Papeles galdosianos. Benito Pérez Galdós en El Museo Canario

Benito Pérez Galdós
Victorio Macho (1914)

El 4 de enero de 1920 fallecía en Madrid Benito Pérez Galdós. Por lo tanto, 2020 será un año marcado por la conmemoración del centenario de la muerte del insigne literato. El escritor –nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1943–  es recordado por ser el autor de obras tan trascendentales para la historia de la literatura como Doña Perfecta (1876), Fortunata y Jacinta (1887), Tristana (1892) o Misericordia (1897), además de por ser autor de una veintena de obras de teatro y por haber publicado, entre 1873 y 1912, las no menos célebres 46 novelas que dan forma a los Episodios Nacionales.

El Museo Canario homenajea a este grancanario universal organizando el 23 de enero un recorrido documental con la finalidad de subrayar el indiscutible valor que posee su obra literaria, analizar su presencia documental en El Museo Canario, y poner en valor la documentación archivística, bibliográfica, hemerográfica y fotográfica, así como el material artístico, custodiados en la insitución relacionados con don Benito.

Manuscritos, publicaciones periódicas y material gráfico y artístico (fotografías, esculturas, pinturas y dibujos) generado o relacionado con el novelista, así como múltiples ejemplares de sus cuantiosas ediciones, han ido ingresando en El Museo Canario a través del tiempo, dando forma a una rica colección de documentos mediante la que pueden ser estudiadas y difundidas sus trayectorias personal y profesional. Sus años escolares en el Colegio de San Agustín –cuyo fondo documental también conservamos en El Museo Canario–, sus incipientes muestras de interés por la escritura –representada por interesantes manuscritos juveniles y artículos publicados en la prensa local–, su relación con su tierra natal –ejemplificada por el último viaje que emprendió a Canarias en 1894– y su magnífica aportación literaria en forma de novelas, dramas  y comedias, aunque sin olvidar su inclinación hacia las artes plásticas –interés este último especialmente identificado con el dibujo caricaturesco–, se convertirán en las líneas maestras a través de las que discurrirá nuestro itinerario documental.

La biblioteca de El Museo Canario reúne la práctica totalidad de las obras escritas por don Benito. A las ediciones príncipe de la mayoría de sus títulos, hay que sumar gran cantidad de reediciones realizadas no sólo en español sino también en francés, inglés, italiano, alemán o sueco. Estas traducciones, sin duda, no son más que un indicio del carácter universal que definió a nuestro escritor desde una fecha muy temprana.

Así, de una manera paulatina, a partir de numerosas adquisiciones y donaciones, se ha ido dando forma en El Museo Canario a una completa biblioteca galdosiana mediante la que puede ser rastreada la contribución de Galdós a la narrativa universal.

Por otro lado, en nuestra Sociedad Científica se conserva, formando parte de su archivo, un significativo segmento del epistolario de Pérez Galdós. Las 231 cartas autógrafas remitidas por don Benito a su editor, Miguel Honorio de la Cámara, “Don Prisco”, , constituyen el eje central de la colección archivística conservada en nuestra institución, puesto que, no en vano, suponen el 90 % del total de los documentos que la integran.

Las epístolas son portadoras de gran cantidad de información relacionada con el progreso y evolución de la escritura, corrección y edición de cada una de sus novelas. Asimismo, está en ellas presente el reflejo documental de los numerosos triunfos que celebró en el teatro, si bien, por otro lado, también tienen cabida cada uno de los fracasos que padeció sobre las tablas en su faceta como dramaturgo.

Álbum “Las Canarias” (ca. 1863)
Benito Pérez Galdós

Finalmente, Galdós puede ser considerado, tal como afirma Stephen Miller, un verdadero “narrador visual”. El dibujo y la pintura despertaron el interés del novelista desde fechas muy tempranas. Ya durante sus años escolares, los profesores del Colegio de San Agustín advirtieron una constante inclinación hacia las artes plásticas, afición que sería cultivada a lo largo de toda su vida, como lo demuestran los cinco álbumes de caricaturas que dibujó. De ellos, el titulado Las Canarias se conserva en El Museo Canario.

En definitiva, a través de seis capítulos documentales (Infancia y años escolares, Primeros escritos, Galdós y Canarias, Novela, Teatro y Dibujo), conoceremos un poco mejor el perfil personal y, ante todo, la trayectoria literaria descrita por Benito Pérez Galdós utilizando siempre los documentos conservados en El Museo Canario como hilo conductor básico. Si quieres conocer a Galdós a través de sus papeles no dudes en inscribirte en esta visita.

Ex libris diseñado por Arturo Mélida empleado en las obras de Galdós entre 1881 y 1897.


 

Si quieres conocer algo más sobre la documetnación conservada en El Museo Canario sobre Benito Pérez Galdós, puedes acceder al documento del mes de enero de 2020, también dedicado al escritor (Planificación de la primera edición ilustrada de los Episodios Nacionales. Documento autógrafo por Benito Pérez Galdós)


 

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Navidad en el archivo… Navidad de papel

Aguinaldo de un repartidor de “Regeneración palmera”, 1926
(ES 35001 AMC/AP 04463)

Durante estos días será recibida en los dispositivos móviles una gran cantidad de textos, serios unos, anecdóticos otros, y caricaturescos memes alusivos a las fechas navideñas. Hoy todo –o casi todo– ha pasado a convertirse en una experiencia digital. Pero… ¿qué ha quedado de aquellas felicitaciones de papel que recibíamos por correo ordinario? Prácticamente nada. Sí, al igual que sucede con la correspondencia privada tradicional en soporte papel, forman parte de un pasado que ya nos parece remoto.

Sin embargo, en otros tiempos la felicitación escrita sobre papel –impresa o manuscrita– fue una práctica no sólo muy extendida, sino casi obligada. De una manera especial recordaremos hoy cómo, desde finales del siglo XIX y hasta mediados del XX, los grupos de profesionales vinculados a la vida diaria de las urbes solían felicitar a los ciudadanos por medio de breves textos rimados, que, en ocasiones, iban acompañados de una estampa cuya iconografía aludía al oficio del portador. Aunque todo parece indicar que fueron los carteros los que iniciaron esta costumbre, lo cierto es que con rapidez fue asumida también por otros colectivos laborales de diversa naturaleza y ocupación.

Aguinaldo de un repartidor de “El país”, 1896 (ES 35001 AMC/AP 04463)

A los carteros se sumaron, entre otros, los serenos, los bomberos, los policías, los repartidores de periódicos, los cocheros, los ordenanzas, los barrenderos, los maquinistas, los vigilantes, los guardias minucipales o los camareros. Cada uno de ellos repartía, al finalizar el mes de diciembre, su felicitación navideña en forma de poéticos sueltos impresos de los que, afortunadamente, se conserva una amplia colección en el Archivo de El Museo Canario. Tomaremos hoy como ejemplo de ello los papeles impresos de este tipo reunidos por el erudito palmero Antonino Pestana Rodríguez, cuya colección documental custodiamos en nuestra Sociedad Científica y está vinculada de una manera estrecha, en cuanto a sus contenidos, con la isla de La Palma (ES 35001 AMC/AP). A través de estas cuartillas podemos comprobar que esta práctica de felicitar la Navidad y el Año Nuevo a través de pequeños poemas estuvo muy extendida en Santa Cruz de La Palma, y también en las ciudades del resto del archipiélago. A pesar de que pudiera parecer que estos originales documentos poseían sólo un carácter anecdótico, a  través de ellos podemos descubrir una de las formas de relación personal que tenía la población en las urbes de antaño.

Ahora bien, no creamos que eran éstas unas felicitaciones desinteresadas. Los versos perseguían un claro objetivo: el aguinaldo. Así, los esforzados trabajadores los intercambiaban por una gratificación económica por los servicios prestados a los ciudadanos durante el año que terminaba. De hecho, en algunos de estos papeles encontramos anotada la cantidad con la que se debió de recompensar al trabajor su actividad durante todo el año.

Aguinaldo de los guardias municipales, 1923 (ES 35001 AMC/AP 04464)

Aguinaldo de un trabajador, 1896
(ES 35001 AMC/AP 04463)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Navidad la revivimos todos los años, pero no todo queda fijado en nuestro recuerdo. Afortunadamente, para refrescarnos la memoria contamos con la documentación conservada en los archivos. Aunque éstas en su momento fueron simples cuartillas, con el paso del tiempo los “aguinaldos” conservados en El Museo Canario se han convertido en los mudos testigos de unas costumbres ya perdidas.


 

 

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¡Visita los archivos!: difundiendo el archivo entre los estudiantes

Durante las dos primeras semanas de diciembre hemos recibido en El Museo Canario a diferentes grupos de estudiantes interesados en conocer un poco mejor el archivo histórico de nuestra institución.

Visita de los alumnos del Conservatorio Superior de Música de Canarias

El día 5 de diciembre el archivo de música de El Museo Canario -depósito documental que recoge la banda sonora de Canarias entre los siglos XVII y XXI-, se convirtió en el protagonista absoluto.  Acompañando a los alumnos de “Recursos y técnicas de investigación musical” del Conservartorio Superior de Música de Canarias, recorrimos más de tres siglos de música presentando una selección de las más de 6000 partituras conservadas en el Archivo de música-Compositores canarios. Tras conocer el origen, crecimiento y configuración actual de esta importante agrupación de documentos, los compositores centraron toda nuestra atención. Diego Durón de Ortega, José Palomino, Benito Lentini, Agustín Millares Torres, Santiago Tejera Ossavarry, Bernardino Valle Chinestra, Juan Reyes Armas, José Batista Falcón, Juan Hidalgo y Juan José Falcón Sanabria, entre otros compositores, ilustraron con su música escrita el recorrido diseñado.

Pero no todos los músicos han sido hombres. También la mujer compositora ha formado -y forma- parte de la historia de la música en Canarias y por ello tenía que estar presente en esta visita. Además de mostrar partituras de Carmen Martinón, Emma Martínez de la Torre o Fermina Enríquez conservada en el archivo, contamos con la agradable sorpresa de contar con la compañía de Laura Vega Santana, compositora, profesora de composición y vicedirectora del Conservatorio Superior de Música de Canarias.

Además, no sólo estuvo presente la “música de papel”. Los sonidos escondidos en algunas de las partituras expuestas se pudieron escuchar a través de las grabaciones registradas en  la colección “La creación musical en Canarias”, editados en el seno del proyecto RALS (Repertorio Audiovisual de Lectura y Sonido), puesto que han sido numerosos los discos grabados a partir de piezas conservadas en este archivo musical que, de este modo, demuestra estar muy vivo.

No podemos acabar estar rápida crónica sin agradecer tanto a los futuros compositores y concertistas que nos visitaron como a Rubén Mayor, su profesor,  y a la compositora Laura Vega, el interés demostrado durante la visita, así como el respeto con el que reconocían el valor del material histórico expuesto y el trabajo que se realiza en los archivos.

Visita de alumnos dela Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Por otro lado, durante la semana que ahora teminamos el archivo de El Museo Canario ha sido visitado por alumnos de varias asignaturas del grado en Historia de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Acompañados por su profesora, Leonor Zozaya Montes, los estudiantes de “Archivísitica y Diplomática” (2º del grado en Historia), así como los de “Patrimonio cultural” (4º del grado en Historia), tuvieron la posibilidad de aproximarse a los contenidos archivísticos de nuestra institución. Así, los dias 10, 11 y 12 de diciembre los visitantes han conocido cómo y cuándo surgió el archivo de El Museo Canario, qué procesos técnicos se aplican sobre este material y qué tipos de fondos y colecciones conservamos. Tras conocer un poco mejor la sección de fondos y colecciones privados, el recorrido concluyó en la biblioteca antigua de la Sociedad Científica -construída a finales del siglo XIX en la que fuera vivienda privada del fundador de El Museo Canario, Gregorio Chil y Naranjo-, donde se dio a conocer la historia archivística del fondo documental generado por la Inquisición de Canarias y se les mostró una selección del material generado por esta institución durante los más de tres siglos de su actuación en Canarias.

En esta ocasión, no podemos pasar por alto el contagioso entusiasmo demostrado por la profesora Leonor Zozaya durante las tres sesiones a las que acudió acompañando a sus alumnos, unos estudiantes a los que agradecemos su atención a lo largo de todo el recorrido. Los esperamos pronto en nuestro archivo, siempre accesible y abierto a la investigación.


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¡Visita los archivos! Los sonidos del archivo musical de El Museo Canario

El miércoles, 4 de diciembre, a las 18:30 h., tenemos una cita en el archivo. Continuando con el programa de difusión de sus contenidos archivísticos, El Museo Canario acogerá una nueva visita guiada. En esta ocasión, los documentos musicales serán los protagonistas, mostrándose a los visitantes  la importancia que presenta el Archivo de Música – Compositores Canarios custodiado en la insitución, agrupación documental integrada por partituras y otros documentos musicales generados entre los siglos XVII y XXI.

Si quieres ver el resto de los documentos y conocer un poco mejor el archivo de música, no dudes en inscribirte en la visita.

A través de las partituras conservadas realizaremos un recorrido documental y sonoro mediante el que conoceremos un poco mejor la génesis de esta colección, haciéndose especial hincapié en el papel que desempeña El Museo Canario en la tarea de conservación de este tipo de documentos.

¿Qué compositor es el autor del mayor volumen de piezas conservadas? ¿Cuál es la partitura más antigua conservada?  ¿Cuál fue el primer documento con música escrita que ingresó en el archivo?  ¿Cuántas mujeres figuran entre los músicos representados? ¿Puedo donar partituras a El Museo Canario? Si quieres obtener las respuestas a estas y a otras preguntas no dudes en inscribirte y acompañarnos en este recorrido músico-documental

Además, ¿quieres saber cómo “suenan” todas estas partituras? Pues no dudes en acompañarnos, porque la visita se acompañará, en momentos determinados y partiendo de las grabaciones que forman parte de la colección RALS, con la audición de obras musicales cuyos manuscritos se conservan entre nuestras colecciones. Porque, el archivo está vivo, ya que lo escrito no se queda sólo en papel… ¡se transforma en sonido!

¿Un archivo musical en El Museo Canario?

Villancico. Diego Durón de Ortega (1653-1731)

La música siempre ha estado presente en El Museo Canario. Desde su fundación, los acordes musicales acompañaron las conmemoraciones de las efemérides más destacadas en la historia de la institución. Este gusto musical –que tuvo su muestra más evidente en la organización de conciertos–, sumado al objetivo perseguido por la propia Sociedad Científica de reunir todo tipo de documentación generada por autores canarios o relacionados con el archipiélago, pueden ser considerados los dos motivos centrales que participaron en la génesis del archivo musical. A medida que fue pasando el tiempo la colección ha ido creciendo de manera preferente gracias a las donaciones efectuadas por los compositores y sus herederos, con lo que se han llegado a reunir más de 6000 partituras.


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Cosiendo papeles: la encuadernación de los libros inquisitoriales

Archivo de la Inquisición. Libro 40 de penitenciados. Siglo XVII.
ES 35001 AMC/INQ-156.001

A pesar de que en la actualidad la mayor parte de los documentos y procesos que conforman el Archivo de la Inquisición de Canarias se conservan sueltos, de una manera individualizada, lo cierto es que en su origen eran custodiados en la cámara del secreto inquisitorial en forma de libros, volúmenes que en ocasiones llegaban a estar integrados por más de un millar de folios.

La encuadernación de los procesos, las cartas, las testificaciones, las visitas de navíos, y, en general, de la mayoría de los documentos que daban forma a cualquier serie documental generada por el Santo Oficio en el desarrollo de sus funciones, fue el mejor procedimiento que concibieron los responsables de la institución para que todos los papeles se hallaran organizados y, por lo tanto, también controlados. No hay que olvidar que el buen funcionamiento de cualquier organismo depende, en gran medida, de lo organizado y ordenado que se encuentre su archivo. Sobre este particular no tenían duda alguna los inquisidores hispanos. Así, en un depósito en el que se reunían varios miles de documentos –y en una época en la que no se contaba con los sofisticados y rápidos sistemas de búsqueda de que disponemos en la actualidad–, confeccionar libros diferentes para cada una de las series, y dotarlos de su correspondiente índice, suponía la mejor solución para localizar fácilmente cada uno de los documentos.

Pero encuadernar los documentos era también una obligación. De este modo, en las instrucciones dictadas en 1570 por el inquisidor general Diego de Espinosa (1513-1572), referidas de manera específica a la composición del archivo secreto del tribunal, se establecían los diferentes tipos de libros que debían confeccionarse (libros de registro, libros de testificaciones, libros de votos, libros de cartas, libros de procesos, etc.). Además, en la instrucción 17 se hacía responsable al fiscal de “…tener bien puestos, cosidos y encuadernados todos los papeles y libros del secreto…”. Sin embargo, y teniendo en cuenta la estrecha relación que mantenía el secretario del secreto con todos los asuntos relacionados con el archivo, suponemos que también estos ministros  tendrían competencia directa en el cumplimiento de las tareas vinculadas con el mantenimiento de su adecuada organización. No hay que olvidar que, si bien la encuadernación en sí misma era una tarea manual que precisaba, no obstante, una evidente pericia técnica, requería una previa clasificación y ordenación documental, trabajos que serían llevados a cabo por el secretario y sus ayudantes. Por otro lado, teniendo en cuenta que todos los documentos inquisitoriales eran secretos –de ahí la denominación del archivo como “cámara del secreto”– y su contenido no podía ser revelado bajo ningún concepto, la actividad encuadernadora debía ser llevada a cabo por personal de confianza del tribunal y siempre en el interior de la secreta cámara del archivo.

Archivo de la Inquisición. Libros de cartas. Siglo XVIII.
ES 35001 AMC/GCh-1821/1823

Contamos en el archivo de la Inquisición con unidades documentales en forma de libro que han mantenido su estructura original. En algunos casos conservan la encuadernación completa y en otras ocasiones han perdido sus cubiertas aunque manteniendo sus costuras y composición originales. Entre el primer grupo –aquellos ejemplares que han permanecido íntegros– sobresalen dos libros de cartas generados en el siglo XVIII. Las misivas fueron ordenadas cronológicamente, cosiéndose entre sí a continuación. Posteriormente se incorporaban las tapas, que eran unidas al cuerpo del libro mediante cabezadas estructurales. Estas cubiertas eran de pergamino pero consolidadas en su interior con cartón, método habitualmente empleado en esta época para otorgar mayor rigidez al libro resultante.

Entre los tomos que han perdido sus cubiertas –lo que nos permite conocer mejor las técnicas y procedimientos de cosido y encuadernación al quedar visible el lomo del libro– conservamos en la actualidad varios ejemplares resultantes a raíz de la acumulación de causas de fe. Estas unidades documentales procesales eran generadas tomando como punto de referencia la sentencia dictada por los inquisidores. Surgían así los libros de penitenciados, de reconciliados, de relajados o quemados, de absueltos y de suspensos. Uno de los ejemplos más llamativos de este tipo lo constituye el fragmento del libro 40 de penitenciados con el que ilustramos esta entrada  (ES 35001 AMC/INQ-156.001).

Archivo de la Inquisición. Libro 40 de penitenciados. Siglo XVII. Cuadernos cosidos.
ES 35001 AMC/INQ-156.001

Fue generado en el siglo XVII e incluye cuatro procesos conocidos contra otras tantas mujeres acusadas de hechicería. Los 833 folios que lo integran están distribuidos en cuatro cuadernos, correspondiendo éstos a cada uno de los cuatro procesos que lo componen. Estos cuadernos son el resultado de la acumulación de otros pequeños cuadernillos que eran cosidos entre sí, tal como evidencian los hilillos que figuran en el lomo. Posteriormente, estas cuatro piezas fueron unidas unas a otras mediante tres nervios, perceptibles en el lomo, cosidos con costuras de espiga. Con la finalidad de reforzar y conceder mayor estabilidad al cuerpo del libro, fueron incorporadas, además, tiras de cuero planas sin dar forma a nervaciones, cosidas en los extremos del lomo.

Archivo de la Inquisición. Libro 40 de penitenciados. Siglo XVII.
Lomo con nervios y costuras en espiga.
ES 35001 AMC/INQ-156.001

La encuadernación de los documentos siguiendo estas pautas debió de ser una solución adoptada de manera habitual en el contexto inquisitorial. A través de estos libros, que conservamos en El Museo Canario prácticamente como debían de estar en su origen, la documentación generada por el Santo Oficio adquiere un valor añadido, proporcionándonos otro tipo de información a la que estamos acostumbrados. Más allá de la información textual que contiene, el  libro como objeto en sí mismo nos ofrece datos relativos a una manera de organizar físicamente los documentos, revelándose también como una fuente para el mejor conocimiento de unos métodos de trabajo y una profesión –la de encuadernador– que están muy poco estudiados en nuestro archipiélago.


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¡Visita los archivos! La plástica en el archivo: la memoria escrita del artista

Ayer, 10 de octubre, el arte y los artistas se adueñaron del archivo de El Museo Canario. Bajo el título “La plástica en el archivo: la memoria escrita del artista” fue celebrada  una visita con la finalidad de difundir y poner en valor los fondos y colecciones privados de naturaleza artística que se conservan en nuestra institución. De este modo, los archivos personales de Domingo Doreste, “fray Lesco”, fundador de la Escuela Luján Pérez, y del pintor Juan Isamel, así como el fondo documental de la Galería Wiot, se convirtieron en el centro de nuestra atención.

Fondo documental Galería Wiot: Está integrado por la documentación generada por la galería desde 1949, año de su fundación, hasta 1974, fecha en la que se procedió a su clausura definitiva. Entre los documentos conservados sobresalen los Expedientes de celebración de exposiciones, serie documental integrada por más de un centenar de unidades documentales a través de la que puede ser rastreada la actividad sostenida por la primera galería de arte privada establecida en Las Palmas de Gran Canaria. El fondo documental fue donado  en 1996 por Enrique Wiot Peñate, propietario del establecimiento artístico.

 Colección documental Juan Ismael: Fue donada a El Museo Canario en 1983 por Nieves Gas, viuda del pintor. De los 708 documentos que la integran, subrayamos la importancia que presenta su epistolario conformado por 410 cartas. A través de estas misivas podemos descubrir, además de aspectos de carácter personal, las inquietudes artísticas y los objetivos plásticos perseguidos por el pintor Juan Ismael (1907-1981).

Colección documental Domingo Doreste “fray Lesco”: Depositada en nuestra institución en 2009 por don Manuel Doreste Suárez, está integrada por un conjunto de documentos de gran interés para la historia del arte en Gran Canaria, en tanto en cuanto su titular fue fundador de la Escuela Luján Pérez. Es precisamente este centro artístico el que supone el núcleo de la colección documental  (copias fotográficas, catálogos, libros de contabilidad, conferencias, etc.). Completa este archivo un nutrido conjunto de documentos personales (agendas, cartas, dosieres de prensa, etc.) indispensables para conocer mejor la aportación de Domingo Doreste (1868-1940) al arte canario.

Agradecemos a todos su presencia y participación en esta visita. Siempre es reconfortante (re)descubrir que, a tenor de la buena acogida de esta iniciativa, existe gran interés por el patrimonio documental.


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Digitalizando, conservando y difundiendo el patrimonio documental

La renovación del convenio de colaboración establecido entre El Museo Canario y la Fundación Mapfre Guanarteme ha favorecido que, entre diciembre de 2018 y septiembre de 2019, se haya desarrollado un nuevo proyecto de conversión digital de material archivístico inserto en el programa planificado por la institución museística.

En esta ocasión, con la financiación de la Fundación Mapfre Guanarteme se ha acometido la digitalización del manuscrito completo de los “Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las islas Canarias”, obra conservada en el archivo del museo formando parte de la Colección documental Gregorio Chil y Naranjo (ES 35001 AMC/GCh 001-011). Esta nueva versión digital, en la que ha trabajado José Iván Rodríguez Macario bajo la dirección del personal técnico de El Museo Canario, se suma a la transcripción que del mismo documento fue realizada en 2001 por Amara Mª Florido Castro e Isabel Saavedra Robaina. Ambas versiones –la transcripción, disponible en nuestra página web, y la copia digital– tienen como objetivo facilitar la accesibilidad a los investigadores y garantizar una adecuada conservación del documento original.

EL MANUSCRITO: La obra objeto de tratamiento digital fue redactada a partir de 1859 por Gregorio Chil y Naranjo (1831-1901).

Gregorio Chil y Naranjo en su biblioteca
(ES 35001 AMC/FFLO 00327)

El que fuera fundador y primer director de El Museo Canario ideó un ambicioso proyecto historiográfico en el que no sólo tenía cabida la historia del archipiélago propiamente dicha, sino que también fueron incluidos aspectos relacionados con la geografía y la medicina canarias.

La obra, integrada por 3 407 hojas distribuidas en once tomos, tiene el papel como único elemento sustentante. La mayor parte de las páginas –con unas dimensiones de 216 x 310 mm– presentan unas medidas muy cercanas a las del folio tradicional (215 × 315 mm). No obstante, formando parte de este documento también podemos encontrar soportes de diversas proporciones, que van desde la cuartilla hasta otros tamaños más irregulares, surgidos, en ocasiones, a partir de la propia práctica de trabajo desarrollada por el autor. Así, hallamos hojas compuestas por la suma de dos folios adheridos uno a continuación del otro, así como pequeños y anómalos fragmentos de papel portadores de anotaciones manuscritas.

“Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las islas Canarias”, por Gregorio Chil y Naranjo (Vols. 1 y 2)
(ES 35001 AMC/GCh 0001-0002)

En este corpus documental la base manuscrita se combina con la documentación impresa. No obstante, la protagonista indiscutible es la tinta de escritura. Se trata de una tinta que cuenta con una tonalidad general parduzca. Sin embargo, el paso del tiempo ha incidido sobre ella, observándose variaciones en su intensidad a lo largo de la obra. No hay que olvidar que este tipo de elemento sustentado –la tinta– es muy sensible a la luz, agente que altera la viveza de su color original. Con la finalidad de minimizar la acción de estos nocivos agentes externos, así como con el objeto de reducir la manipulación de los originales, es necesario poner en marcha actuaciones que, como la digitalización, favorezcan la preservación de las piezas documentales sin reducir sus posibilidades de acceso.  

En los “Estudios históricos” se combinan diferentes tipos de formatos , así como el texto impreso y el manuscrito.

LA CONVERSIÓN DIGITAL: El buen estado de conservación del soporte, así como el hecho de que el manuscrito estuviera integrado por hojas sueltas –aspectos ambos que permiten una manipulación con las máximas garantías durante el proceso de escaneo– fueron las razones básicas para que se seleccionara un escáner de mesa como instrumento a través del que llevar a cabo la toma de las imágenes. Éstas han sido capturadas en color (profundidad de bits: 24) y con una resolución digital de 300 ppp., al ser ésta última la recomendada para este tipo de trabajos. Por otro lado, para la copia de conservación se ha empleado el formato TIFF (Tagged Image File Format), que proporciona imágenes comprimidas sin pérdida. A partir de esta copia maestra, se han creado, imagen por imagen, los duplicados de consulta en formato de compresión JPG. Finalmente, a partir de estos últimos se ha generado un ejemplar en PDF de cada uno de los once volúmenes que dan forma a la obra.

La importancia del manuscrito que nos ocupa en el contexto historiográfico insular; la estabilidad y el adecuado estado de conservación del soporte, lo que permite su manejo sin riesgos durante el proceso de conversión; y la necesidad de conservar la pieza original en el mejor estado posible disminuyendo su manipulación, han sido las razones fundamentales por las que, contando con la colaboración económica de la Fundación Mapfre Guanarteme, se ha estimado oportuno proceder a la digitalización de los “Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las islas Canarias”. Sin embargo, no sólo se trataba de una intervención oportuna, sino que el carácter prioritario de la misma radicaba en la aludida inestabilidad y degradación de las tintas de escritura utilizadas en su redacción. Este último aspecto hacía urgente la conversión digital del manuscrito antes de que se produjera una posible pérdida del ya pálido material tintóreo.


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