, como centros generadores, propietarios y gestores de un patrimonio histórico-cultural; pero que, como trincheras de conocimiento y aunque funcionaban de forma independiente, respondían a un mismo proyecto liderado por la burguesía que pretendía consolidar su presencia en las islas y proyectar a éstas hacia el exterior, utilizando al ocio, a la cultura y a la ciencia como medio para ello. Un escaparate desde el que dejarse ver y ser visto.

Esa es la gran similitud entre ambas Sociedades, su función de herramientas de la clase burguesa; pero fueron precisamente sus grandes diferencias las que permitieron que su radio de acción fuera más amplio, variado y complementario. Y es por ello que, en esta investigación, ambos colectivos han sMari Carmen Naranjo cita 02jpgido estudiados de forma independientemente pero indicando permanentemente sus puntos de conexión. De los contrastes existente entre uno y otro Centro el más sobresaliente se encuentra en su objeto, porque si bien El Gabinete Literario tenía una función fundamentalmente recreativa y cultural, hasta el punto de llegar a conocerle comúnmente como “el Casino” (especialmente en los años finales del XIX), El Museo Canario sostenía en la cultura y en la ciencia su razón de ser.

Revista El Museo Canario

Revista El Museo Canario (1880)

La lectura inicial de las actas de Juntas Generales y Directivas de estos Centros nos permite identificar las diferencias. El Gabinete se marcó como objeto fundacional el fomento de la lectura a través de la adquisición de periódicos, revistas, obras escogidas con las que se iría formando una biblioteca, conciertos, bailes y los juegos permitidos (actividades que se ampliarían posteriormente a otras temáticas de índole más cultural -como las exposiciones-, las obras civiles y las acciones de beneficencia, entre otras). Mientras que El Museo se propuso como meta, desde su nacimiento, la constitución de un museo y biblioteca en la ciudad; la formación de un gabinete de lectura para la instrucción y recreo de los socios (que incluiría revistas científicas y literarias, nacionales y extranjeras); una publicación periódica que reflejase la cultura intelectual del Archipiélago; sesiones científico-literarias donde tuvieran lugar discursos, certámenes, lecturas, actos conmemorativos y conferencias, públicas o privadas, para la difusión de las ciencias, las letras y las artes; excursiones científicas en Gran Canaria y en el resto del Archipiélago; una correspondencia activa con otras Sociedades afines; y la publicación de obras inéditas canarias y la traducción e impresión de aquellas que fueran de interés científico o histórico para Canarias.

Unos principios fundacionales que marcaron toda la fisonomía y trayectoria de estas Sociedades en cuestiones como por ejemplo su plan de actuación. Frente a la visión más local-nacional de El Gabinete (aunque también hemos podido detectar a través de ella algunos casos de contacto con Europa y América), se posicionaba la mirada hacia el exterior de El Museo que, aunque también actuaba de forma insular, se marcó la internacionalización como un objetivo y como una vía de posicionamiento del Archipiélago en el mundo. O también en lo relativo a los socios, donde frente a la variedad profesional, intelectual y aficiones de los miembros de El Gabinete, los continuos intentos de El Museo por seleccionar a sus asociados hasta el punto de solicitarles que se interesaran de forma manifiesta por las ciencias, las letras y las artes o los intentos frustrados de delimitar el número de componentes que debía contener el colectivo.

¿Qué papel desempeñó El Museo Canario como espacio de sociabilidad –tal como usted los denomina– en el último cuarto del siglo XIX en Las Palmas de Gran Canaria?

Sin lugar a dudas la gran aportación de la Sociedad El Museo Canario para la ciudad radicó en dos campos. En primer lugar, el incremento que supuso su nacimiento en el número de espacios culturales de la urbe en los que reunirse de forma permanente (distinguiéndose de otras formas de sociabilidad informal como las tertulias o los cafés) para discutir sobre ciencia, literatura y arte, como una expresión más de los nuevos tiempos que acontecían y que se diferenciaban de los encuentros propios de la Edad Moderna, más esporádicos e informales. Y en segundo lugar, la otra gran aportación fue dotar a la ciudad de un centro museístico y de una biblioteca en sintonía con lo que acontecía en otras ciudades españolas o europeas.

Además de estas dos grandes aportaciones, podemos identificar numerosas contribuciones de El Museo Canario para la evolución de Las Palmas de Gran Canaria, que sería arduo citar en esta entrevista pero de las que pueden servir como muestra: la colaboración con otros centros locales como la Sociedad Económica de Amigos del País o El Ateneo para llevar a cabo en la ciudad proyectos e iniciativas que otorgaran una imagen urbana más moderna y que la hicieran partícipe de los grandes eventos que tenían lugar en la Península o en el mundo (caso de la propuesta de construcción de un acuario; de la participación de El Museo en el desarrollo de Exposiciones Provinciales o Insulares que tuvieron lugar en Las Palmas de Gran Canaria; o en actos de alto contenido político nacional e internacional como la conmemoración del II Centenario de la muerte de Calderón de la Barca o del IV Centenario del descubrimiento de América). Así como sus Mari Carmen Naranjo cita 01permanentes contactos y colaboraciones con centros de similar índole, en el plano nacional e internacional (Francia, Italia, Argentina, Cuba), posicionando a Las Palmas de Gran Canaria en el mapa científico y cultural y llevando su nombre más allá de las aguas insulares.

En definitiva, estudiar la historia de Sociedades como El Museo Canario, El Gabinete Literario, El Ateneo o El Liceo es conocer la historia de la ciudad porque estos colectivos nacieron al calor del interés por transformar la realidad y caminar hacia el progreso, y el plano urbano fue el escenario perfecto para acometer ese cambio.

Incorpora en su trabajo aspectos hasta ahora escasamente tratados en los estudios realizados sobre estas dos Sociedades: su vertiente como gestoras del patrimonio y su interés por la transferencia social del conocimiento ¿Qué puede decirnos en relación a estos dos aspectos? ¿Eran estas Sociedades algo más que meros lugares de reunión de la burguesía?

Aunque la gestión del patrimonio y el propio término “patrimonio” es un concepto nuevo, su construcción no es un invento del siglo XXI y la gestión patrimonial ha ido variando con el tiempo. En el caso de las Sociedades objeto de nuestro estudio, en la medida en la que entre sus objetivos se marcaron contenidos recreativos, culturales y científicos desarrollaron acciones en este sentido que, en la mayor parte de las ocasiones, tenían la finalidad de construir una cultura propia que sirviera de referente y que bebiera de las fuentes del pasado.

Ejemplos de ello encontramos en El Gabinete Literario y su interés porque la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria contara con un centro educativo como el Colegio de San Agustín; la creación de una galería de retratos en los salones de la Sociedad que nos habla de la construcción de una línea historicista y de una imagen propia de la burguesía en identificación con personajes del mundo de la cultura (Benito Pérez Galdós, Viera y Clavijo,…); la edificación, reforma y desarrollo de centros, espacios y proyectos en el ámbito público como las Casas Consistoriales, la Alameda o las primeras proyecciones de cine; o la creación de sus primeros inventarios de bienes documentales o mobiliario; entre otros.

El Museo Canario 1879

Primer reglamento de El Museo Canario (1879)

En el caso de El Museo Canario se da una situación similar, pero al tratarse de un centro fundamentalmente científico y cultural es más fácil detectar iniciativas en línea directa con  lo que hoy podríamos entender como gestión patrimonial. De esta forma, la constitución del museo y la biblioteca son dos ejemplos claros del trabajo desarrollado en lo relativo al pasado, así como la ampliación de sus salas y el progresivo incremento de sus fondos; una acción que se complementó con otras tareas por parte de El Museo como el desarrollo de exploraciones y rebuscas y la elaboración de un reglamento propio que definía el modo en que debían llevarse a cabo; la aplicación de la fotografía como método histórico; los intercambios de material arqueológico y de historia natural con diferentes centros; la edición de una revista propia de divulgación científica; etc.

Una variedad de acciones que, tanto en el caso de El Gabinete como en El Museo, tuvieron una proyección social que trascendió al entorno de sus correspondientes sedes y a las reuniones que en ellas tenían lugar, pero sin perder la perspectiva de una burguesía que quería identificarse como clase y cuyo objeto era, a través de ambos colectivos, construir una nueva mirada de sí misma y de la isla y posicionarla en el panorama nacional e internacional.

Por otro lado, presenta un gran interés su aproximación al papel desempeñado por la mujer en estas iniciativas asociativas ¿Estuvo realmente la mujer en el siglo XIX vinculada a este tipo de actividades?
Gabinete literario 1844

Primer reglamento del Gabinete Literario (1844)

Una de las cuestiones que me sorprendió sobremanera a lo largo de la investigación fue precisamente este tema. Efectivamente, y al contrario de lo que podríamos pensar, la mujer de las clases sociales medio-altas estuvo presente en la actividad de ambos colectivos aunque, de manera más contundente, activa y de forma temprana en El Gabinete Literario, en un contexto en el que otros centros de similar índole, tanto del ámbito regional como nacional, no permitieron su acceso hasta bien avanzada la centuria o a comienzos de la siguiente. No obstante, y a pesar de esta afirmación, no podemos dejar de reseñar que tanto El Gabinete como El Museo eran centros eminentemente masculinos.

En el caso de El Gabinete, las mujeres próximas al entorno de sus socios no solo participaban de sus fiestas y bailes de entrada pública, sino que también son de destacar las acciones del colectivo literario en pro de la integración de la mujer en el ámbito cultural, educativo y social del momento. Sirvan por caso, entre otros, los desvelos por abrir nuevos centros de enseñanza y ampliar la posibilidad de formar a las mujeres de las elites sociales; o el hecho de que desde 1848 El Gabinete reconociera entre sus socios de mérito a María del Pilar de Lugo y Eduardo (incluyéndola en la sección de Ciencias, Literatura y Bellas Artes) y que, en 1850, dejara constancia escrita en su reglamento de que las mujeres podían ser socias de mérito o colaboradoras de la Sociedad; así como la participación de la mujer en las exposiciones impulsadas por el Centro, no como meras espectadoras sino también como expositoras.

Socios 1850

Presencia de la mujer en el Reglamento del Gabinete Literario (1850)

En el caso de El Museo la presencia de la mujer en el colectivo no solo fue menor sino también muy selectiva, hasta el punto de nombrar como socia honoraria a la esposa del Dr. Verneau, Justina Rondot de Verneau; o siendo de resaltar la escasa participación de la mujer en los primeros años de la revista de la Sociedad, ciñéndose a la inclusión de algunas poesías de autoría femenina.

Uno de los aspectos que destaca en este trabajo de investigación es el enorme volumen de documentación consultada. En este sentido, ha visitado diferentes archivos y centros de documentación pero, ¿está bien representado el siglo XIX en los archivos canarios? ¿Son los archivos de Gran Canaria accesibles para los investigadores?

A mi juicio, los archivos canarios poseen fondos suficientes para ampliar y desarrollar numerosas y variadas líneas de investigación que tomen como marco temporal el siglo XIX; amén de la factible accesibilidad a los archivos públicos. Situación aparte es el caso de los archivos privados, cuyo acceso depende de las condiciones establecidas por el propietario/a.

Desde mi experiencia y en el caso de los centros y fuentes consultadas para la elaboración de esta tesis no he encontrado inconveniente alguno para acceder a la información sino que, por el contrario, tanto El Gabinete como El Museo, así como otros archivos consultados como el Histórico de la Diócesis de Canarias, han puesto a mi total disposición la consulta de la documentación; facilitándome con creces, tanto sus Directivas como el personal que en ellos trabaja, la labor investigadora e incluso aportando en ocasiones sus conocimientos sobre la materia.

Entre la documentación con la que ha trabajado sobresalen dos tipologías documentales, la carta y las actas de las juntas de las Sociedades estudiadas, pero, ¿qué ha tenido más peso en su investigación la información contenida en documentos privados o la de carácter institucional y/o publico? En este sentido ¿considera importante la preservación y difusión de los archivos personales y privados como medio a partir del que reconstruir la historia?
Actas Museo Canario

Libro de actas. Junta directiva de El Museo Canario  (1879-1893)

La ruta de trabajo ha estado marcada, y por lo tanto es la que mayor peso ha tenido, por las actas de las juntas de las Sociedades porque, a través de ellas, pude obtener una visión general de la trayectoria de estos colectivos e identificar aquellos temas sobre los que posteriormente ahondé. Pero no cabe duda que la consulta de otra documentación específica como las cartas, informes, reglamentos, proyectos, planos, y las fuentes hemerográficas, entre otros, fueron fundamentales para ampliar y contrastar temáticas concretas, de tal forma que esta completó y complementó la información contenida en las actas.

En este sentido, la consulta de los archivos personales y privados fue una fuente de primera mano para la ampliación de la información, no solo por tratarse de una documentación en gran medida inédita sino también porque a través de ellos es posible percibir los intereses y la cara más humana de quien los formó.

Para finalizar, a partir de su experiencia ¿cuál es su percepción sobre el estado de conservación del patrimonio documental canario?

Si nos ajustamos al tema de la conservación, distinguiendo entre archivos públicos y privados, y teniendo en cuenta que mi campo de estudio se ciñe a la Etapa Contemporánea y que no he trabajado periodos anteriores, me atrevo a afirmar que la conservación del patrimonio documental canario en los archivos públicos ha mejorado considerablemente en las últimas décadas, aunque el periodo de crisis de estos últimos años ha sido y es un gran enemigo al que hacer frente.

En términos de conservación y mantenimiento de fondos se ha desarrollado una importante tarea, en especial en los archivos históricos provinciales (microfilmación de fondos, convenios con otros centros, reproducción de documentos, mejoras en los laboratorios de restauración y en las consultas en sala y por correo, etc.); pero es de resaltar también que aún queda mucho trabajo por hacer y algunos de los retos a acometer son hacer una mayor inversión en conservación-restauración y sensibilización, no solo de los fondos de los archivos provinciales sino también de otras instituciones públicas como los Ayuntamientos; así como incrementar la digitalización de fondos a través de convenios interinstitucionales y ponerlos en uso vía on-line.

Mención aparte merecen los archivos privados, una pieza fundamental de la historia de las islas pero probablemente la gran desconocida, cuya consulta está supeditada a la voluntad y circunstancias de quien la custodia y cuyo estado de conservación se expone a condiciones negativas, como no existir un inventario o localizarse en condiciones de aclimatación que ponen en peligro su futuro. En este sentido, la realización de compilaciones de los fondos documentales privados, los convenios de depósito y la búsqueda de recursos o acuerdos público-privados para su mantenimiento y mejora podrían ser algunas de las medidas a acometer en la tarea de preservación de este patrimonio tan sensible como desconocido.

Muchas gracias por su participación en esta sección.

Muchas gracias a El Museo Canario por haberme hecho partícipe de esta iniciativa.


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La Gomera en el siglo XVIII a través de un manuscrito conservado en El Museo Canario

Los estudios históricos relacionados con la isla de La Gomera se han visto recientemente enriquecidos a través de la edición de un manuscrito en el que se describe cuál era la situación de la isla colombina en el siglo XVIII. A través del estudio de este texto, coeditado por Gloria y Victoria Díaz Padilla y publicado por el Cabildo de La Gomera, se dan a conocer aspectos relacionados con la historia insular del Setecientos, lo que supone una enorme aportación para el mejor conocimiento del pasado de la isla.

La Gomera en el siglo XVIII

Primer folio del documento “Descripción de la isla de la Gomera, manuscrito del siglo 18” (Colección documental Agustín Millares Torres, El Museo Canario)

Traemos a colación esta nueva publicación, no sólo por el valor que en sí misma presenta en el contexto de la historiografía canaria, sino porque el manuscrito editado es uno de los documentos canarios conservado en el archivo histórico de nuestra institución. Así, ocupando un lugar destacado en el contexto de la Colección documental Agustín Millares Torres se encuentra la subsección denominada Colección de documentos para la historia de Canarias, integrada por 21 volúmenes encuadernados. DSCN8914Cada uno de estos tomos está constituido por un número variable de copias manuscritas y documentos originales –en algunos casos impresos-, reunidos por el historiador Agustín Millares Torres en el siglo XIX y cuyo índice fue publicado en 1977 por Manuel Hernández Suárez, instrumento que ha facilitado desde entonces la consulta y localización de cada uno de los documentos.

Pues bien, integrando el volumen 5 de esta citada Colección hallamos el texto titulado “Descripción de la Isla de la Gomera, manuscrito del siglo 18”. A lo largo de los 36 folios de que consta el documento se nos presenta una descripción de diferentes “lugares” –tal como son denominados en el manuscrito- gomeros. Así, San Sebastián, Alajeró, Chipude, Hermigua, Agulo y Vallehermoso se convierten en los verdaderos protagonistas de un manuscrito que ahora ha visto la luz como publicación, edición que ha venido a llenar un vacío no sólo en la historia de La Gomera, sino, por extensión, también en la del archipiélago canario.


Si quieres saber más sobre la nueva publicación…
El libro ‘Descripción de la Isla de La Gomera, manuscrito del siglo XVIII’ (Gomeranoticias.com, 25 de enero de 2016)
El Cabildo presenta un libro fundamental para comprender la historia de La Gomera (Gomeraverde.com, 30 de enero de 2016)
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El arte en el archivo: manuscritos, artistas y letras capitulares

AMC Prebendados f 1r

Catálogo de prebendados (f. 1r, copia)
Archivo de El Museo Canario
© El Museo Canario

A lo largo de la historia los artistas han participado en la confección y acabado de los códices, manuscritos e impresos, constituyendo su aportación una oportunidad para enriquecer los textos con ilustraciones, ya sea pintando o dibujando escenas descriptivas relacionadas con lo contenido en la narración, o ya sea a través de las ricas y ornamentales letras capitulares. Será precisamente a estas últimas a las que dedicaremos las siguientes líneas, poniendo en relación a un artista grancanario –Rafael Monzón Grau-Bassas, Felo Monzón- con un manuscrito singular conservado en el archivo de El Museo Canario: la copia del Catálogo de prebendados de la Catedral de Canarias.

El manuscrito: el Libro de prebendados
Tal como nos informan Millares Carlo y Hernández Suárez en su Biobibliografía de escritores canarios (tomo III, pp. 43-45), el Catálogo de prebedados de la Santa Iglesia Catedral de Canarias fue redactado por Santiago Francisco Eduardo y Roo y Villarreal (1731-1808), racionero y contador mayor de dicha Catedral, y hermano del también racionero, Diego Nicolás Eduardo. El manuscrito original está fechado en 1797 y se conserva en el archivo catedralicio, contándose, además, en el mismo depósito documental, con una copia histórica generada en la misma época que el texto primigenio.

El origen del volumen quedó expresado por el propio autor al inicio del manuscrito. Así, los ratos de ocio que le proporcionaba su ocupación, sumado al mal estado de conservación en que se encontraban los libros que contenían la información sobre los prebendados, animaron al contador a dar forma a un catálogo en el que se recogieran los datos de cada una de las dignidades, canónigos y racioneros de la Diócesis Canariense desde el siglo XVI hasta finales del XVIII.

AMC Prebendados f 2r

Catálogo de prebendados (f. 2r, copia)
Archivo de El Museo Canario
© El Museo Canario

La copia conservada en El Museo Canario
La iniciativa para la realización de la copia partió de Simón Benítez Padilla a principios de la década de 1930. De este modo, el 3 febrero de 1933 Benítez Padilla, por aquel entonces bibliotecario de El Museo Canario, presentó ante la Junta Directiva de la institución el nuevo e interesante documento (Libro 5 de actas de la Junta Directiva, f. 10). La copia había sido encargada a Néstor Álamo, oficial primero de la biblioteca del Museo, quien recibió 250 pesetas a la finalización del trabajo, tal como queda reflejado en uno de los libramientos que obran en el Archivo general de la institución museística (Libramiento nº 26, año 1933).

La copia resultante que hoy conservamos está integrada por 120 folios, intercalándose buen número de hojas “bis”, agregadas ante la necesidad de añadir dignidades posteriores a las contenidas en el libro original. De hecho, el manuscrito de Álamo parece haber crecido a medida que ha ido pasando el tiempo, contándose con asientos que corresponden a la década de 1950, muy posteriores a la elaboración de la copia propiamente dicha y, asimismo, mucho más distantes en el tiempo con respecto al texto original. La existencia de diferentes grafías, así como las huellas de diversos instrumentos para escribir (pluma, bolígrafo, lápiz), ponen de manifiesto que el tomo con el que hoy contamos en El Museo Canario es el resultado de la colaboración de diferentes amanuenses que se han encargado de “actualizar” aquella primera copia a través del tiempo.

AMC Prebendados S Felo Monzón

“S” capitular
Rafael Monzón Grau-Bassas
© El Museo Canario

Las letras capitulares: los alfabetos de Felo Monzón
Pero, además del valor que por sí misma ofrece la copia presentada en 1933, el manuscrito tiene el valor añadido de contar con dos letras capitulares trazadas por Rafael Monzón Grau-Bassas, Felo Monzón (1910-1989), pintor grancanario muy vinculado a El Museo Canario, en cuya sala de exposiciones temporales daría a conocer buena parte de su interesante y vanguardista obra pictórica en las décadas de 1940 y 1950.

Las letras capitulares -cuya denominación proviene etimológicamente del término latino caput/capitis (cabeza, comienzo o capítulo)-, son aquellas que, presentando unas dimensiones superiores a las del resto de los signos y caracteres que las acompañan, figuran al principio de un texto, párrafo o capítulo. De este modo, esas letras de mayor tamaño que las restantes, y a menudo ornamentadas con figuraciones narrativas, llamaban la atención del lector, sirviendo de reclamo para que éste reconociera con rapidez donde se encontraba el principio de cada capítulo.

AMC Prebendados C Felo Monzón

“C” capitular
Rafael Monzón Grau-Bassas
© El Museo Canario

Pues bien, Felo Monzón –autor de alfabetos completos como el publicado en el catálogo de la exposición retrospectiva celebrada en el CAAM en 1999– trazó dos letras capitulares específicamente pensadas para la copia realizada en 1933 del Catálogo de prebendados: la “S” de “Señor” (f. 1) con que da comienzo el texto en alusión al Obispo de la Diócesis, y la “C” de “Catálogo” (f. 2), vocablo representativo de la relación ordenada de dignidades eclesiásticas que contiene. Se trata, como puede apreciarse por las ilustraciones adjuntas, de dos letras en las que sobresale el carácter figurado de los elementos que las acompañan. Así, las palmeras, piteras y viviendas de arquitectura tradicional canaria que ilustran la “S”, dan paso a un paisaje montañoso animado por las hojas en forma de roseta de un aeonium, endemismo vegetal insular. No resulta extraño el empleo de este repertorio formal, puesto que no hay que olvidar que Felo Monzón se había formado en la Escuela Luján Pérez, fundada en 1918 por Domingo Doreste “Fray Lesco”, proyectándose los ideales propios de este centro docente-artístico no sólo en sus obras de caballete sino también en cualquier tipo de representación pictórica. De este modo, en el interior de un manuscrito, el artista hace un guiño a la esencia de la Luján Pérez: la fusión de los elementos estéticos propios de la vanguardia –colores planos, formas esquemáticas, desestructuración del espacio-, con unos temas, paisajes, vegetación y elementos decorativos proporcionados por el entorno canario inmediato.

En definitiva, un manuscrito –el Catálogo de prebendados-, un copista –Néstor Álamo-, una institución –El Museo Canario- y un artista –Felo Monzón: he aquí las cuatro claves para entender el origen de un documento ilustrado singular que ha servido como fuente para los investigadores que, desde 1933, buscan información en el Centro de documentación de El Museo Canario.


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